Capítulo Diez

lunes, 25 de mayo de 2009


Pasé algunos años dedicándome a esta necesaria actividad de vender y comprar mercancías. Durante este tiempo, conocí muchas y diferentes ciudades, atravesé desiertos inhóspitos, ascendí altísimos montes intransitables, crucé espesos bosques y selvas plagadas de extrañísimas criaturas salvajes y navegué por mares repletos de peligros y maravillas. Infinidad de lugares que me eran totalmente desconocidos y que me hicieron comprender la inmensidad tan absoluta e inabarcable de esta tierra que nos da la vida, así como la insignificancia del ser humano en todo este misterio de la creación, accesible sólo para las también misteriosas deidades y sus caprichos temporales e incuestionables.

Al mismo tiempo, también conocí una diversidad de personas como nunca antes ni después me había ocurrido. Pude comprobar como, dependiendo del lugar, las distintas poblaciones poseían también distintas costumbres; adoraban divinidades de toda índole, ofreciéndoles cultos, ofrendas y sacrificios que antes jamás pude haber imaginado; vestían con ropajes de lo más diversos, se alimentaban con productos diferentes, se entretenían con juegos y otras distracciones variadas... En definitiva, cada pueblo había desarrollado su propia cultura, y, cuanto más se alejaban los unos de los otros, más insólita y diferente iba resultando.

Aunque había algo que a todos los unía, y era el deseo y la necesidad de adquirir productos nuevos y de otros lugares. De ahí la altísima importancia que alcanzó la actividad del comercio, llegando incluso a influir firmemente en la actuación de determinados gobiernos, reinados y templos sagrados.

Recuerdo que al principio era incapaz de comprender como tantas personas intercambiaban las monedas, que tanto sudor les habría costado conseguir, por objetos aparentemente inútiles o repetidos. Veía a cientos de mujeres ansiosas por adquirir más y más vestidos y artículos sin otra utilidad que la de decorar casas y cuerpos, hombres sudorosos dispuestos para la lucha si no encontraban una determinada herramienta para su labor, a pesar de existir muchas otras que realizaban la misma función, o algún elixir desconocido que consiguiese embriagarlos más aún que los ya conocidos. Niños, jóvenes, adultos o ancianos, de distintas razas, credos y culturas corrían por igual a la llegada de las caravanas que venían cargadas de mercancías de lo más dispares. Un frenesí caótico que se apoderaba sin remedio de cada alma, de cada cuerpo y de cada mente, en cualquier lugar de este mundo conocido.

El tiempo me ha ayudado a discernir sobre la necesidad de esa vorágine consumidora en el desarrollo y prosperidad de las distintas civilizaciones, aunque sea a costa de la pérdida de identidad y de libertad del individuo. En teoría podría parecer que el bien común prevalece sobre el individual, pero la práctica es bien diferente, ya que sí que existen siempre individuos particulares que salen muy bien beneficiados de este sistema a costa del resto. Pero como yo mismo fui uno de aquellos que supieron aprovecharse de la situación, debo decir que este aspecto de la naturaleza humana, que la hace mostrarse en todo momento ávida de emociones nuevas y curiosa hasta la saciedad por todo aquello que desconoce, es sumamente ventajoso para el devenir futuro de pueblos y ciudades.

Soy consciente de que si mi situación fuese la contraria, viéndome postergado al lugar del pobre productor de bienes y utensilios, obligado de por vida, por su condición avariciosa, envidiosa e ignorante, a tener que consumir y adquirir toda clase de objetos a costa de su salud y esfuerzo, malgastando la que podría ser una vida de dicha infinita, digo que, si esa otra hubiese sido mi condición, con toda probabilidad ahora, en mi edad postrera, opinaría algo completamente diferente y opuesto a lo ya expresado. Espero sinceramente que nadie se escandalice ni me juzgue severamente por tal afirmación, porque sabido es por todos que la opinión es mudable como las estaciones del año, y que son las circunstancias particulares de cada uno las que conforman tal o cual idea en su mente.

Y no vayan a pensar tampoco que yo pude librarme de semejante locura materialista, porque tengo que confesar que también mi ego, prácticamente virgen de placeres mundanos hasta aquel entonces, fue víctima de aquella fiebre derrochadora y devoradora del espíritu verdadero y trascendental del ser humano.

Al contemplarlo desde la distancia que conceden los años, y con los cambios sufridos por mi naturaleza durante este tiempo reparador, me resulta difícil explicar qué especie de ser extraño, a modo de parásito exterminador, se apoderó de mi mente inexperta hasta convertirla en lo que fue: una máquina insaciable de bienes materiales y efímeros. Aún me avergüenza el recordar los extremos a los que fui capaz de conducir mi joven cuerpo, abandonándolo sin escrúpulos a toda clase de placeres profanos por el simple hecho de que podía permitírmelo, sin pensar ni por un momento en las consecuencias futuras que tales acciones frenéticas podían deparar en mi cuerpo y en mi ser.

Sí, ya sé que podría excusarme en la insensatez de la juventud y el desconocimiento por la falta de experiencia, pero.... esos pensamientos no terminan de reconfortar del todo mi atormentado espíritu. Por aquel tiempo, mi cuerpo ya había padecido toda suerte de penalidades y mi mente conocía sobradamente el auténtico dolor, muy al contrario de la mayoría de personas de mi edad con las que me crucé en mi camino. Y sin embargo, me vi incapaz de vencer aquel monstruo de la avaricia que tanto daño infringe en las almas ufanas y sedientas de novedad.

Mi único consuelo podría ser la ignorancia, al tratarse de algo novedoso, ciertamente, pero mi conciencia me impide no tener en cuenta el hecho de que yo veía a mi alrededor, desde el primer día, a toda clase de individuos mayores y más experimentados que yo, y con las carnes flácidas, los cuerpos enfermizos y las mentes afligidas en todo momento a causa de los excesos cometidos durante años de placeres ilimitados. Aún no entiendo cómo no pude darme cuenta antes, cayendo también en la misma trampa, cometiendo los mismos errores. En verdad el ser humano es una especie extraña e incomprensible, capaz de aprender de las más diversas criaturas que crecen sobre la tierra, pero incapaz de hacerlo de los semejantes que les son más cercanos.

Ahora que lo pienso, creo que será mejor dejar dicho en este mismo instante a qué tipo de placeres vengo a referirme al hablar de ese modo tan despectivo, no vaya a pensarse nadie que el tiempo me haya convertido en un huraño asceta, alejado de todo aquello que huela a civilización o humanidad; nada más lejos de la realidad.

Paso a enumerarlos, por si estos pergaminos llegasen a caer en manos de algún extraño ser capaz de aplicarse en las lecciones de la vida por experiencias ajenas. En primer lugar habría que mencionar los placeres del buen comer, tan difíciles de renunciar cuando la bolsa se encuentra bien repleta de oro y plata. Durante todo ese tiempo de pujanza, quise compensar a mi estómago por la carne que no pudo engullir en sus años mozos, cuando los animales sacrificados iban destinados, en su mayoría, a buscar el favor de las siempre insatisfechas deidades o, en su defecto, a seguir abultando aún más las panzas de sus más fieles seguidores, los sacerdotes. Pero la naturaleza no entiende de semejantes equilibrios, así que acabé yo también luciendo una enorme y pesada barriga, no demasiado práctica para las largas caminatas atravesando desiertos y subiendo montañas.

También los excesos con el vino y la cerveza me traen a la memoria un sinfín de noches interminables y amaneceres amargos, envueltos en la mayor pesadez imaginable y los más molestos dolores de cabeza que un ser humano pudiera soportar. Tampoco en este menester fui capaz de aprender la lección de tiempos pasados, en aquellos años de juventud, cuando reyes depravados utilizaban el poder embriagador del alcohol para sembrar el olvido en las mentes de sus ignorantes súbditos. Nunca sospeché que acabaría terminando igual voluntariamente, con todo mi sentido puesto en la tarea, en busca de un supuesto placer y pagando por ello; lo que no deja de colocarme en una posición de ignorancia aún más baja de la que tenía por aquel entonces.

Pero quizás el más imperdonable de todos los errores cometidos en aquella etapa de mi vida, en la que me vi rodeado de toda clase de lujos y delicias a mi alcance, fue el goce inmoderado al que sometí mi virilidad masculina. Y conste que no pretendo insinuar que semejante disfrute pueda ser perjudicial para la salud, no, a pesar de lo que muchos seguidores de determinados dioses quieren hacernos creer. Cuando el cuerpo es joven y la salud vigorosa, nada mejor que ejercitarlo convenientemente en las artes de alcoba. Si me lamento tan angustiosamente de algún error cometido, no es más que porque esta incontinencia sexual mía me condujo sin remedio a la más completa soledad en días venideros, cuando bien me hubiese gustado disfrutar de la compañía de una buena esposa, fiel y trabajadora; e incluso no descarto el haber sido feliz también viendo crecer algunos retoños, fruto de mi estirpe, y con los que hubiese podido contar en el futuro para la continuidad y prosperidad del negocio, como veía hacer a tantos otros compañeros de viaje. Pero como digo, cuando me llegó ese tiempo, no tuve la conciencia despierta ni el suficiente entendimiento para comprender la importancia de una compañía femenina permanente, a pesar de las muchas que se cruzaron por mi camino, y que me consta que más de una pretendió calentar mi lecho por tiempo indefinido. Mi labor peregrina en busca de nuevos productos que agradasen a los ingenuos ciudadanos, también dificultó el encuentro de un amor duradero, y facilitó por el contrario la abundancia de escarceos efímeros que, a la larga, sólo consiguieron engañar a mi incontenible ego, resultando en el aislamiento al que me he visto abocado de por vida.

Es cierto que, con el correr de los años, no es algo que me aflija en demasía, ya que mis días se han ido adaptando a esta vida en soledad, y en la actualidad me siento satisfecho por todo lo obtenido y vivido; pero no dejo de pensar cuan diferente podía haber sido mi destino de haber hallado en su momento una mujer buena con la que compartir mi solitaria existencia. Aunque no es menos cierto que, de haber sido así, la incertidumbre de ese otro nuevo designio diferente al acontecido, me hace imposible prever la dicha o el infortunio al que me hubiese conducido tal ventura, con lo que concluyo en la inutilidad y pérdida de tiempo que supone el alumbrar diversos devenires en la vida de cualquier ser humano.

Pero ni tan siquiera esta última reflexión puede impedir que mi espíritu se sienta algo abatido al especular sobre posibles vidas pasadas, tal es la incomprensión que poseemos sobre la siempre sorprendente mente humana y su impenetrable funcionamiento.

En este estado actual de zozobra al que me han conducido mis ulteriores palabras, inesperado a estas alturas de mi vida, me veo incapaz de continuar sermoneando al insufrible lector sobre tales o cuales perjuicios y desdichas, así que resumo todo lo dicho con anterioridad aconsejando a todo aquel que quiera ser aconsejado sobre la justa medida en que deben ser tomados todos y cada unos de los goces y placeres que ante nuestra vista se nos presenten en nuestro arduo camino por esta tierra inmisericorde. Justa medida que deberá ser deducida por cada cual según sus circunstancias, líbrenme los dioses de tener que decir a nadie lo que hacer con su vida, sobretodo tras expresar las dudas que albergo sobre mis actos pasados y presentes. Lo que sí me atrevería a decir, sin ánimo de parecer pretencioso, es la valía que puede llegar a alcanzar el alma humana cuando sus sentidos se encuentran completamente abiertos al paraíso que la naturaleza nos ofrece continuamente, en cualquier lugar en el que nos encontremos. Tal conocimiento, por sí solo, puede hacernos sentir las personas más dichosas de la creación, reemplazando por completo a cualquier otro placer mundano obtenido con sudor y lágrimas, o con engaños y artificios.


31 Consejos, saludos, propuestas...:

genialsiempre dijo...

Muy bien retratado el consumismo voraz, una buena lección. Respecto a los placeres mundanos, los clásicos comer, beber y sexo, pero la civilización ha desarrollado otros que podrían aumentar la lista de nuestro guerrero, y están también unidos al lujo innecesario. En fín, una arenga de "moralina" como ésta, te sacude la mente un lunes por la mañana.

José María

Graciela dijo...

al Guerrero lo atrapó el consumismo, como a todos supongo, 'me he comprado cosas realmente inútiles'.
Con una amiga, ahora decimos: la ropa es para no salir desnudos a la calle, eso de estar a la moda jajaja...ahora que hemos crecido 'algo'.
Lo de la comida ya sabes mi historia, no bebo alcohol también por mi historia y en la lujuria del sexo no he ingresado supongo por los tabúes, creencias y demás que tengo incorporados en el disco rígido de mi cerebro...
No juzgo al Guerrero mi Pedro...besitos!!!

Cecy dijo...

El guerrero deja una buena reflexion, que hace participe a todo hombre (genéricamente) la insatisfacción esencial del ser humano se manifiesta y le exige siempre algun nuevo desafio, algo para conquistar, es un camino solitario, que ningun otro conocimiento por mas savio que sea, lo aleja del camino de transitarlo. De una manera u otra, todo sirve y siempre estará la duda si hubiese sido distinto.

Me gusta.
Besos.

Gizela dijo...

Hola Pedro.
Buenas reflexiones las de tu guerrero.
Pero siempre ha sido así.Lo más difícil de la existencia es vivir ponderadamente.
No sucumbir ni a los excesos, ni a determinismos existenciales.

Hasta la proxima entrega amigo.
Un besote y feliz semana para ti
Gizz

Noelplebeyo dijo...

El guerrero debe pensar que el ser humano cuando ha intentado ser racional, buscar el equilibrio, sistemáticamente ha sido atacado por sus congéneres que no ven más allá de su espada y su saciedad ilimitada

Saludos

DEMOFILA dijo...

Buenas reflexiones la del guerrero, pero a veces, estas reflexiones llegan demasiado tarde, creo a mi me ha pasado en un problema que tenía de consumismo, y no sé si continuo teniendo, el tiempo lo dirá.
Quizás me haya dado cuenta demasiado tarde, como el guerrero, tendré que reflexionar, como él, y ver como hubiese sido mi vida hasta ahora sin este consumismos.
Un saludo.
Me ha gustado esta historia, de veras.
Demofila.

tia elsa dijo...

Me encanta lo bien que desnudas la naturaleza humana, la cual no ha cambiado a lo largo de los siglos, demostrando como bien lo expresa nuestro querido guerrero que somos incapaces de aprender de los errores de nuestros semejantes. Besos tía Elsa

Marinel dijo...

Impresionante manera de exponernos sabiamente, la torpeza mental que poseemos las personas fuesen del tiempo que fuesen.
Lo relata la experiencia de este antes guerrero, que sucumbe sin misericordia en los placeres de la vida, a los que antes no tenía acceso.
Lógico me parece que no sepa frenar su afán de conocer el buen comer,el beber e incluso hacer uso indiscriminado de su virilidad.
Todo un mundo de posibilidades al alcance de la mano,que por mucho que vea retratado de forma nefasta en otros que se excedieron, no puede evitar probar por sí mismo.
Es la raza humana...
Todo se aprende con el paso del tiempo y las experiencias de la vida.
Se le nota acomodado en sus virtudes y sus defectos, pero nostálgico en aquello que pudo ser y no fue.
Lógico también,¿verdad?
Me encanta el lenguaje que utilizas, las descripciones de hechos y costumbres...
Todo,ché.
Más besos.

Dani7 dijo...

Tu relato contiene muy buenas reflexiones, me hace pensar mucho tu historia. Merece la pena esperar a que publiques tu proximo capitulo.

Un abrazo amigo.

Cat's dijo...

los excesos siempre son malos, en todos los niveles...

pero ahí está disfrutando de su soledad, en el medio de tanta Naturaleza, aprendiendo a vivir de ella y en ella.

parece que lo veo,en la cima de cualquier montaña, con el pelo al viento y los brazos abiertos.

Hada Saltarina dijo...

Pedro,
Muchísimas gracias por tu presencia y tus palabras. Un abrazo muy fuerte

REIKIJAI dijo...

Pedro...me falta leer el anterior,este feriado me dejo descolocada.Me pongo al día y releo este.Besitos.Silvi

Runas dijo...

Todos los excesos son malos y parece ser que nuestro guerrero se dejó llevar, lo bueno es que sacó unas buenas enseñanzas de todo ello. Me encanta Pedro, es preciosa la historia que estás construyendo. Un beso

Cecilia dijo...

Y eso que el guerrero no conoció los shoppings, los spas, y todo el circo que tenemos montado hoy en día! Dejando las bromas de lado, me gustó mucho este capítulo, y como siempre tu forma de escribir hace la diferencia. Besos

Z. dijo...

Hola Pedro! Como siempre gran nivel de reflexión de la naturaleza humana.
Un abrazo!

Natacha dijo...

Pues seguimos en lo mismo, amigo. Conozco algunos y algunas que con el bolso colgado al hombro, en el Corte Inglés hacen de su vida un escaparate de iniciales... dan pena, casi tanto como tu guerrero...
Un beso y sigamos viendo cómo crece este hombre...
Un beso, corazón.
Natacha.

Cemanaca dijo...

En verdad el ser humano es una especie extraña e incomprensible, capaz de aprender de las más diversas criaturas que crecen sobre la tierra, pero incapaz de hacerlo de los semejantes que les son más cercanos. (genial)

En una esquina el consumismo desde siempre golpeando con sus afiladas fauces al hombre
y en la otra, la reflexión certera y profunda que engrandece al hombre dándole la capacidad de elegir.

Saludos conversos.

Elisabeth dijo...

el consumismo es lo q rodea a este mundo.... es una lastima verdad?


besitossss

Emma dijo...

Menudo repaso al estilo de vida actual.
Es cierto que tenemos más de lo que necesitamos, pero nadie, o pocos, estamos dispuestos a prescindir de ello...
Me encanta como nos describes la vida a través de tu guerrero ; Besos Pedro.

roxana dijo...

bello pensamiento!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! para saber disfrutar de las cosas simples y por ellas bellas, vivir es resistir. revolucionar es evolucionar. un abrazo

Alejandro Kreiner dijo...

Los excesos suponen un gran desgaste para el cuerpo que necesita recuperar la normalidad.

Saludos.

Fernando Manero dijo...

Toda una leccion de vida y de actitud positiva y fecunda ante la vida. Hay vitalismo en tu escrito, excelente y repleto de sugerencias y provocaciones. Nada impide destacar la importancia de disfrutar de la vida mientras nos sea posible hacerlo, a sabiendas de que las oportunidades perdidas lo serán para siempre. Entender lo que nos pasa, porqué nos pasa y lo que nos puede pasar aporta lecciones de equilibrio y buen hacer que aseguran lo único que realmente merece la pena: aprovechar el tiempo con libertad y procurar que lo que podamos hacer sin dañar a nadie lo hagamos, no vaya a ser que la irreversibilidad de las situaciones nos lleve al arrepentimiento y a la frustración.

Antonio Aguilera dijo...

Me tienes enganchado con tus historias guerreras.
Imprimo de nuevo, suerte que tu blogs lo permite, para leer luego recostado en el sofá....o en la cama.

Cuídate Pedro

Shingen dijo...

Este décimo capítulo podria llamarse bien "El mercader del alma".

Impresionante leerte Pedro, es una gran placer.

Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

He encontrado, amigo Pedro, varias ideas bastante interesantes en la Memoria guerrera de hoy. Ni que decir de tu refinada y liviana prosa, porque no se hace nada pesada la lectura a pesar de tener un estilo bastante reflexivo, incluso filosòfico.
Realmente, te encuentro parcelas metafìsicas y de investigaciòn antropològica:

- El encuentro con el Otro: " conocí una diversidad de personas como nunca antes ni despu+es me había ocurrido".
-El hombre busca a su dios, y si no lo encuentra lo inventa: "adoraban divinidades de toda índole".
- Nacimiento del mercantilismo:"había algo que a todos los unía, y era el deseo de adquirir productos nuevos..";y consumismo: " me ha ayudado a discernir sobre la necesidad de esa vorágine consumidora(....)aunque sea a costa de la perdida de identidad y de libertad del individuo"
- La obesidad (éste es mi alter ego):"así que acabé yo también luciendo una pesada barriga:
- No entiendo cómo mi alter ego puede considerar la sobredosis de actividad sexual como perjudicil
a para la salud jajaja: "el más imperdonable de todos los errores fue (...) el goce inmoderado a que sometí mi virilidad masculina", y cómo va a ser, según refieres, perjudicial para la salud. Ya lo decía Courbet en su latín macarrónico en su blog elorigendelmundoes.blogspot.com :
"esperman retentum, venenum est".

Espero no haber errado mucho en mis consideraciones, amigo Pedro.

Te dejo un abrazo

Silvia dijo...

hola!tu guerrero se esta convirtiendo en sabio...
ha evolucionado..hasta da algunas ideas y varios consejos...llegó al fondo de la raza humana...
es maravilloso como sigue con ansias de conocimiento...
Tú eres un genio escribiendo ,tus musas son buenas...
abrazotes!!!
silvia cloud

El que corre con lobos dijo...

Desperté sobresaltado, angustiado por unos de esos sueños que desde mi regreso no dejaban de atormentarme. La memoria aun confundida, tarde unos segundo en ubicarme. Permanecí echado en la hierba, mirando al cielo que ya tomaba la luminosidad que anuncia el principio del atardecer. Estaba ansioso por reunirme esa misma noche con el Maestro Swodulami y que este me desvelara todo esos misterios en los que mi existencia estaba envuelta.
Tras la ultima batalla en las Dunas de Lorakys, Kaltar me había revelado que estuve ausente del Mundo Mhoo durante cuarenta y dos ciclos lunares. En ese momento tome consciencia de una fractura en el tiempo, ya que deberíamos hallarnos en la Llanura de Brassenl'Yls en las horas del alba. Yo debería de estar luchando contra Lubernia, la Madre de todos los Dioses Obscuros y Kaltar yaciendo herido, cerca de una roca, estaría esperando el golpe de gracia de la demoníaca Diosa.
De nuevo sentí un gran vació helado en el pecho, lo mejor sin duda, era esperar a que mi Maestro me guiara en descifrar el enigma. Mientras, tal y como me habían enseñado, me di un baño en el estanque para librarme de la confusión y aliviar mi mal estar.
Al oír el chapoteo del agua Kaltar se acerco tendiéndome algo de ropa.
"- Por fin te has despertado. ¿Podríamos hacer un poco de entrenamientos juntos?"
Volví a sumergirme solo por el placer de sentir como mi mente se apaciguaba.
"- Muy bien, tu eliges, ¿cuerpo a cuerpo o con espada?"
Kaltar eligió la espada, alegando que una lucha cuerpo a cuerpo seria muy desigual.
Yo aun no había adquirido el completo dominio de la Cuarta Esfera, la plena unión armoniosa de los Siete Cuerpos, sin embargo sabia que era capaz de vencer a Kaltar por muy musculoso y grande que fuese.
Nos sentemos de piernas cruzadas antes el sol, que ya declinaba, con nuestras espadas clavadas en la tierra frente a nosotros. Cada uno a su manera y propio intento, invocamos por dentro la unificación de su Ser con la Gran Totalidad. Luego tomando nuestras armas nos distanciamos el uno del otro para antes del combate darnos el saludo que simbolizaba el respeto al adversario.
A Kaltar le habían adiestrado los propios Magos de Shaiman, que le enseñaron técnicas que estos habían traído de otros mundos. Así podía sostener su pesada espada sin que le costara esfuerzo alguno y concentrar toda su fuerza en sus ataques. Sin embargo esto no le daba ninguna ventaja sobre mi, ya que mi Maestro, Swodulami, también pertenecía a la misma Orden. Conociendo ambos las mismas técnicas de esgrima, solamente con astucia y pericia uno podía derrotar al otro. Y a mi me estaba prohibido desvainar mi espada del Fuego de la Serpiente en esta clase de entretenimiento.
Finalmente un golpe certero de Kaltar rompió mi acero, lejos de darme por vencido me abalance
sobre él tirandole a suelo desarmado. Esto de nada me sirvió, con mucha destreza Kaltar me aplaco contra el suelo inmovilizandome.
"- ¿Te das por rendido Iyankapi? Eres muy hábil con la espada pero ya te dije que en la lucha cuerpo a cuerpo no podrías superarme."
"- No tan deprisa Kaltar, aun tengo mucho por demostrarte."
Efectué un tremendo movimiento de hombros, desequilibrando a mi contrincante hacia atrás, para atraparlo entre mis piernas e invertir la situación. Ahora estaba yo encima de él y ademas amenazándole con el filo de la empuñadura de mi espada quebrada.
"¿- Y ahora que me dices Kaltar?"
Su rostro dibujo una sonrisa pícara, como si aun guardara algún truco antes su derrota.
"- Yo ya sabia que te desenvuelve muy bien cuerpo a cuerpo."
Desde la explanada de la terraza oímos unas palmadas. Eran todos los capitanes que habían estado observando el combate.
"- Muy bien Iyankapi Sumani, tienes al gran Kaltar a merced de tu acero"
El Maestro Swodulami les había mandato avisarnos de que fueramos preparándonos para el banquete de esa noche.

Pedro me falta tiempo para crear un nuevo blog sobre esas andanzas de Kaltar. Alli va otro "capitulo" a modo de agradecimiento por tu fantastico relato.
Abrazos y apretones de manos.

Maru dijo...

Te dejo un beso porque no he leído en totalidad tu libro... algún día lo haré

muchos besos

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Los años no pasan en vano y vemos como en la antigüedad se dan los mismos errores de la modernidad. Un mundo dedicado al comercio que es lo que mueve, hoy en día lo vemos pero de una manera más dinámica y veloz.

Pero antes en caravanas y en todo ese lujo, de ropajes, perfumees, oro, plata, utensilios y lo que llenaba el alma del ser humano con bienes de lujo a veces muy poco útiles.

El mundo sigue movido por el dinero, el amor y el sexo y en verdad que los años no pasan en balde y debemos recordar que hay otras cosas que son más importantes que los lujos, para no quedar solitarios en el atardecer de nuestras vidas.

Bello relato y apasionante.
Saludos

Begoña dijo...

Aquí tenemos a un guerrero, mercader, erudito en las artes culinarias y amatorias... Pues sí, siempre nos han inculcado que los excesos son malos. Pero, yo soy partidaria de vivirlo todo, y aprender de nuestra experiencia -escuchando la de los otros-, y aunque no venga a cuenta, más vale haber disfrutado que no haber conocido todo eso. Como dice la canción: "antes muerta que sencilla" JE. Pero bueno, tu guerrero no vió los límites, y a pesar de eso, estoy segura de que salió enriquecido en su vida, y no le ha ido mal.
Nos entretienes mucho con tu guerrero, ya te lo habré dicho otras veces, pero es que es así.
Ya voy adelantando en esta historia. Poco a poco.
Un abrazo.

Adriana Paoletta dijo...

Tu guerrero nos enseña que los obstáculos son el servicio a su fortaleza y los excesos la muestra clara de que esta aventura puede ser saboreada sin engaños ni artificios.
Abrazos mágicos
adriana

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