martes, 22 de julio de 2008
Uno de los preceptos por los que rijo mi vida es: no hay nada, ABSOLUTAMENTE NADA, lo suficientemente importante en esta vida como para tener que preocuparse.
Ustedes dirán que eso es imposible; existen multitud de problemas de los que nadie nos libramos. Y así es, todos tenemos problemas, la vida no es nada fácil. Pero no hay que preocuparse por los problemas, más bien hay que OCUPARSE de ellos, y cuanto antes mejor, así nos los quitaremos de encima lo más pronto posible. Las preocupaciones no tienen utilidad práctica alguna, más bien todo lo contrario, son una fuente de problemas para la salud, por ello hay que intentar evitarlas en la medida de lo posible. Como escribió el experto en filosofía taoísta, Daniel Reid:
“La preocupación es un derroche de energía innecesario, que no logra absolutamente nada y sólo sirve para oscurecer los fines últimos. La preocupación refleja indecisión, falta de confianza y miedo al fracaso, y perturba por completo la armonía de cuerpo, aliento y mente. Esto resulta evidente cuando se tiene en cuenta que cualquier preocupación hace que la respiración se vuelva rápida y superficial y provoca la inmovilidad del diafragma. Pero la preocupación es una de las emociones más difíciles de someter a control, sobre todo en esta época moderna de tensión crónica, constante insatisfacción con la propia suerte e incertidumbre espiritual. La cuestión puede resumirse así: haga algo o no lo haga, pero no se preocupe constantemente por los resultados. En vez de preocuparse por el dinero, el matrimonio, la fama, el éxito y demás, un adepto taoísta toma las medidas necesarias para obtener lo que desea o se olvida por completo del asunto y dedica su atención a otras cosas más importantes.”
Ante cualquier problema, sólo caben dos alternativas: solucionarlo o, si no podemos hacer nada, resignarse y aprender a vivir con él. De nada sirve preocuparse. Muchas personas tienen la manía de preocuparse por cosas que creen que pueden pasar, pero que no han pasado y, en la mayoría de ocasiones, no pasarán nunca. Y sin embargo viven constantemente preocupados, con todo el estrés y la intranquilidad que ello conlleva. Una preocupación exagerada termina eliminando la alegría y el entusiasmo.
Es cierto lo de que «hombre prevenido vale por dos»; es bueno prever los posibles problemas para así poder atenuar sus consecuencias; pero eso no tiene nada que ver con el hecho de estar constantemente preocupados por ellos. Como ya he dicho, ante un problema o posible problema lo que hay que hacer es actuar, si en verdad queremos solucionarlo o que no nos coja desprevenidos. Con una preocupación excesiva e innecesaria lo único que conseguimos es debilitar nuestra salud, desperdiciar energía y, con el tiempo, entrar en una espiral de negatividad y pesimismo de la cual es muy difícil salir. Además de hacernos la vida más desgraciada a nosotros, se la hacemos también a las personas de nuestro entorno, a los que estamos continuamente atosigando con nuestras obsesiones.
Hablando de problemas, me gustaría recordarles que éstos raras veces se solucionan solos. Lo que intento decirles es que si tienen un problema que les preocupa u obsesiona demasiado, no arreglarán nada quejándose o quedándose quietos esperando que se solucione solo o que otro lo solucione por ustedes. Lo mejor y más inteligente es ponerse manos a la obra cuanto antes, ya que los problemas, por norma general, suelen seguir una regla bastante molesta, y es que si no se solucionan, con el tiempo tienden a agravarse, con lo que cada día resulta más complicado solventarlo llegando incluso un momento en que puede que no tenga solución.Además, para solucionar un problema para siempre es necesario averiguar primero su causa raíz; esto puede parecer una obviedad, pero lo digo porque estoy harto de ver como se intentan solucionar problemas graves por atajos más rápidos, lo que todos conocemos por «hacer una chapuza». De esta forma lo único que se consigue, y sólo a veces, es ganar un poco de tiempo y retrasar sus consecuencias, sin tener en cuenta que este tiempo ganado puede servir también para agravar aún más el problema, con lo cual nos costará más trabajo solucionarlo cuando vuelva a surgir. El estudio de la sabiduría puede sernos de mucha utilidad a la hora de averiguar cuales son estas causas raíces y, por supuesto, para evitarlas o atajarlas a tiempo.
Ustedes dirán que eso es imposible; existen multitud de problemas de los que nadie nos libramos. Y así es, todos tenemos problemas, la vida no es nada fácil. Pero no hay que preocuparse por los problemas, más bien hay que OCUPARSE de ellos, y cuanto antes mejor, así nos los quitaremos de encima lo más pronto posible. Las preocupaciones no tienen utilidad práctica alguna, más bien todo lo contrario, son una fuente de problemas para la salud, por ello hay que intentar evitarlas en la medida de lo posible. Como escribió el experto en filosofía taoísta, Daniel Reid:
“La preocupación es un derroche de energía innecesario, que no logra absolutamente nada y sólo sirve para oscurecer los fines últimos. La preocupación refleja indecisión, falta de confianza y miedo al fracaso, y perturba por completo la armonía de cuerpo, aliento y mente. Esto resulta evidente cuando se tiene en cuenta que cualquier preocupación hace que la respiración se vuelva rápida y superficial y provoca la inmovilidad del diafragma. Pero la preocupación es una de las emociones más difíciles de someter a control, sobre todo en esta época moderna de tensión crónica, constante insatisfacción con la propia suerte e incertidumbre espiritual. La cuestión puede resumirse así: haga algo o no lo haga, pero no se preocupe constantemente por los resultados. En vez de preocuparse por el dinero, el matrimonio, la fama, el éxito y demás, un adepto taoísta toma las medidas necesarias para obtener lo que desea o se olvida por completo del asunto y dedica su atención a otras cosas más importantes.”
Ante cualquier problema, sólo caben dos alternativas: solucionarlo o, si no podemos hacer nada, resignarse y aprender a vivir con él. De nada sirve preocuparse. Muchas personas tienen la manía de preocuparse por cosas que creen que pueden pasar, pero que no han pasado y, en la mayoría de ocasiones, no pasarán nunca. Y sin embargo viven constantemente preocupados, con todo el estrés y la intranquilidad que ello conlleva. Una preocupación exagerada termina eliminando la alegría y el entusiasmo.
Es cierto lo de que «hombre prevenido vale por dos»; es bueno prever los posibles problemas para así poder atenuar sus consecuencias; pero eso no tiene nada que ver con el hecho de estar constantemente preocupados por ellos. Como ya he dicho, ante un problema o posible problema lo que hay que hacer es actuar, si en verdad queremos solucionarlo o que no nos coja desprevenidos. Con una preocupación excesiva e innecesaria lo único que conseguimos es debilitar nuestra salud, desperdiciar energía y, con el tiempo, entrar en una espiral de negatividad y pesimismo de la cual es muy difícil salir. Además de hacernos la vida más desgraciada a nosotros, se la hacemos también a las personas de nuestro entorno, a los que estamos continuamente atosigando con nuestras obsesiones.
Hablando de problemas, me gustaría recordarles que éstos raras veces se solucionan solos. Lo que intento decirles es que si tienen un problema que les preocupa u obsesiona demasiado, no arreglarán nada quejándose o quedándose quietos esperando que se solucione solo o que otro lo solucione por ustedes. Lo mejor y más inteligente es ponerse manos a la obra cuanto antes, ya que los problemas, por norma general, suelen seguir una regla bastante molesta, y es que si no se solucionan, con el tiempo tienden a agravarse, con lo que cada día resulta más complicado solventarlo llegando incluso un momento en que puede que no tenga solución.Además, para solucionar un problema para siempre es necesario averiguar primero su causa raíz; esto puede parecer una obviedad, pero lo digo porque estoy harto de ver como se intentan solucionar problemas graves por atajos más rápidos, lo que todos conocemos por «hacer una chapuza». De esta forma lo único que se consigue, y sólo a veces, es ganar un poco de tiempo y retrasar sus consecuencias, sin tener en cuenta que este tiempo ganado puede servir también para agravar aún más el problema, con lo cual nos costará más trabajo solucionarlo cuando vuelva a surgir. El estudio de la sabiduría puede sernos de mucha utilidad a la hora de averiguar cuales son estas causas raíces y, por supuesto, para evitarlas o atajarlas a tiempo.