Verdades y Mentiras

jueves, 19 de junio de 2008

Existe algo más que lo puramente visible, lo razonable, algo más que lo justamente establecido tras pasar por el filtro de los sentidos y de la lógica. Algo que desde el resurgir de la humanidad el hombre ha sabido que existía, que estaba ahí, que tenía implicaciones reales en sus vidas y en el mundo en general. Pero para que algo exista realmente hay que ponerle nombre, definirlo, dotarlo de naturaleza. Y es ahí donde no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo.
En tiempos remotos, cuando las diferentes civilizaciones se encontraban separadas por extensos océanos, inhóspitos desiertos o escarpadas cordilleras, todo resultaba más sencillo. De generación en generación iban pasando estos místicos conocimientos sobre lo inmaterial, divino, milagroso o celestial, importando poco el nombre recibido, dando por bueno lo aprendido. Eran altas enseñanzas surgidas en la antigüedad (siempre en la antigüedad), que llegaron a nuestros ancestros después de arduas reflexiones y duras experiencias sufridas. ¿Por qué cuestionar tales conclusiones que les llevaron a solucionar sus problemas con la naturaleza y a resolver sus dudas, conduciéndoles a una vida más serena, segura y en armonía con el entorno? Todo provenía de la misma raíz, no había controversia; de vez en cuando surgía algún iluminado en la misma comunidad que se atrevía a realizar modificaciones en la doctrina, generalmente pequeños cambios, que la completaban o la hacían algo más coherente con los cambios culturales sufridos. Si estos cambios eran bien admitidos por la comunidad, pasaban a convertirse poco a poco en parte de la Enseñanza. Y de esa manera, la “Verdad” continuaba transmitiéndose de padre a hijo eternamente.
Pero inevitablemente los pueblos comenzaron a crecer, a hacerse poderosos, empezaron a necesitar recursos que no poseían o, simplemente, se volvieron avariciosos. Y así fue como llegaron las conquistas, así fue como comenzaron a formarse los imperios y como las distintas civilizaciones acabaron mezclándose forzosamente. Los pueblos más fuertes dominaban a los más débiles, imponiéndoles su cultura, sus conocimientos y enseñanzas, aunque siempre recibiendo también de éstos algo a cambio que pudiese aportarles algún beneficio.
Fue entonces cuando comenzaron los problemas. Distintas “Verdades” se enfrentaban entre sí, teniendo que vencer una por fuerza, ya que la “Verdad” tiene que ser única e irrefutable, no admite el compartir espacio y tiempo con otra contraria y de diferente naturaleza y nombre. Pero la “Verdad” es algo muy elástico y moldeable y frecuentemente terminaban ambas “Verdades” fundiéndose en una sola, grande e incuestionable. Por supuesto, siempre con la necesaria ayuda del sanador tiempo. Fue así como, a pesar del auge y caída de los diferentes imperios, las enseñanzas sagradas continuaron su impertérrito camino hacia delante, creciendo, haciéndose poderosas por sí mismas, cambiando de nombres, de naturalezas, adoptando diferentes formas e imágenes... pero en el fondo, si perder su esencia primigenia y absoluta, su poder metafísico y sobrenatural sobre el espíritu de los hombres que creían en ella y la adoraban.
Pero el tiempo que todo lo puede y todo lo abarca continuó su viaje hacia el infinito y llegaron otras edades en que las fronteras se hicieron más difusas, edades en que los grandes océanos, desiertos y montañas dejaron de ejercer su influencia tenebrosa y amedrentadora. Los pueblos poderosos ya no se limitaban a guerrear entre ellos, no se imponían el uno sobre el otro, sino que pactaban alianzas, comerciaban entre ellos, obtenían beneficios con mutuos acuerdos. El mundo se hizo un pañuelo, y fueron tantas las distintas “Verdades”, todas grandiosas, incuestionables y hambrientas de adeptos, que se encontraron cara a cara de forma amistosa, que resultó del todo imposible unificarlas en una sola; tuvieron que aprender a convivir. Taoístas, budistas, hindúes, musulmanes, judíos, cristianos católicos, protestantes, ortodoxos, indígenas americanos... Monjes, curas, chamanes, brujos, rabinos, imanes, santones, curanderos, ascetas, maestros, científicos... Dios, dioses, Alá, Jehová, Tao, Verdad, Misterio, Todo, Universo, Cristo, Fuerza, Zeus, Naturaleza... Infinidad de nombres y definiciones para nombrar lo innombrable, para definir lo indefinible, cada uno de ellos con sus rituales, personajes, tradiciones y dogmas de fe, pero con una misma fuente insondable fruto de esa arcana curiosidad por conocer todo lo que se oculta tras lo indescifrable de la vida y lo oscuro de la muerte.
La convivencia no siempre es fácil. A la raza humana siempre le ha atemorizado lo diferente, lo desconocido, lo nuevo. Y es por ello que cuando nos enfrentamos a otras “Verdades” distintas a las establecidas y aceptadas por nuestra cultura y tradición, no siempre somos capaces de admitirlas como tal. Por el contrario, nos sentimos recelosos, las negamos con una autoridad que está muy por encima de nuestra capacidad de discernimiento y nos reafirmamos más aún si cabe en la “Verdad” que consideramos como propia, como nuestra, sin apenas reflexionar que “nuestra Verdad” es “nuestra” tan sólo porque nos fue impuesta en un pasado remoto y transmitida generacionalmente, sin más juicio que el propio de la educación recibida desde la inocente niñez.
Claro que esta convivencia no siempre es negativa. Gracias a la mezcla tan diversa de “Verdades”, fue posible la aparición de la duda. Muchos espíritus inquietos empezaron a albergar en sus corazones un sentimiento de conflicto entre aquello que siempre le habían enseñado como la “Verdad” y aquello otro en lo que otros creían ciegamente también como en su “Verdad”. Y este conflicto generó la esperanzadora semilla de la búsqueda en la que muchos se encuentran inmersos. La búsqueda, a pesar de saludable, no siempre tiene resultados ventajosos; a menudo puede resultar infructuosa o desesperanzadora, acabando por sendas más tortuosas e inseguras que de la que partió, de ahí que deba ser siempre la prudencia y el sentido común los que guíen los pasos a través de lo desconocido.
Los buscadores de otras “Verdades” pueden parecer a veces locos e insensatos, por salirse del camino establecido, pero no suelen ser peligrosos. Los realmente peligrosos son aquellos otros que se han acomodado a una de estas “Verdades”, a veces por intereses estrictamente materiales, otras por auténtica fe ciega y desmedida, y creen estar en posesión de la única e incuestionable “Verdad Absoluta” de todos los tiempos. Cuando estos personajes consiguen auténtico poder, se convierten en los seres más peligrosos del planeta, ya que su fanatismo los conducirá a intentar establecer sus creencias allá hacia donde puedan extender sus brazos, sin importarles las consecuencias ni los medios utilizados; para estas personas, tendrá siempre más valor un creyente muerto que un infiel vivo, con lo que no dudarán un instante en emplear toda la fuerza necesaria para establecer sus criterios, creyéndolos más verdaderos y positivos que el resto.
Y aún más peligroso es si cabe, cuando estas ancestrales enseñanzas son relegadas a un segundo plano y sustituidas por nuevas y más peligrosas doctrinas, como son la economía de mercado, el capitalismo, la fama o el poder político, por poner algunas. Modernas doctrinas nacidas a raíz de la globalización producida en todo el planeta y que tienden a olvidar por completo el poder arcano del espíritu, la valía del ser humano como individuo único e íntegro por sí mismo, amparándose en valores efímeros y pueriles, como son el éxito y la admiración de coetáneos, u otros aún más miserables, como la búsqueda de la riqueza económica y la ostentación de poder ilimitado.
En este mundo tan globalizado donde nos ha tocado vivir, donde predomina tanto el poder de la palabra y del capital, hay que huir de aquellos que se proclaman guardianes de la libertad y de la democracia y protectores de la auténtica doctrina, porque, de adquirir la confianza del pueblo, acabarán transformándose en temibles impostores dispuestos a repartir arbitrariamente libertades a golpe de metralla incluso fuera de sus fronteras y culturas. Ya ha ocurrido, está ocurriendo y nada hay que impida el que vuelva a ocurrir.
A parte de todo esto, quiero expresar mi más sincero respeto y admiración por todas aquellas personas que rigen sus actos guiados por una fe inquebrantable y verdadera hacia cualquiera de estas “Verdades”, manteniendo presente en todo momento su auténtica fuente mística e interior, siendo coherentes con su significado profundo y con sus valores éticos y morales y aceptando y comprendiendo también la existencia de otras muchas “Verdades” igual de sanadoras y revitalizantes.

Dudas tengo, dudas ofrezco

viernes, 13 de junio de 2008

No sé si existe Dios o es sólo un cuento. Por desconocer nuestro futuro también me lamento. El no saber si poseo un alma, me supone un grave tormento, a pesar de que algo me dice que debiera tomármelo con más calma, porque pudiera resultar que nada de ello fuera verdad y que tan sólo se tratase de pura ingenuidad provocada por locas neuronas que nada entienden de la realidad, ya que su único cometido es sobrevivir. Y es que esto de tanto discurrir sin llegar a ninguna conclusión, de pesado que llega a ser, a mí me llega a aburrir.

Habrá algo después de la muerte, o será el destino de cada ser viviente el más absoluto de los vacíos y todo acabase de repente. Y si al morir, dejamos de sentir, mi pregunta es ¿por qué a la muerte temer? Aunque también cabría suponer que el pasado se vuelve a repetir, convirtiendo en un ciclo sin fin esta locura de vivir. Claro que ello, ¿quién lo podría definir? De ahí que fuese bueno saber si existe un principio y un final, para con ello poder entender nuestro periplo existencial.

La bondad o maldad de la globalización, nadie nos puede asegurar, así como que del cambio climático nos debamos preocupar. Y si la extracción de petróleo tiene fin, ¿cuándo tendrá éste lugar? Me gustaría saberlo, para poderlo prevenir; aunque me temo que de esto, como de aquello, sólo saben pronosticar los que comen de ello para tenernos en un eterno sin vivir. También me gustaría saber si el desarrollo sostenible es sólo una utopía, y si en verdad es nuestro deber el preocuparnos por la sequía. Pero lo que en verdad más me chirría es saber si será posible una perfecta democracia, o deberemos conformarnos con la actual desgracia.

Quién pudiera saber si la vida surgió en este planeta, o por el contrario hasta aquí viajó en un remoto cometa. Porque si así sucedió, nada haría dudar que también en otros mundos la vida tendría lugar, y el que aquí nos encontremos sólo se lo debemos al caprichoso azar. Claro que por preguntar, si la vida nadie la ha podido reproducir, yo no me cansaré de insistir en que por favor, dejémonos de especular y limitémonos a vivir.

¿Llegará el día en el que un necio cambie de condición? ¿Y por qué es tan difícil cambiar de opinión? ¿Puede una persona nerviosa tranquilizarse? ¿Puede un orgulloso rebajarse o un mentiroso rectificarse? Quién crea poder contestar a tanta cuestión no es más que un fanfarrón, ya que está por demostrarse de qué depende el que tomemos una u otra posición.

¿Por qué es cuando más hago trabajar mi mente, cuando mi ignorancia se me hace más patente? Y me pregunto, si cuanto más leo, más lerdo me veo, ¿no será esta práctica contraproducente? Porque de seguir con esta cabezonada, podría llegar el día en que no supiese nada. Pero también es cuestionada la infalibilidad de que la incertidumbre cause inseguridad, porque de ser así, ¿por qué la ignorancia da tranquilidad? También pudiera ser, como piensa mucha gente, que el saber procura felicidad, aunque quisiera saber si somos capaces de reconocerla cuando la disfrutamos de verdad.

Sobre la verdad y la mentira, todo un mundo hay por descubrir. Si pienso que una mentira, verdad es, nadie podría acusarme de mentir. Pero también sería de necio suponer, que por creer una mentira, en verdad se fuera a convertir, lo que me lleva a concluir que todo esto es una locura, debido a la incapacidad de distinguir la verdad de la impostura. Pero quizás, no sería mucha vanidad el hecho de pensar que creer ciegamente en una falsedad, terminase transformándola en la más absoluta realidad. Así como que sin duda existirán certezas que ni el más infinito tiempo nos mostrará con toda su crudeza. Claro que esto sólo lo supongo y nunca me enteraré, al igual que tampoco a saber llegaré si la imaginación tiene un alcance o infinita es. Y puestos a indagar, por favor ¡qué alguien me alivie esta tensión! Cómo poder diferenciar la realidad de la ficción.

Por no saber, ni siquiera sé quién soy, lo que soy o lo que un día fui, y esto me intimida, porque lo que es hoy, sólo llego a intuir que desconozco todo lo importante de esta vida. Para mi desdicha, esto es lo único seguro que en mi mente tiene cabida. Tan sólo me mueve un esperanzador anhelo, y es que con el tiempo todo se olvida, aunque algo me dice que también esto sea un camelo.

Así que sólo les puedo ofrecer lo que tengo: infinidad de dudas. Dudas tengo, dudas ofrezco; ya me gustaría a mí poder dar de lo que carezco, pero finita es la mente, y por ello, el conocimiento. Que nadie me culpe, que nadie se lamente, por favor sean clementes y agradezcan el ofrecimiento. Y si de todo lo dicho, nada entienden, vuelvan a leerlo con detenimiento.

La Felicidad. Conclusión

martes, 10 de junio de 2008

Y lo prometido es deuda. Si llego a saber el trabajo que me ibais a dar, me lo pienso. Es broma; ha sido un grato placer realizar esta entrada con la colaboración de todo aquel que haya querido participar. Mi más sincero agradecimiento a todos. Ni que decir tiene que continuaré completando la entrada con todo aquel que desee incorporar algo. Y sin más, ahí va el revelador resultado; hay para todos los gustos:


Julio, de En tu interior : “Para mí la Felicidad o Plenitud la definiría como un estado, interior por supuesto, que me hace exclamar: ¡Así me gustaría vivir todos los días de mi vida y de mil vidas que tuviera!”

Yuria, de Torsiones y Distorsiones: Nos deja un filósofo que le aportó mucha paz en su momento: Epicuro (ver con altavoces conectados). Y un libro, "El monje que vendió su Ferrari" de Robin S. Sharma, éste también le aportó felicidad.

Evan, de Sentado frente al mundo: “... no me daba cuenta de lo que tenía, hasta que lo perdí... por eso hoy abro los ojos, miro para afuera y rescato hasta los gestos más pequeñitos de las personas que me rodean, valoro todo lo que tengo, mis afectos, mis recuerdos, mis libros, mi música, mi trabajo... todos ellos me dan momentitos de felicidad y los disfruto más que antes... Para mí la felicidad es cuestión de actitud y poder rescatar momentos.”

Carlos Eduardo, de El mago de tu corazón: “Si quieres controlar a tu oveja, regálale una pradera ilimitada. La felicidad y la libertad van de la mano.”

Natacha, de Un país en la luna: “Tal vez, la felicidad para mí es la ausencia de tristeza”.

Sauvignona, de Mi mundo... y demás: “La felicidad es una caja con mil sensaciones todas enganchadas... sonrisas explosivas... una cara llena de dientes... y arrugas de tanto hacer muecas de risa... es abrir los ojos grandes... es más, la felicidad es un cuerpo a punto de explotar, donde no cabe tanta alegría!!!! La felicidad es un estado de explosión de sentires varios.”

Alycie, de Asuntos Legales y Científicos: “Cuando el ÚNICO deseo es ser feliz, entonces, se es feliz.”

Fermina Daza, de Íntimo: 1. “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna” Groucho Marx (1890-1977) Actor estadounidense. 2. “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo.” Sigmund Freud (1856-1939) Médico austriaco.

Hada saltarina, de Espiritualidad, Tarot y Meditación: “Una parte de felicidad consiste en la aceptación de la propia naturaleza, porque eso nos impediría mantener deseos por encima de lo que podemos alcanzar. Así que, supongo yo que, puesto que sí tenemos esos deseos y su no realización nos hace infelices, podría estar queriendo decir que nuestra naturaleza es mucho más grande y capaz de lo que aún hemos descubierto.”

Neurotransmisores, de Neurotransmisores blog: “La felicidad la encuentras cuando dejas de buscarla.”

Sibyla, de El blog de Sibyla: “La felicidad, es también una actitud ante la vida y las cosas que nos rodean... En Brasil, un país donde la pobreza abunda, los chicos de las favelas dijeron: ’Somos felices porque aunque no tenemos todo lo que amamos, amamos todo cuanto tenemos’. Ser conformista y no ambicioso, valorar las cosas importantes, que tal vez no sean las cosas materiales.”

Mi despertar, de Recomenzar: “Dicen que el que menos tiene es el que más feliz es....”

Tomás Goic, de La Conciencia No Se Vende: “¿La felicidad es un estado emocional de inconsciencia o una inconsciencia emocional, es decir, se es feliz cuando no se sabe por qué?”

Silvia, de Páginas de la Vida: “Para mí son pequeñas situaciones en la vida, la que te van dando felicidad, y como dice el dicho: No es más feliz el que más tiene sino el que con menos se conforma. A mí me hace feliz, esos días de invierno como los que pronto tendremos aquí, mi hija decide no ir a bailar, y la veo segura en casa, pero viste como son las cosas, nuestra felicidad (de los padres) la hace infeliz a ella, que le gusta salir.”

M. José, de La danza del tiempo y el espacio: “Creo que la felicidad se nos da en esos pequeños momentos de la vida en los que dejamos de forzar las situaciones; pero sobre todo en la relajación y en el abandono; cuando entendemos que nada hay que hacer y entendemos que nada hay que buscar porque reside aquí, cerca de nosotros....muy cerca...”

Joseph Lluís, de La seguridad en nuestro entorno: “Creo que hay tantas felicidades como seres humanos. Cada uno de nosotros la ve de forma diferente. No sé si es porque tenemos el listón a distintas alturas pero, sea como fuere yo lucharé por ser y hacer feliz.”

Luis Miguel de El viaje interior: “La felicidad tal y como la siento es simplemente estar vivo y ser consciente de ello. Intentaré explicarme: Esta alegría no pertenece al mundo ordinario porque no puede ser creada ni provocada. En tal caso sería una felicidad efímera que más tarde o más temprano se convertiría en algún tipo de sufrimiento. ¿Cómo es eso de estar vivo y consciente? Pues mira, sal a la calle, observa un paisaje, cualquier cosa. ¿Ves? Ya no estás allí. Ya no hay Luis Miguel ni Pedro. Ahora sólo existe el mundo dentro de ti. Eso es la felicidad.”

Maya, de La mirada de Maya: “Para mí la felicidad es despertarme y lo primero que ver son los ojos de mi hijo mirándome. La máxima felicidad, es cuando con sus dedos me abre el ojo y me dice: "¿Estás ahí?"”

Doncel, de En mi colina de sueños: “No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.”

Graciela, de Palomas de Papel: “Tal vez sea una forma de observar las vivencias, mirando alrededor, recordando lo pasado como que ya pasó, viviendo el día...eso creo vivir cada día!!!, si al otro día pienso lo bonito del anterior y así sucesivamente.”

Frabisa, de Verdades y Mentiras diarias: “El sumo bien es un alma que desprecia las cosas azarosas y se complace en la virtud”, Séneca.

Anamorgana, de Romántica: “La felicidad para mí es mirar el mar, jugar con mis sobrinos, escuchar música. Acordarme que una vez fui niña y no necesitaba cosas para ser feliz.”

Graciela, de Una mirada al mundo de Graciela: “Considero a la felicidad como algo que está en nuestro interior, y la frase que la define entre tantas que me gusta es esta: ‘Una persona feliz no es una persona en determinadas circunstancias, sino una persona con determinadas actitudes.’ Hugh Downs.”

Runas, de La magia de la runas: “La felicidad es interior, no exterior. Por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.” Henry Van Dyke.

Inmoderadamente moderado: "La felicidad es la búsqueda de la felicidad, el camino. Las pequeñas cosas, mirar el mar, los días de lluvia, una canción, un saludo, una conversación. Felicidad es sentirse vivo. "

Ave Fenice : "la paz y felicidad son dos cosas distintas para mí, la felicidad es para mí, aceptar todo, la paz para mí es, dejar ir todo."

María: "La felicidad existe y vive en todo su expledor mientras hablamos de ella y saboreamos disfrutando de cada minuto que pasa, haciendo que sea justamente ella la única protagonista de nuestros mejores momentos llenándolos de sus incontables y bellas sensaciones."

Alma, de Alma de Otoño: "La felicidad es nuestra, forma parte de nosotros, lo importante es permitirse saborearla y sentirla."

Pilar, de Siempre Violeta: "Me gusta hablar de momentos felices, la palabra felicidad me parece muy grande, difícil, escurridiza e inalcanzable a priori y desde un punto de vista muy terrenal o material. Me siento feliz en mi interior, esa es una felicidad íntima que en muchas ocasiones se refleja en mi gesto, que me hace vivir. Y vivir es muy bonito, aunque conlleve momentos difíciles y duros. Me gusta sentirme feliz por dentro."

María, de Observando: "Felicidad: ausencia de miedo. "

Kukilin, de Escritos y Opiniones de Kukilin: "La felicidad es dar y recibir amor, rodeándonos de afectos solidos y duraderos."

La Felicidad

miércoles, 4 de junio de 2008

A lo largo de estos años he oído y leído montones de descripciones de lo que podría ser la Felicidad. Todas ellas tienen su punto de sabiduría y son dignas de tener en cuenta, no lo dudo. Pero me pregunto hasta qué punto solemos hacer caso de estos profetas de la vida, contemporáneos o remotos, que tanto saben de lo que nos haría feliz a cada uno, procurando aplicar en nuestros quehaceres diarios sus sabios consejos, si es que esto es posible.
Les propongo, con ánimo deleitante más que didáctico, el que cada cual que guste exponga en los comentarios aquella descripción que haya oído, leído o pensado que le parezca más correcta, sensata, ingeniosa,...
Yo me comprometo a escribir un post con todas ellas, enunciando la fuente y el enlace a la persona que la propuso.
Ya saben, pueden ser de cosecha propia o no.

Para comenzar dando ejemplo, yo me quedo con una de las que he leído que quizás sea la más simple, aunque no por ello menos ingeniosa y fácil de llevar a la práctica. Se le atribuye a Buda, aunque a saber de quién la oiría él (claro que eso es lo de menos); dice así:

No hay otra felicidad que la paz interior


Ánimo y no se corten, podría resultar incluso educativo.

Mamá, ¿por qué...?

miércoles, 28 de mayo de 2008

–Mamá, ¿dónde van las estrellas cuando amanece? Y la luna, ¿dónde se esconde?
–Se ocultan tras la cortina de luz que extiende el sol.
–¿Por qué?
–Porque no buscan competir con la belleza del sol. Se conforman con el tiempo que les ha sido concedido.
–Y ¿dónde se va el sol cuando anochece?
–Va a dar luz y calor a otros que también lo necesitan.
–Mamá, ¿por qué no se caen las nubes?
–Porque las sujeta la mano de Dios.
–Mamá, ¿por qué el cielo es azul durante el día?
–Para que siempre sea agradable mirarlo.
–Y de noche, ¿por qué es negro?
–Porque así también podremos ver las estrellas con los ojos cerrados.
–Mamá, ¿es verdad que cuando sea mayor lo entenderé todo?
–No hijo, eso no es verdad.
–Entonces, ¿por qué me dicen los adultos tantas veces que cuando crezca lo entenderé?
–Porque ellos han crecido demasiado deprisa como para recordar aquello que no entendían cuando eran niños.
–¿Y cómo sabré que ya he crecido?
–Cuando empiece a preocuparte la vejez.
–¿A ti te preocupa ya?
–Gracias a ti, sólo a veces.
–Mamá, ¿por qué los abuelos están siempre tan cansados?
–Porque llevan toda su vida trabajando para que tú y yo seamos felices.
–¿Y cómo sabes que somos felices?
–Porque cuando nos miramos, sonreímos.
–Mamá, ¿por qué los vecinos siempre están discutiendo?
–Porque están demasiado ocupados como para escucharse.
–Mamá, ¿por qué los papás de Nicolai tuvieron que ir a buscarlo a otro país?
–Porque los niños no siempre nacéis donde debéis.
–¿Yo nací donde debí?
–Claro que sí.
–¿Y cómo lo sabes?
–Porque aquí hay gente que te quiere.
–Mamá, ¿qué seré cuando sea mayor?
–Espero que lo mismo que ahora, una persona curiosa.
–Mamá, ¿de verdad existe Dios?
–No lo sé, hijo, pero me gusta pensar que sí.
–Pero sólo porque lo pienses no va a existir...
–¿De veras? A veces las cosas sólo existen cuando las pensamos y desaparecen cuando dejamos de pensar en ellas.
–Mamá, ¿tú y yo siempre estaremos juntos?
–Si piensas en mí, sí.
–¿Por qué la gente se muere, mamá?
–Porque es necesario.
–Pero yo no me quiero morir y tampoco quiero que tú te mueras.
–Recuerdo cuando estabas en mi interior que tampoco querías salir, y lloraste mucho cuando los médicos te ayudaron a venir a este mundo. ¿A que ahora te alegras?
–Sí. Pero yo no me acuerdo de lo que quería cuando aún no había nacido.
–Pues lo mismo ocurrirá cuando te mueras.
–¿Entonces papá ya no se acuerda de nosotros?
–Depende; igual que tú me tenías a mí y a los médicos antes de nacer para ayudarte, también tu padre nos tiene a nosotros todavía aquí.
–Pero mamá, ¿a dónde se fue papá después del accidente?
–Ya te lo he dicho, a ninguna parte; él sigue aquí con nosotros.
–¿Y por qué no lo puedo ver?
–Duérmete y lo verás.

¿Cuántas veces las respuestas que se les da a los niños son las más sensatas?
¿Cuántas veces lo niños se cuestionan lo que los adultos no nos atrevemos?
¿Cuántas veces los niños deberían de seguir siendo siempre niños?
¿Cuántas veces los adultos deberían de dejar de ser adultos?

El hombre que perdió la sombra

jueves, 22 de mayo de 2008

Recuerdo con una claridad tenebrosa el día en que comenzó el ocaso de mi vida. ¿Cómo podía ser otra cosa, si tan parecido fue a anteriores pesadillas vividas?
En aquellos sueños de antes, salía a la calle y de inmediato me veía rodeado de miradas acuciantes. Unas divertidas, otras asombradas, las había disimuladas e incluso descaradas, pero todas penetrantes y acertadas, como saetas en sus dianas.
Claro que en ellos, el motivo solía ser bien diferente al de aquella vez: aparecía en mitad de la calle en ropa interior o en completa desnudez.
Algo tremendo... aunque pueril, ante aquella terrible realidad, que terminó transformando en anécdota infantil lo que antaño sería calamidad.
No necesité comprobar que llevaba la bragueta subida o los pantalones puestos, porque como digo, no fue exactamente esto, sino justo lo opuesto.
Aunque en principio me fue imposible identificar el motivo de aquella situación infernal, poco a poco pude adivinar que aquello no parecía real.
Era extraño, nadie llegaba a verme. Cada fulano con el que me cruzaba me obligaba a torcerme, de otro modo el trompazo sería seguro, creedme.
Los primeros que me obligaron a bajar la acera bruscamente, tan sólo me parecieron unos maleducados, como mucho algo dementes, o si acaso un poco despistados, pero nunca intransigentes.
Pero conforme la situación se repetía, mi preocupación aumentaba. Me tocaba la cara, sacudía el pelo, en su sitio todo aparecía, y yo más me perturbaba.
Sin embargo aquel drama no había hecho más que comenzar, hasta entonces sólo me incomodaba la fatalidad de tropezar, nada comparado con lo que aún estaba por llegar.
Lo peor vino a suceder cuando entré en la cafetería, en principio nada que temer, allí a todos conocía, porque yo a la hora de comer no me fío ni de mi tía, y aunque en ésta nunca llegué a desayunar bien, yo más terco bien que insistía.
Era como si fuese completamente invisible. No es que yo hubiese sido anteriormente un tipo irresistible, pero el saludo nunca me lo habían negado, y mi voz de barítono resultaba inconfundible, pidiendo la consabida tostada con el café cargado.
Pero aquel día era como si no existiese, nadie me hacía caso, ni tan siquiera el perro de la entrada ladró a mi paso. No es que me confundiesen, tanto el barman como los clientes me ignoraban, con decir que incluso añoré tiempos pasados, cuando en mi niñez todos me insultaban...
Mi desesperación me hizo olvidar mi habitual prudencia y languidez y empecé a gritarle a todo el mundo, buscando alguna respuesta a tanta estupidez. Todo fue inútil, cada intento iracundo por hallar lucidez, topó con un rostro inmundo que me miraba sin inmutar la tez.
Aquello fue ya el colmo; agotó mi paciencia. Abandoné el bar lleno de ira, y con la mayor violencia, me dispuse a hacer arder en la pira al primer peatón que me ignorase con impertinencia.
No fue necesario. Nada más poner un pie en el asfalto, agitado y sudoroso como me encontraba, con un sol que con un millar de agujas afiladas en la cara me golpeaban, traté de hallar antes refugio y hacia una salvadora sombra me dirigí... y fue entonces cuando en la cuenta caí: ¡Mi propia sombra ya no estaba, cómo es que antes no lo advertí!
Como una pesada losa de granito, la realidad cayó sobre mí. Miré hacia un lado, hacia otro... nada. No estaba allí.
Intuí que aquella anomalía podría ser un posible motivo por el que ser ignorado, pero esto pareció me que ya nunca hubiese importado.
Lo principal entonces consistía en averiguar qué había ocurrido con mi sombra, ¿dónde se metía? Siempre había estado conmigo, para mí era tan cercana..., fiel y perseverante como lo es el sol cada mañana.
Aquel misterio era como una montaña desconocida y lejana, es decir, de él yo nada entendía. Raudo y aterrado acudí a la clínica más cercana. Confiaba en que alguien me lo aclararía. Pero... el problema persistía; nadie se percataba de mi presencia, incluida la cirujana, ya que hembra era la que me daba asistencia.
Por más que yo insistía y la zarandeaba con brusquedad, todo parecía en vano, ella simplemente me apartaba con frialdad, como el que se espanta una mosca en el calor del verano.
Cuando me abandonó la paciencia, cansado y abrumado, decidí desahogar mi impotencia entrando en el excusado. Sin más compañía que la soledad que nunca perseguí, me enfrenté al espejo viejo y deteriorado y... entonces todo lo comprendí: no había perdido la sombra, era ella la que me había encontrado a mí.

¡DIOS NO EXISTE!, lo dice un creyente

miércoles, 14 de mayo de 2008

Hace algunos años llegó a mis manos un libro, para mí, bastante revelador; su título es: Mitos Sumerios y Acadios, de una edición preparada por Federico Lara Peinado. En él aparecen las traducciones de algunas de la miles de tablillas en escritura cuneiforme halladas a finales del siglo XVIII en el territorio que antiguamente se dio a conocer con el nombre de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates del Medio Oriente. Corresponden a la civilización sumeria y acadia, que habitaron esta zona del planeta hasta hace unos tres o cuatro mil años aproximadamente. Estas tablillas se encuentran entre los escritos más antiguos conocidos, ya que los sumerios fueron los precursores de la escritura moderna y, por tanto, la primera civilización de la historia conocida o, por decirlo de otro modo, los inventores de la historia. Todo lo anterior a ellos, pertenece a la prehistoria. Ellos fueron los primeros en dejar por escrito documentos relacionados con su vida, sus leyes, política, costumbres y, como no, con sus creencias religiosas, que es de suponer fueron heredadas de sus antecesores desde tiempos inmemoriales.
En concreto, el libro nos muestra la traducción de algunas tablillas que nos hablan de las creencias religiosas de este pueblo, o sea, su mitología. Entre muchos otros, se nos muestran relatos sobre:
- La creación del cielo y la tierra y de todo lo que en ellos se contiene, incluido el hombre, a partir del barro y la mujer a partir de una costilla del hombre.
- La creación por parte del dios Enki de un lugar donde el hombre podía vivir sin miedo a los animales, un lugar sin terror. Pero Enki descubrió un comportamiento inadecuado en los humanos y los expulsó.
- Las luchas fraternales entre el pastor Dumuzi, dios del ganado, y el labrador Enkimdu, dios de la agricultura, los cuales se enfrentan por el amor de la diosa Inanna. O los dioses Emesh y Enten, que inicialmente fueron encargados por Enlil , uno de las cosechas y la agricultura y otro de los animales y el ganado, pero que tuvieron una gran disputa. Un problema parecido hubo entre Ashnan (diosa del grano) y Lahar (diosa del ganado); después de una borrachera se pelearon y Enlil y Enki tuvieron que mediar entre ambos.
- Ziusudra (Utnapishtim para babilonios o Atrahasis para acadios), que fue avisado por el dios Utu de un gran diluvio que los dioses mayores provocarían durante 7 días y 7 noches para acabar con el hombre, hartos como estaban del comportamiento ruidoso de éstos. Entonces, Ziusudra creó un gran barco donde guardó ejemplares de semillas y animales que volvió a liberar una vez hubieron bajado las aguas, no sin antes cerciorarse soltando primero una paloma y un cuervo (según versión acadia).

Para mí, el hallazgo de estos valiosísimos documentos suponen la prueba irrefutable de que la Biblia, y más concretamente los libros del Génesis, son pura mitología. Teniendo en cuenta que estos primeros libros de nuestras Sagradas Escrituras son el pilar fundamental sobre el que se sostienen las tres principales religiones monoteístas del planeta y la enorme influencia que éstas siguen teniendo en los devenires de la historia, me parece de crucial importancia que este antiguo descubrimiento sea más divulgado públicamente de lo que ha sido. De hecho, yo di con ellos por pura casualidad.
¿Por qué en los colegios y universidades nos enseñan con todo lujo de detalles toda la mitología grecorromana y no la sumeria o la semita anterior a la Biblia que es más antigua y, por tanto, debiera ser más interesante? Mi respuesta es por la relación tan directa que existe entre ellas y nuestras creencias religiosas, como demuestran los relatos anteriores, que, como digo, tan sólo son una muestra.
De hecho, según dice la Biblia, Abraham procede de la ciudad de Ur, una de las más importantes ciudades sumerias, con lo cual es de suponer que cuando huyó de ella a finales del II milenio a. C., llevase consigo todos estos conocimientos y creencias de su pueblo, que no serán más que una continuidad de la mitología perteneciente a las civilizaciones anteriores.
Y si continuamos en el tiempo hacia delante, podemos darnos cuenta como nuestras religiones siguen esa continuidad lógica. En el cristianismo, sobretodo, se dan muchas similitudes con aquellas otras politeístas de la antigüedad. También ellos tenían un dios y una diosa para cada ciudad, con sus templos y cultos específicos, igual que aquí, donde cada pueblo o ciudad posee su patrón y su patrona particular, con sus imágenes, iglesias, festejos, etc. propios de cada uno.
Me da por pensar que si, dentro de diez o quince mil años aún existen humanos conocedores de su historia, a nosotros nos relacionarán directamente con los sumerios de hace más de cinco mil años, al igual que nosotros relacionamos a éstos con los acadios o relacionamos a los griegos con los romanos de la era precristiana. Curioso, ¿verdad? Es para ponerse a pensar.
Por cierto, no es mi deseo quitar las ganas a nadie de leer la Biblia, yo lo hice y no me arrepiento, es más, se lo aconsejo a todo el mundo; es una lectura muy educativa y aleccionadora, sabiendo siempre a qué atenerse. Si leemos y nos gustan los clásicos griegos y latinos y aprendemos con sus mitos y leyendas, por qué no podríamos aprender también de nuestra mitología, que también es nuestra historia y raíces. Además, que el Génesis de la Biblia sea una farsa, no quiere decir que no pueda existir un Dios, o unos dioses, todopoderosos y creadores. Me temo que eso es algo que nunca podremos saber con certeza, lo que abre un amplio abanico de posibilidades. Algo muy interesante también.

Se acordaron de mí: