Todos contra la Verdad

jueves, 8 de mayo de 2008

Firmó la carta recién escrita con un beso enjugado en lágrimas. Dobló la hoja pulcramente y la dejó sobre el escritorio como si se tratase de fina porcelana. Seguidamente, con parsimonia pero sin vacilación, se dirigió a la ventana que tenía más próxima; la abrió y saltó al vacío perdiéndose para siempre en el abismo de la oscuridad.

DIABLO: Estupendo, otra alma atormentada a la que torturar.
DIOS: ¿Estás loco? Ese es un alma pura, me pertenece.
DIABLO: Pero se ha suicidado, ¿no? Tú eres el que pones las reglas, atente a las consecuencias.
DIOS: Si yo pongo las reglas, también me las puedo saltar. Se ha quitado la vida, sí, pero ha sido por amor.
DIABLO: Ha sido por amor, ha sido por amor... ¡Idioteces! Un suicida es un suicida, así que me lo llevo.
DIOS: Por encima de mi cadáver lo hundirás en tus tinieblas. Un ser capaz de amar así merece una eternidad en paz y libre de cargas. No dejaré que lo sometas a las penalidades con las que tanto disfrutas.
DIABLO: ¿Por qué? Qué diferencia a éste del resto.
DIOS: Ya te lo he dicho, un amante así no puede ser responsable de sus actos. El Amor incontrolable lo ha impulsado a saltar.
EL AMOR: ¡Ya está bien! Estoy harto de que se me responsabilice de tanta locura. Yo sólo proveo al mundo de esperanza y de buenos deseos, ¿a qué viene culparme de tantas desgracias?
REALIDAD: ¿Buenos deseos? ¿Desde cuándo un deseo es bueno?
DIABLO: Cuidado con hablar mal de los deseos; ellos son mis herramientas, mi arma más poderosa. Gracias a los deseos mi reino crece cada anochecer como la mala hierba en primavera.
DIOS: No dices más que necedades, cornudo harapiento. El deseo también impulsa al mundo a hacer el bien y, entre ellos, el Amor es el más justo y honesto de todos, así que un respeto.
ODIO: ¡Ja! Justo y honesto... Todo el mundo sabe que entre mi hermano el Amor y yo hay un solo paso. Yo sacio mi irrefrenable apetito con toneladas de amor todos los días que me hacen crecer, hacerme fuerte y extenderme por cuanto ha sido creado por ti.
APARIENCIA: ¿Pero de qué estás hablando? No entiendo nada. ¿Cómo se puede hablar así de algo tan bello y noble como el Amor? El Amor es todo inocencia; por donde él pasa, florece la amistad, la sencillez,...
REALIDAD: Será mejor que te calles ya; no estás diciendo más que estupideces. ¿Cómo puedes saber tú lo que es el Amor si nunca has dormido en su regazo?
APARIENCIA: ¿Cómo te atreves? Yo soy toda amor. Amo el sol cuando aparece por el horizonte, a las flores que esparcen su fragancia al viento, amo al cielo que nos cobija y a la tierra que nos protege. Yo amo a la vida.
LA VIDA: ¡Eh, eh! Vale ya, ahí te has pasado. No te conozco de nada para que te tomes esas libertades, ¿vale?
LA MUERTE: Saltó la lista, la que se cree mejor que nadie. No deberías de hablarle así a alguien que te habla de amor. Tu belleza te ha nublado la razón impidiéndote distinguir la maldad de la bondad.
LA VIDA: Cuidado con lo que dices, bellaca. Nadie te ha dado vela en este entierro.
REALIDAD: En eso te equivocas. Si alguien debe de estar presente en un entierro, esa es la Muerte.
LA FE: Estoy de acuerdo con la Vida, estaría mejor callada. Ella es la maldad personificada, arrasa con todo a su paso, no nos tiene ningún respeto a los demás.
LA MUERTE: ¡Calla, necia! ¿Qué sabrás tú? Yo sólo llevo calma y serenidad allá donde reina el caos y la anarquía; soy el descanso del guerrero y el lecho del amante.
DIOS: Que se lo digan a ese pobre al que se lo has arrebatado todo.
LA MUERTE: Te equivocas. Él vino a mí, buscando la paz que no pudo encontrar en brazos de la Vida. Mi bondad me impide rechazar una llamada de socorro.
ESPERANZA: Hipócrita deslenguada. Tú pones fin a todo; incluso acabas conmigo, que soy la última en abandonar.
DIABLO: ¿El fin o el principio?. No deberías pronunciar palabras tan precipitadas con el escaso conocimiento que posees sobre las grandes verdades.
DIOS: ¡Calla, insensato! No te atrevas a revelar los arcanos ocultos que nos confieren el poder.
REALIDAD: ¡Ja! Me río yo de vuestro poder.
DIOS: ¿Acaso te atreves a negar la enorme influencia que tenemos en los devenires de la historia? ¿Quién hay en el universo que nos aventaje en poder?
REALIDAD: No fanfarronees; sabéis de sobra que vuestro poder se sustenta en una falacia. Tan sólo sois un concepto en la mente de millones de personas.
DIOS: ¿Y bien? ¿Acaso eso importa? Sólo cuenta la influencia y el poder, la presencia es lo de menos.
IGNORANCIA: Callaos ya todos, por favor. Me estáis dando dolor de cabeza. Sois todos unos ignorantes, no tenéis ni idea de cómo funcionan las cosas.
APARIENCIA: Y supongo que tú nos lo vas a decir, ¿me equivoco?
IGNORANCIA: Sería inútil; no comprenderíais nada. La verdad, sin ningún lugar a dudas, es que esa pobre criatura inocente ha saltado al vacío porque era un gilipollas, un completo imbécil. Y no hay más que hablar. Una persona inteligente no se quita la vida ni por Amor ni por Odio ni por nada. Nadie le ha empujado, ni Dios ni el Diablo, con todo su poder, y ni la Esperanza ni la Fe han podido salvarlo de su estupidez. Él solito, en su ignorancia, ha forjado su insulso destino vacío de significado.
ODIO: Te equivocas. Yo he sido el que le induje a hacerlo, porque sólo yo soy capaz de llevar al hombre a cometer semejantes locuras. Mi poder sí que es inconmensurable. Nada se salva por donde yo piso; todos deberíais rendiros ante mí.
LA MUERTE: Nunca había oído tantas tonterías juntas. ¿Acaso piensas, obtuso incompetente, que ese hombre viviría para siempre de no ser por tu torpe intervención? Yo represento el destino de toda vida, nada escapa a mi poder. Da igual que ame o que odie o que tenga fe o esperanza. Al final todos vendrán a mí de una forma u otra, y yo los acogeré gustosamente sean creyentes o ateos, lerdos o brillantes, realistas o idealistas. Yo soy la única verdad.
EL AMOR: Pero olvidas algo muy importante; yo soy capaz de trascender tu amarga frontera. Un amante siempre dejará durante su vida un reguero de recuerdos que lo mantendrán vivo durante toda la eternidad. El que ha amado de verdad vivirá para siempre en los corazones de sus congéneres. Ese es un poder al que tú nunca podrás vencer.
EL TIEMPO: Perdón por la intromisión, pero me parece que ahora eres tú la que te olvidas de algo crucial. Esa memoria de la que hablas tiene poco de eterna, ya que lo eterno es sólo una invención humana, una ilusión, no existe nada eterno. Tienes razón en que el recuerdo sobrepasa la barrera de la Muerte, pero nunca podrá saltar el yugo que yo les impongo. Tarde o temprano, mi poder caerá sobre toda memoria resucitada, ya sea la de un amante o la de un verdugo. Todos ceden ante mí, y este es un poder que nada ni nadie podrá nunca transgredir.
DIOS: ¿Nunca, dices? O sea que ya hay algo eterno, ¿no? Es normal, la prepotencia siempre conduce a la contradicción. Pero no te preocupes, soy un dios benévolo y no tendré en cuenta tu insolencia.
LA VIDA: ¡Vale ya! Estoy harta de que me ignoréis. Todos sabéis que sin mí nada de lo que estáis hablando tendría sentido. Yo lo soy todo; soy lo más grande, el bien más preciado, el mayor don que existe bajo las estrellas. Soy la que le da sentido a todo, sin mi existencia ninguno de vosotros tendríais presencia.
REALIDAD: Habla por ti, engreída petulante. Algunas ya existíamos antes de tu innecesaria aparición.
LA MUERTE: Déjala. Sólo es una presumida. Bien sabe que sin mí se convertiría en el peor de los males surgidos en este universo.
EL MIEDO: ¡Me niego a quedarme callado tras escuchar semejante falacia! Tú sí que eres la peste de este universo, ¿cómo te atreves a hablar así?
LA MUERTE: Sin duda que estabas mejor callado. Piénsalo bien, necio; ¿qué ocurre cuándo el inevitable arrabal de senectud torna en gravezas cada uno de los supuestos bienes que la Vida concede? Yo soy el único consuelo del que ve impotente ante sus ojos como le arrebatan todo lo que anteriormente se le ofrecía, supuestamente, sin pago alguno. Como ya he dicho anteriormente, ese pobre desgraciado está mejor ahora que cuando sufría en el desamparo de la Vida. Me eligió libremente.
REALIDAD: ¿Libremente? Ahora eres tú la que pronuncias palabras vacías. La libertad tan sólo está presente en las almas que conservan la razón pura y exenta de pensamientos tóxicos, como los que siembran el Amor, el Odio, los prejuicios, el Miedo, la Fe o la Esperanza.
EL MIEDO: ¡Cuidado con lo que dices, listilla! Gracias a mí la Vida se abre camino; yo soy el que la dota de sentido común y la conduce por caminos seguros y libres de peligros.
DIABLO: ¡Di que sí! Entre tú y yo podemos dominar el mundo, cuenta conmigo para lo que quieras.
ESPERANZA: Vuestra alianza es una maldición para la humanidad. ¿Es que no tienes nada que decir, Dios? Pensaba que serías más intolerante con semejantes insurrecciones.
DIOS: Déjales que hablen. Sólo son palabras. Ellos saben que no tienen nada que hacer contra nosotros dos.
LA FE: ¡Ejem, ejem! ¿No te olvidas de nadie? Acaso ya no recuerdas que todo tu poder se sustenta sobre mis hombros. Desagradecido.
DIOS: Te pido disculpas, tienes toda la razón, ya sabes que soy un poco despistado. Rectifico, contra nosotros tres, nada tienen que hacer el Diablo y el Miedo.
IGNORANCIA: Pues los tres os equivocáis, me temo. Dices que sólo son palabras, pero no tienes en cuenta que las palabras lo son todo, los humanos construyen su mundo con ellas. Para mí, por ejemplo, suponen la razón de ser.
REALIDAD: Pues vaya ejemplo.
APARIENCIA: La Ignorancia tiene razón. Las palabras son el único artificio por el que se guía la mayoría de los humanos. No se les puede quitar importancia.
EL TIEMPO: No deberíais preocuparos por ese pequeño contratiempo. Yo me encargo de poner siempre a cada cual en su sitio. Las palabras son solo eso, palabras, y nada pueden hacer contra el ciclón devastador al que yo represento.
EL AMOR: Pudiera ser que llevases razón, pero no es menos cierto que sueles llegar tarde en la mayoría de las ocasiones, es decir, cuando ya el mal está hecho.
EL TIEMPO: ¡Bobadas! Eso lo dices porque eres incapaz de ver más allá de tu propia nariz. Mi visión de las cosas es mucho más profunda y certera.
IGNORANCIA: ¡Bah! Eso no son más que tonterías. Lo que realmente cuenta es el aquí y el ahora, lo dicen todos los expertos...
REALIDAD: ¿Expertos en qué?
IGNORANCIA: ¡Calla, no me interrumpas! El pasado y el futuro no existen, todo el mundo lo sabe. Lo que está ocurriendo en este preciso instante es lo único importante.
REALIDAD: ¡Cuánta sabiduría!
EL TIEMPO: Algún día también acabaré contigo, Ignorancia, y entonces seré yo el que me ría.
DIOS: No seas tú tan listo. Ten cuidado con quien amenazas.
EL TIEMPO: Perdón; olvidaba que todos viajáis en el mismo barco.
ESPERANZA: No todos; ya sabes que yo estoy contigo.
REALIDAD: Vaya aliado. Estamos salvados.
LA VERDAD: Bien, creo que ya he escuchado suficiente. Esta discusión se está alargando demasiado y vais a acabar aburriendo a todos los lectores, así que me vais a permitir ponerle fin.
TODOS: ¡Buuuu, fuera, vete de aquí, nadie te quiere, no nos interesa nada de lo que digas,...!
LA VERDAD: ¡Basta ya! Me vais a oír aunque no os guste. Hacéis mal en discutir, ya que todos os complementáis y nada haríais los unos sin los otros. Dios y el Diablo, el Amor con el Odio, la Muerte y la Vida, la Apariencia, la Realidad y la Ignorancia,.... cada uno engendra al otro y viceversa. Fe, Esperanza y Tiempo no son más que tres nombres distintos para la misma ilusión. Y tú, Miedo, ¿qué decir de ti? Cuando dejaste de ser útil te convertiste en la peor de las pesadillas. Así que mejor haríais en callaros todos y dejar de confundir a la pobre gente.
REALIDAD: ¿Acaso tú podrías decirnos, ya que todo lo sabes, qué fue lo que impulsó a ese joven a saltar por la ventana? Y, en tal caso, ¿podrías haberlo evitado?
LA VERDAD: ¿Evitar qué? ¿De qué joven hablas? En ningún momento leí que se tratase de un joven. Todo esto no es más que una burda historia surgida de la incomprensible y temible imaginación del tipejo este tan raro que está escribiendo, así que basta ya de chorradas y dedíquense a cosas más importantes.

Decálogo para hacer de su hijo un delincuente

domingo, 4 de mayo de 2008

Publicado con el permiso de Josep Lluís, que ya lo hizo hace algunos días.

1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Extraído del libro Reflexiones de un juez de menores, de Emilio Calatayud.

Cosas No importantes

miércoles, 30 de abril de 2008

Mi amiga Graciela me invita a jugar a este juego, y como no puedo defraudarla, ahí va.

Lo primero las reglas:

1 - Poner el enlace de la persona que somos elegidos.
2 - Poner las reglas en el blog.
3 - Compartir seis cosas no importantes y que nos guste a nosotros.
4 - Elegir seis personas al final.
5 - Avisar a estas personas y dejar un comentario en sus blogs.

Y mis seis cosas no importantes son:
... jo, qué difícil, para mí todas son importantes... ¡Ah, ya!

1. Limpiar la casa una vez por semana. Es casi la única actividad activa que desarrollo, así que no quiero dejar de hacerlo.
2. Ver a mis sobrinos al menos una vez por semana. No se puede perder el contacto con la familia.
3. Echarme un rato a leer en mi sillón relax después del almuerzo. Y de paso a dar una cabezada.
4. Ir al teatro al menos una vez al mes, o cada dos meses.
5. Continuar de vez en cuando con el libro que estoy escribiendo. Este blog me lo tiene muy atrasado, pero no quiero dejarlo. Algún día lo acabaré.
6. Tomar la merienda. Es la comida que más me gusta; ese olor a café recién hecho y esas galletas o pastas esperando a ser mojadas en él.... ¡Hummmm! Sólo de pensarlo...

En fin, a bote pronto esto es lo que se me ocurre. Ya le he explicado a Graciela que las dos últimas reglas me las voy a saltar, pero invito a todo el que quiera a jugar con nosotros. Es gratis y no hace daño.

Que tengan un buen día.

Basta de palabras

lunes, 28 de abril de 2008

Ya basta de palabras.
Basta de ruido.
Rompamos las cadenas
que nos atan al nido.

Resurge de entre los muertos.
Levanta la cabeza
y baja del pedestal.
Grítale al oído
e irrumpe en esta tierra
de mediocridad.

Derriba las murallas.
Borra las fronteras.
Salta las atalayas
y tapona las troneras.

Deja la transparencia.
Impón tu identidad
con valentía.
Abandona la invisibilidad,
no seas lucero del alba
a mediodía.

Lucha contra la esclavitud.
Evita que te manipulen
los que con tanta pulcritud
nos hacen creer que nos unen.

No creas lo que oyes.
Desconfía de aquello
que ves.
Piensa que muchos estudian
para que esté todo
del revés.

Ríete de los malos.
Ríete de ti mismo.
Ríete de todos.
Riega el mundo de optimismo.

La verdad no existe.
La realidad no es más
que una falacia.
El mundo eres tú
y se forjó allá
en tu infancia.

Alfabeto Emocional

lunes, 21 de abril de 2008

El Dr. Juan Hitzig estudió las características de algunos longevos saludables y concluyó que más allá de las características biológicas, el denominador común de todos ellos radicaba en sus conductas y actitudes.

“Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en las 5 trillones de células que forman un organismo –explica–.

Las conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, promueven secreción de Serotonina,

…mientras que las conductas “R”: resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencias, represión, facilitan la secreción de coRtisol, una hormona coRRosiva para las células, que acelera el envejecimiento.

Las conductas “S” generan actitudes “A”: ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento. Las conductas “R”, por el contrario, generan actitudes “D”: depresión, desánimo, desesperación, desolación.

Con solo aprender este alfabeto emocional, lograremos vivir más tiempo y mejor, porque la “mala sangre” (mucho cortisol y poca serotonina) deterioran la salud, posibilitan la enfermedad y aceleran el envejecimiento. El buen humor, en cambio, es clave para la longevidad saludable.”

¡Que tengas una excelente vida! ¡¡¡Plena de serotonina!!!

La sabiduría en la toma de decisiones

lunes, 14 de abril de 2008

La felicidad es el fin primordial de todas nuestras decisiones; como dijo Aristóteles: “La felicidad es ciertamente una cosa definitiva, perfecta, y que se basta a sí misma, puesto que es el fin de todos los actos posibles del hombre.”
La vida de cada individuo está formada por el conjunto de decisiones que ha ido tomando a lo largo de ella; nos pasamos la vida tomando decisiones; ¿voy al videoclub a alquilar una película para verla esta noche?, y si voy ¿cuál me traigo? O, ¿sería conveniente abrir ahora un plan de pensiones para el futuro?, ¿o sería preferible comprar un terreno con el dinero ahorrado como inversión? Todas nuestras decisiones afectan a nuestro futuro, algunas a corto plazo, como la del videoclub, y otras más a largo plazo, como la del plan de pensiones o el terreno; todas ellas buscan lo mismo: mayor bienestar en un futuro, ya sea próximo o lejano.
Pero, al mismo tiempo, todas comportan un riesgo. Si alquilo una película, puede que esta noche me salga un plan mejor y desperdicie el dinero que me ha costado, o puede que alquile una que no me guste nada y me aburra. De la misma manera, si me abro un plan de pensiones, es posible que en un futuro el banco entre en bancarrota u ocurra una crisis económica general que me haga perder todo el dinero invertido, o también puede que dentro de poco necesite el dinero para algún imprevisto y no pueda disponer de él como yo quisiera. En fin, seguro que a todos se nos ocurren montones de cosas que pueden salir mal por cada decisión que tomamos. Pero sin embargo, hay que tomarlas, tenemos que arriesgarnos, aunque muchas de ellas puedan llevarnos a la ruina, no sólo económica, sino también personal, conduciéndonos a la desgracia o a llevar una vida triste y aburrida.
Es así, todos conocemos muchísimos ejemplos de personas que no son felices por culpa de haber tomado una decisión desacertada en un momento dado de sus vidas; casarse con la persona equivocada, estudiar una carrera para la que no se vale, trabajar en algo que no gusta, tener hijos sin estar preparados, invertir gran cantidad de dinero sin informarse previamente del riesgo, hipotecarse demasiado innecesariamente, etcétera.
Así es la vida, dirán muchos, quien no arriesga no gana. Efectivamente, así es la vida; pero qué quiere que les diga, yo prefiero jugar sobre seguro; mi felicidad es algo demasiado importante como para jugármela a los dados cada dos por tres. Hay muchas decisiones de las que nadie se puede librar, ya hemos dicho que éstas son las que forman el conjunto de nuestras vidas, por tanto, son inevitables. Pero, ¿por qué arriesgarse tanto? Cierto que nadie sabe lo que pasará en un futuro, ni próximo ni lejano, pero también es verdad que muchos acontecimientos sí que son previsibles. Si la evolución nos ha dado una herramienta tan poderosa como la sabiduría para tomar esas decisiones con el menor riesgo posible, ¿por qué no utilizarla?
La mayoría de la veces, sólo basta pensar un poco antes de tomar una decisión para darse cuenta de los riesgos que conlleva y de todas las probabilidades que hay de que algo salga mal. Pero precisamente ese es uno de los mayores problemas que existen hoy: no se piensa. Antes de pensar en consecuencias y probabilidades, lo que solemos hacer casi todos es mirar a nuestro alrededor, ver lo que hacen los demás, ya que, tendemos a pensar que lo que hacen los demás es lo correcto sin tener en cuenta que cada persona es diferente y tiene unas circunstancias distintas que puede que no tengan nada que ver con las nuestras.
También nos suelen preocupar mucho las apariencias; si actuamos de forma diferente a como lo hace el resto, ¿qué pensarán de nosotros? Este es otro de los errores más graves que se suelen cometer a la hora de tomar decisiones. También sobre este tema nos puso sobre aviso el filósofo Ortega y Gasset cuando escribió: “Es la época de las «corrientes» y del «dejarse arrastrar». Casi nadie presenta resistencia a los superficiales torbellinos que se forman en arte o en ideas, o en política, o en los usos sociales.”
Yo soy de la opinión (bastante discutible, por cierto) de que hoy en día la mayoría se equivoca; algo bastante preocupante ya que es la mayoría la que domina sobre todas las cuestiones importantes de la vida: política, modas, costumbres, tradiciones, etcétera. ¿Por qué pienso así? Básicamente por la gran cantidad de tendencias negativas (ya comentadas en otro capítulo) que están apareciendo en los últimos tiempos. De ahí que yo sea partidario de alejarme siempre de las grandes multitudes y de la muchedumbre; en mi opinión, éstas se mueven siempre llevadas por la manipulación a que estamos siendo sometidos continuamente a través de los medios de comunicación por partidos políticos, empresas multinacionales y empresas de mercadotecnia que son las que conducen a la población a favor de sus intereses particulares.
Me gustaría hacerles ver la importancia que tiene el tomar nuestras propias decisiones, o sea, no permitir que los demás anden siempre decidiendo por uno, que suele ser algo muy habitual y la causa de que, muchas veces, terminemos haciendo algo que no nos gusta o para lo que no estamos preparados. El escritor Joseph Campbell escribió en una ocasión: “Hace falta valor para hacer aquello que deseamos, puesto que los demás tienen siempre un sinfín de planes para nosotros... Ser libre implica escoger tu camino, y cada paso que damos puede cambiar todo nuestro destino, lo cual a veces nos da miedo.
Está bien dejarse aconsejar, escuchar a los demás, sopesar los pros y los contras pero, a la hora de la verdad, nadie te puede conocer mejor que tú mismo, y por ello, nadie puede saber mejor que tú lo que te gusta o no te gusta, o lo que es lo mismo, lo que te hace feliz o no. Nunca dejéis que los demás gobiernen vuestro destino sin contar con vosotros.
Además, ya sea para bien o para mal, por cada día que pasa, el abanico de posibilidades nuevas que se abren ante nuestros ojos es mayor. Antiguamente no había mucho donde elegir; el hijo del labrador sabía casi con toda seguridad que acabaría trabajando sus mismas tierras, lo mismo ocurría con el hijo del zapatero o del tendero. Al no haber donde elegir, tampoco existía la necesidad de decidir. Hoy todo eso a cambiado; tenemos mucho donde elegir y, por consiguiente, también mucho donde equivocarnos. Además, por cada decisión que tomamos, se nos abren otra infinidad de puertas nuevas, con lo que continuamente tenemos que andar eligiendo, aumentando aún más las posibilidades de error. Ortega y Gasset escribió también en su libro La rebelión de las masas:
Nuestra vida como repertorio de posibilidades es magnífica, exuberante, superior a todas las históricamente conocidas. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. La circunstancia (las posibilidades) es lo que de nuestra vida nos es dado e impuesto. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias y, consecuentemente, nos fuerza ... a elegir. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. El que decide siempre es nuestro carácter, nunca las circunstancias; éstas son el dilema ante el cual tenemos que decidir.”
Ciertamente, el que decide es nuestro carácter, como especifica el filósofo español; de ahí la importancia que tiene el formar este carácter convenientemente, reduciendo de esta manera las posibilidades de equivocarnos en cada decisión que tomamos. El estudio de la sabiduría es, sin duda, lo mejor que podemos afrontar para dicha formación.
Texto extraído de mi libro "Tratado sobre la Sabiduría".

NO con mi consentimiento

jueves, 10 de abril de 2008




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Se acordaron de mí: