Capítulo Ocho

lunes, 11 de mayo de 2009


La desaparición de mi estimado compañero de infortunios, me permitió continuar mi camino con mayor celeridad y prestancia. En pocas jornadas pude alcanzar un pequeño poblado de campesinos y granjeros que se alzaba a escasa distancia del gran río. El largo trecho recorrido desde el día de la derrota y el apacible estado de la población que ante mí se abría, me hizo albergar cierta seguridad en mi ánimo, así que me aventuré a abandonar el amparo de los cañaverales y me dirigí con presteza hacia aquel lugar. Aquellos pobladores eran los primeros seres humanos, a excepción del fallecido príncipe, que veía en mi nueva vida de expatriado.

Mi desaliñado aspecto de prófugo, me convirtió en víctima de extrañas miradas desconfiadas y recelosas. En principio, también yo temí por mi suerte; es habitual en el alma humana temer aquello que se desconoce, y esta regla universal no dejó de cumplirse tanto en ellos como en mí. Pero no es menos cierto que nuestra desconfiada condición muda con rapidez ante determinadas señales, también universales, y que en este lugar que nos ocupa tampoco dejaron de observarse. Tales señales fueron en mi caso la evidencia de encontrarme entre gente pacífica y trabajadora de la tierra, sin más ánimo que el de alimentar a su familia y el de obedecer los designios de los dioses frente a las adversidades.

En lo que a ellos respecta, supongo que comprendieron pronto que un solo hombre, con aspecto cansado y hambriento, poco podía hacer peligrar sus tediosas vidas; aunque quiero pensar que también contribuyó a este fin mi semblante sereno y jovial, ya que, si algo importante aprendí durante mis años de convivencia, fue que una tez sonriente mostrando un buen entusiasmo, a veces logra abrir más puertas enconadas que la más acerada de las espadas. De esta manera, aquellas personas no tardaban en proseguir con sus atareadas labores de labranza y pastoreo tras mi paso.

Tampoco me fue costoso el hallar gente dispuesta a ofrecerme un buen trozo de pan de centeno y una refrescante jarra de vino. Después de mi dieta casi exclusiva de pescado y pequeños roedores, aquellos alimentos me supieron como manjares de dioses, con lo que debo decir que aquel día fue uno de las más felices de mi vida, porque ni tan siquiera en mi antiguo hogar había gozado jamás de tanta hospitalidad desinteresada. El devenir de mi existencia me ha hecho comprender otra de las grandes verdades de este mundo, y es que siempre serán los más humildes y trabajadores los que mayor afecto muestren hacia sus semejantes, y se me antoja que este estado de servilismo no necesariamente tiene por qué deberse al temor del poder divino, sino que más bien es condición del talante tranquilo y libre de asuntos belicosos que alberga en el espíritu de los que sólo buscan el sustento merecido de los suyos, sin codiciar otros bienes ni intereses que no les corresponda por justicia o posición.

Durante estos días de paz, también aprendí otra importante lección, y es que el gran imperio al que yo creía haber pertenecido en un pasado, y que iba camino de perderse en la memoria, no era más que una ilusión de mi estrecha mente de efebo. La plena contemplación a las rutinarias labores de aquella gente a la que me entregué en este breve tiempo, me hizo comprender la precariedad de un estado volcado casi exclusivamente en las ocupaciones de la guerra, como tal era aquel que me había visto nacer. No supuso una ardua tarea el llegar a comprender que es la correcta manufactura de la tierra y de los enseres cotidianos, lo que posibilita que un pueblo tenga una coexistencia estable y armoniosa, y que es en estos menesteres donde un gobernante inteligente debería poner verdadero empeño para hacer de su país una tierra próspera e imperecedera, si es que tal cosa pudiera existir.

Para mayor humillación de mi persona, en mis conversaciones con esta gente sencilla, pude comprobar como apenas tenían conocimiento de ningún estado vecino grande y poderoso, con temibles guerreros fuertes y valerosos como leones prestos a invadirles en cualquier momento; si acaso, algunos habían oído hablar vagamente de un pueblo de bárbaros que se afincaban al norte y que tenían fama de rudos y sanguinarios, pero con escasa pericia en las artes de labranza y una nula comprensión de las letras. Y así fue como, con el transcurrir ocioso de los días, fui dándome cuenta de que la gloriosa nación, hogar de mis antepasados y de la que tanto me enorgullecí defendiendo y construyendo, no era sino un insignificante trozo de tierra habitado por un puñado de hombres ignorantes al servicio de unos líderes no menos lerdos, con una ambición desmedida e implacable, la cual tenía los días contados desde el mismo comienzo de su aparición en este mundo. Aunque también sería de justicia decir que mis pobres antepasados no hicieron más que recoger la herencia dejada por las antiguas tribus que habitaron aquellos páramos desde el albor de los tiempos, y que nuestra condición bélica no fue más que una tradición impuesta por el acaecer de las circunstancias, que a la postre, junto con los caprichos divinos, son los que forjan el destino de cualquier nación.

Pero la vida ociosa no está concebida para el hombre. Los lugareños son gente amable, pero no tontos, y no tardaron en mostrar excesiva curiosidad por mi procedencia y anteriores ocupaciones; supongo que a ello contribuyó la espada que llevaba sujeta al cinto y de la que nunca me separaba. Este tipo de armas no era nada frecuente por estos lugares. Entonces se me presentaron dos opciones: integrarme a ellos por completo buscándome un trabajo honrado en el que ocupar mi tiempo y que me proporcionase sustento, o continuar mi camino sin dar más explicaciones.

La duda sobre mi proceder apenas albergó unos segundos en mi despejada mente. Todo lo que había hecho en mi vida era combatir y sobrevivir, y por tentadora que fuese esta otra existencia dedicada a la producción de bienes, no me reconfortaba lo más mínimo el verme labrando la áspera tierra o pastoreando bestias por los montes hasta el fin de mis días. Mi condición bélica me pedía algo más de acción de la que me podían ofrecer aquellas ocupaciones rutinarias. Por suerte o por desgracia para mí, el espíritu guerrero impregnaba todos y cada uno de mis huesos, así que la decisión de proseguir la ruta en busca de nuevas aventuras no me supuso un gran esfuerzo. Por aquel tiempo, aún no había aprendido el valor tan grato que proporciona a nuestras vidas las cosas más sencillas, así como la serenidad y paz interior que se obtiene con la rutina diaria del trabajo bien hecho y necesario. Aunque a veces pienso que, cuando nuestro cuerpo es fuerte y vigoroso y el ánimo inquieto propio de la juventud, quizás también resulte necesario un poco de aventura y el riesgo que nos ofrece la incertidumbre de nuestro destino aún por llegar.


23 Consejos, saludos, propuestas...:

genialsiempre dijo...

Uff, por un momento pensé que nos quedábamos sin guerrero, convertido en un apacible labrador, pero veo que estaba equivocado, lo cual me congratula, pues augura nuevos y espectaculares episodios. Esperaremos.

José María

Z. dijo...

... no era sino un insignificante trozo de tierra habitado por un puñado de hombres ignorantes al servicio de unos líderes no menos lerdos, con una ambición desmedida e implacable, la cual tenía los días contados desde el mismo comienzo de su aparición en este mundo... "

:) Me río porque es tan cierto esto, siempre creemos que nuestro trozo de tierra es lo más y lo defendemos como lo más.
Gracias Pedro, un abrazo!

Cornelivs dijo...

Perfecto.

Prosigue esta fantastica narración, en la cual el guerrero nos ofrece su visión certera de su entorno.

Me encanta este relato, querido amigo.

Un abrazo.

Gizela dijo...

Sigo aquí, en medio de la historia.
Me encanta lo de señales universales.
Ciertamente ellas no tienen idioma, patria o color de piel.
Es algo lindo que lleva la memoria genética de la humanidad.
Esperaré para ver a donde llevarán sus pasos a tu guerrero que aun entendiendo la inutilidad del combate y el poderío por la fuerza, no logra desvestir su alma de esas características
Un besote Pedro
Gizz

Marinel dijo...

El espíritu de guerrero está demasiado arraigado en él.
No se cree capaz de desairar aventuras posibles y qudarse rezagado labrando rutinariamente...
Lógico.Demasiada sangre sentida...
Por lo demás, va despertando de ese letargo bestial y percibiendo que la vida es algo más que la contienda feroz...
Besos,Pedro.

Silvia dijo...

hola!qué bueno que no ha perdido su esprítu guerrero...pero también muy bueno que siga con la mente abierta apesar de todo y pueda aprender de aquellas personas...
valiente sigue su camino..
escribes excelente...esta historia me atrapa mucho...
besotes!!!
silvia cloud

Natacha dijo...

Bueno, supongo que todos tenemos una aptitudes determinadas. Tampoco me veo yo guerreando, la verdad...
Un beso, cielo.
Seguimos la aventura.

Runas dijo...

Me ha gustado la decision que ha tomado nuestro guerrero de seguir buscando, no lo veo arando la tierra, su camino es otro, y ademas si se hubiese quedado allí se terminarian sus aventuras y con ellas los capitulos. Un beso

Allek dijo...

que tal!! despues de un tiempo he regresado...
un abrazo..

Graciela dijo...

Mi Pedro, sabes que me llevas a mis recuerdos: mi bisnono Luis, contaba que comían roedores y raíces en Italia durante la guerra. Era un hombre tán agradecido a la tierra, me refiero a lo que te regala cuando cultivas...su hermano tenía un viñedo pequeño y huerta. Esta mañana pensaba en los nombres, seguramente le cambiaban al ingresar a mi país, solo conservaban el apellido.
Pensé que el guerrero encontraría el amor en la granja...sigo esperando el milagro...besos x 2 abrazos!!!

tia elsa dijo...

Evidentemente aprendió muchas cosas pero no pudo con su genio. Espero con mucho interés la continuación, besos tía Elsa.

Dani7 dijo...

Que visión más acertada tiene tu alma de las cosas amigo Pedro, cuanta razón en eso de que el más humilde es el que más te dá. Yo te lo puedo decir, que trabajo para multimillonarios, y sin embargo la más modesta de las ancianas del lugar, me colmó de atenciones, y me obligó a aceptar una propina para contentar su alma.
Gracias por seguir fielmente mi relato, yo sería solo un mal alumno de Carmen, pero el genero si que nos gusta a los dos. Un abrazo amigo.

REIKIJAI dijo...

Pedro... Muy Bueno...Terrenal y Humano... de sangre joven.Hasta la proxima entrega. Besitos. Silvi.

Alejandro Kreiner dijo...

En la juventud la sangre circula muy deprisa.

Saludos.

mj dijo...

Es importante para el guerrero saber que en la sencillez está la esencia de la vida. Aunque en su interior se muevan fuerzas poderosas. El guerrero es un buscador.
Abrazos
mj

Emma dijo...

Y ¿Cuál será el destino de nuestro guerrero? Espero que de todas las opciones que vaya encontrando, elija bien, y sea la que se lleve a vivir en paz.
Buenas noches Pedro :)

Tinika dijo...

Pues te acabo de descubrir a través de Emma y he sentido curiosidad por tu blog aunque tardaré un poquito en ponerme al día con los capítulos, asi que iré leyendo poco a poco.

Me parece muy interesante...seguiré por aquí.

Besos.

Cecy dijo...

Hola Pedro, me gusta el giro que esta dando este guerrero, en su paso va dejando buenas reflexiones, algunas herradas y otras muy positivas pero en difinitiva un hombre con ansias de superar todos los designios y obstaculos. Verdad?

Besos me encanta leerte.

El que corre con lobos dijo...

Al poco de nacer Iyankapi Sumani, su padre y gran amigo mio, el General Hawdoo, lo trajo a la fortaleza Din Aynn para que el niño fuera educado como Mago de nuestra Orden. Hawdoo Lehye lo puso expresamente bajo mi tutela, cuando yo aun no había alcanzado la Octava Esfera de Maestría Din Aynn.
Confié al recién nacido a los cuidados de una vigorosa nodriza para que se ocupara de él hasta que llegara el tiempo de sus primeras palabras, entonces empezaría su educación.
Al nacimiento del niño, su madre le puso de nombre Islayan. Era su quinto hijo, todos varones. Aquello significaba una desgracia para una madre Mhoo, pues el linaje y pertenencias familiales se heredaban de madre a hija. Deseosa de tener una hija en un próximo parto, consulto a uno de nuestros Oráculos, sin embargo este en vez de augurarle una heredera, le revelo el designo que las Estrellas habían trazado para el recién nacido. O bien seria un miserable fracasado antes los desafíos de su destino, o bien podría convertirse en un gran Maestro Din Aynn.
Al crecer Islayan dude mucho de aquellos presagios. El niño tardo mas de lo normal en empezar a andar y en hablar y durante su educación se revelo ser torpe, perezoso y negligente. A la edad de cinco años aun no dominaba la Maestría de la Primera Esfera, la Maestría de los Siete Elementos: los cuatro Elementales, el Eter, la Luz y el Vació. Islayan fue objeto de las burlas de sus camaradas, además de las reprimendas de sus Maestros. Sobre todo la mía.
En varias ocasiones el Gran Maestro ordeno que se volviera a consultar al Oráculo. Desafortunadamente el que revelo el designo de Islayan, había muerto. Sin embargo al reinterpretar sus predicciones, estas confirmaron su acierto. Un hecho que nos sumía en el desconcierto, pues ya habian pasado mas de diez años e Islayan no mostraba ninguna señal de tener talento para las Artes Din Aynn. Mis sentimiento hacia él mutaron del cariño al desprecio, a pesar de ser el hijo de Hawdoo Lehye.
Una mañana sus compañeros lo encontraron desvanecido en la Capilla del Sagrado Fuego Interno. En su regazo hayamos un pasaje manuscrito de "Las Invocaciones Shaimanicas". No pude concebir que clases de locura le habría tentado en leer esas Invocaciones, reservada a los Magos que dominaban todos los secretos de la Sexta Esfera, los Magos de Shaiman, los que son capaces de cruzar todos los Mundos.
Hice avisar a sus padres, ya que las altas fiebres que padecía Islayan solo podían señalar una muerte inminente.
El General Hawdoo acudió acompañado por unos de sus capitanes, el joven Kaltar. A pesar de todos los conjuros, rituales, plegarias e incantaciones de los Doce Magos de Shaiman, Islayan que habría cumplido dieciocho años el día siguiente, exhaló sus últimos delirios en los brazos de su padre, pocas horas tras la llegada de este.
Curiosamente el cuerpo del joven permaneció caliente toda la noche, aunque ya no respiraba ni su corazón latía y su piel era pálida. Al amanecer Kaltar se ofreció para velar el cuerpo y remplazo al General para que este se pudiera preparar para las ceremonias fúnebres.
El joven capitán poso su palma sobre la frente del difunto Islayan para comprobar si aun seguía caliente. Los Doce Magos de Shaiman le habían ordenado decapitar al cuerpo si así fuese. Y así era. Probablemente pensaron en esos seres que vuelven de la muerte para nutrirse del aliento de los vivos. Kaltar desvaino su espada y la alzo presto a cumplir con su cometido.
Fue entonces cuando Islayan se puso a toser como si se hubiese ahogado con medio rió. La tos devolvió colorido a su piel y los espasmos provocaron que este se reincorporara sobre su lecho.
Kaltar soltó su espada y pidió a grito auxilio. El joven lo miraba fijamente, asustado y pronuncio algunas palabras incomprehensible.
Yo llegue primero al cuarto, y pude observar la escena desde el otro lado del lecho, sin que ninguno de los dos se percatara de mi llegada, como si yo fuese invisible. Kaltar había cesado de gritar para prestar mas atención a lo que le decía el resucitado Islayan. En señal de que no lo entendía, el guerrero sacudía la cabeza con muecas y ademanes.
Comprendía su lenguaje y de repente mis respuestas salieron de los labios de Kaltar.
"- No, no, no me llamo Islayan", insistía el hijo del General Hawdoo.
"- Entonces, ¿dime quien eres?"
El muchacho quedo pensativo, con la mirada buscando por arriba, esforzándose en encontrar una respuesta.
"- No lo sé, no recuerdo nada", contesto lamentándose.
"- No te preocupes nosotros te ayudaremos y cuidaremos de ti", le afirme por medio de la voz del joven capitán.
Pude comprobar que los ojos de Islayan habían cambiado. Tenia una mirada mas penetrante, mas expresiva, mas humana...
Sin embargo no tenían el color violeta que caracterizan a los Mhoo. Ahora eran dos avellanas con reflejos dorados.

En otros mundos paralelos nuestro designo es seguramente diferente... Un abrazo Pedro y gracia por dejarme escribir aquí mi borrador.
Un saludo a todos.

roxana dijo...

Hola! Hacia rato que no venia a saludrte, me encuentro con una novela en capitulos, !!! que bueno! A etsa altura y por el tiempo que tengo no puedo leerla ahora, tal vez si luego.
Pero te dejo mi saludo y saber que eestamos aùn aqui, es bueno, Buen fin de semana!
Abrazo

Luismi dijo...

en serio, esto tiene que salir en formato físico pero ya!!! ;)

Cecilia dijo...

"es habitual en el hombre temer aquello que se desconoce" que cierto, hasta que los humanos no nos reconozcamos iguales en esencia seguiremos alimentando estereotipos. La verdad es que ahora me da mucha curiosidad, no puedo adivinar qué giro dará este personaje. Va buenísimo. Abrazos.

Begoña dijo...

Con tu guerrero de amplia sonrisa y faz jovial,todos vamos tomando conciencia a la vez que él de que el mundo, se mueve y vive siempre ante los más fundamental, y que todo lo demás siempre es una manipulación de unos pocos.
...shuuuu..., que sigo.

Se acordaron de mí: