Reflexiones de una cigüeña 3ª parte

viernes, 12 de diciembre de 2008


Por cierto, me pregunto cómo encontraremos esta temporada nuestro nido. Normalmente suele acabar bastante maltrecho tras la estación invernal. Supongo que, como de costumbre, tendremos que dedicar los primeros días a rehacerlo. En el Norte no suele haber problemas por anidar, allí abundan las construcciones altas y robustas fabricadas por los humanos; lo difícil es encontrar un lugar tranquilo y alejado de ruidos. El nuestro se ubica sobre uno de esos que utilizan para reunirse muchos de ellos en días determinados. No sé qué harán dentro. Mi pareja suele decir que se ocultan del Cielo y de la Tierra para que éstos no los oigan conspirar contra ellos.
Lo que sí que suele ser difícil por allá arriba es la alimentación. Cada año resulta más complicado hallar parajes naturales donde poder encontrar sabrosos y confiados reptiles que llevar al estómago. No es de extrañar que muchos de los nuestros se hayan resignado a acudir a esos inmundos sitios donde los humanos echan sus desperdicios para poder comer algo y, sobretodo, poder alimentar a sus crías. Como dije al principio, también nosotros tendremos que acostumbrarnos tarde o temprano a rebuscar entre la basura, qué remedio.
Lo lamento mucho por nuestros polluelos; al menos nosotros hemos tenido la envidiable oportunidad durante nuestras vidas de disfrutar de largas temporadas con temperaturas suaves y agradables, anidar en lugares salvajes y maravillosos, colmarnos con abundante y suculenta comida, saciar nuestra sed con agua fresca y limpia, respirar aire puro y libre de polución y gozar de una paz y una tranquilidad que por día se echa más de menos. Los que nos sigan tendrán que habituarse desde el día de su nacimiento a llevar esta penosa vida a la que los humanos nos han conducido, entre ruidos, humo, aire viciado, basura, aguas putrefactas y comida muerta. Lo ideal sería no mostrarles en ningún momento estos parajes idílicos y naturales del Sur que aún van quedando, de esa forma nunca podrán echarlos de menos cuando desaparezcan del todo. No me extrañaría en absoluto que también estos seres bípedos sean los responsables de que cada temporada estival sea más tórrida y seca por estos lugares. Aunque pensándolo bien, creo que estoy exagerando, es imposible que dispongan de facultades tan increíbles como para poder controlar también el medio ambiente hasta esos extremos.
Debe de ser humillante para algunas de las especies depredadoras que habitan por aquí cerca, mucho más fuertes y poderosas, el verse dominadas y obligadas a vivir en espacios reducidos y controlados, por estos otros más débiles y frágiles. Supongo que de no ser por esas potentes varas que poseen, capaces de escupir fuego y matar al instante a cualquier ser vivo que se les oponga, o simplemente se les antoje, no les irían tan bien las cosas. Lo sorprendente es que las utilicen incluso contra ellos mismos, como en muchas ocasiones hemos podido comprobar por estos parajes. Claro que gracias a ese incomprensible comportamiento, las demás especies gozamos por aquí de una mayor libertad y tranquilidad, y de más lugares salvajes donde poder establecernos y alimentarnos. De no ser así, ocurriría como en el Norte, terminarían acaparándolo todo para ellos, expulsando al resto de las especies u obligándolas a adaptarse a su ambiente. A veces, la Madre Naturaleza tiene formas extrañas de establecer su dominio.
En fin, será mejor que vaya al encuentro de mi pareja; debe de andar desesperada buscándome. También ella se resiste a abandonar este sitio. Es comprensible. Pero el calor asfixiante y la escasez de agua limpia son insoportables para cualquier ser vivo. Pronto estaremos volando por el infinito cielo, sin que exista en el mundo nada ni nadie que nos lo pueda impedir. El viaje será largo y cansado, como de costumbre, pero nosotros disfrutaremos como siempre lo hemos hecho, viendo bajo nuestras cabezas como van quedando las montañas, los ríos, los bosques y los mares. También ellos sonreirán al vernos pasar, y dirán “volad, volad, que cuando vuestro tiempo acabe, nosotros seguiremos aquí, imperturbables, viendo pasar a otros como vosotros que habrán perdido para siempre vuestro recuerdo y vuestra memoria, tal y como os ocurre a vosotros con los que os han precedido”.
Así es; aunque estoy seguro de que también a ellos les llegará algún día el final de su tiempo, porque algo me dice que, en este mundo, desde lo más ínfimo y pequeño hasta lo más grande y poderoso, todo lo creado bajo el Cielo tiene un principio y un fin, al igual que un propósito que cumplir durante sus días. Nuestra Madre Naturaleza nos ha colocado a cada uno de nosotros sobre esta tierra con unas sabias intenciones que sólo Ella conoce y, de la misma manera, también Ella se encargará de hacernos desaparecer cuando lo crea conveniente. De ahí lo importante que es para todos llevarnos bien con todo lo que nos rodea e intentar seguir el curso que nos marcan las leyes establecidas desde el principio de los tiempos por nuestra Progenitora, con sus ventajas e inconvenientes, ya que sólo así lograremos realizar con éxito la finalidad para la que hemos sido engendrados, y nuestra Madre será, por tanto, benévola con nosotros, amparándonos en su seno, dándonos cobijo, alimentos y protección y, sobretodo, proporcionándonos el bien más preciado a que cualquier criatura puede aspirar: la libertad, algo que sólo es posible conseguir siendo respetuoso con el medio ambiente y con todas las criaturas que en él habitan, y viviendo con la mayor humildad y sencillez que nos permita nuestra condición.
De lo contrario, es seguro que nuestro final será trágico y prematuro, porque, como ya he dicho, la Naturaleza es vengativa y despiadada con aquellos que se enfrentan a su infinito poder, y resulta imposible escapar a su ira ni evitar su castigo una vez que la tenemos en contra.
Así es que, con toda probabilidad, mañana partiremos hacia el Norte, ya que así es como debe ser. Allí es donde tendremos y criaremos a nuestros polluelos, como siempre ha sido, al igual que en su día hicieron nuestros padres con nosotros y, espero, algún día hagan nuestras crías con los suyos. Claro está, siempre que a nuestra Madre Naturaleza le parezca bien.


Fin

Reflexiones de una cigüeña 2ª parte

martes, 9 de diciembre de 2008

Enlace con la 1ª parte.

Apenas va quedando agua clara en esta charca; se acerca la hora de levantar el vuelo. Me pregunto cómo se las arreglarán durante la época calurosa las hembras humanas que acuden hasta aquí al levantar el sol a recoger el agua que necesitan para vivir. Supongo que tendrán que dirigirse hacia otros lugares más alejados. Hay que reconocer que tienen mérito; con lo fácil que sería trasladarse a donde abunden más recursos, como hacemos nosotros. Claro que ellos no lo tienen tan fácil, la Naturaleza no les ha proporcionado las formidables facultades con las que contamos nosotros. De hecho suelen intentarlo a menudo; cada vez que volamos sobre el profundo océano al terminar una estación y comenzar otra, nos convertimos en testigos de excepción al comprobar como muchos de ellos intentan seguirnos por mar, sobre frágiles trozos de madera de árbol en forma de cascarón. La mayoría suelen perecer en el intento, cayendo al agua y ahogándose, terminando así con una penosa existencia. Siento una impotencia terrible al verlos luchar con desesperación contra las olas y la muerte, sabiendo sobradamente que no tienen esperanza alguna de sobrevivir. Es lo que ocurre cuando se intenta vencer a la Madre Naturaleza con tan escasa preparación.
Pobres; siento mucho lástima por ellos. Es entonces cuando me doy cuenta de lo afortunado que somos al disponer de los medios adecuados para huir del hambre y poder dejar atrás la desesperada lucha por la supervivencia. Algún día también ellos podrán hacerlo.
Siempre me quedará la duda sobre qué fortuna les esperará a los que consiguen llegar al otro lado. Pienso que se deben de llevar una gran desilusión al ver el lugar donde se han metido y, para colmo, no creo que les queden muchas ganas de volver a su tierra después de una travesía tan arriesgada y peligrosa. Para nosotros es diferente, siempre tendremos nuestros nidos esperándonos, e incluso algunos más, ya que por día vamos quedando menos. Pero lo de ellos es una locura totalmente incomprensible, sólo viajan desde el Sur hacia el Norte, con lo que, tarde o temprano, allá arriba terminarán de forma irremediable con los recursos que tengan para vivir, por no contar con el poco espacio que les va quedando. Nunca lo entenderé.
Lo curioso es que en los lugares donde no necesitan desplazarse porque abunda el agua y los alimentos, son capaces de construir fuertes y robustas máquinas con las que viajar por todo el ancho mundo, tanto por los aires como por el océano, aunque no las necesiten. Quizás es que al estar mejor alimentados sean también más habilidosos, o quizás sea que mi pareja tenga razón y los de aquí sientan que les falta el tiempo como para ponerse a fabricar costosas máquinas, que les llevaría a desperdiciar muchos recursos que no poseen.
No lo sé, pero sea como fuere es penoso comprobar cómo unos seres pierden la vida por buscar algo que tantos otros poseen y no aprovechan. Me refiero a la libertad de poder desplazarse por donde quiera y sin embargo elegir para vivir un lugar ruidoso, mugriento y contaminado, en el que apenas se puede respirar, en vez de marcharse a cualquier otro más limpio, donde el aire sea fresco y puro y la Naturaleza, en todo su esplendor, ofrezca gratuitamente todo aquello que se puede necesitar para llevar una existencia pacífica y confortable, hasta el fin de nuestros días. Nosotros somos muy afortunados al no necesitar construir nada para vivir libre y cómodamente, aparte de nuestros nidos, claro está. Estas criaturas humanas deben soportar una pesada carga teniendo que estar continuamente fabricando cosas para poder vivir medianamente bien; al menos nuestra Creadora ha sido complaciente con ellos dotándolos de habilidades manuales mientras no adquieren la inteligencia necesaria para aprender a subsistir libres de agotadoras obligaciones, como en su día hizo con el resto de especies vivas que pueblan la Tierra.
Como dije antes, será cuestión de tiempo que la Madre Tierra los dote de la suficiente inteligencia como para poder sobrevivir a ellos mismos. Sin duda alguna debe ser una especie nueva en este planeta y aún no ha transcurrido el tiempo necesario para que desarrollen la capacidad de aprendizaje y el instinto que el resto de los seres que poblamos el mundo poseemos desde tiempos inmemoriales. No me cabe la menor duda de que algún día aprenderán a reproducirse de forma sensata y controlada, como todos hacemos, eligiendo la mejor época del año para hacerlo y el número de crías justo y necesario. Algún día comprenderán que la mejor manera de dominar el mundo no consiste en aumentar indefinidamente la cantidad de individuos, sino en guardar en todo momento la justa proporción entre personas, espacio y recursos.
Aunque pensándolo bien, ¿quién necesita dominar el mundo? Afortunadamente, el resto de las especies aprendimos hace tiempo que es inútil e innecesario intentar prevalecer sobre el resto, ya que nuestra Creadora siempre termina demostrando su poder y poniendo a cada uno en su sitio. Es mucho más ventajoso para todos adaptarse e integrarse en el planeta, con sencillez y humildad, confiando en que la Madre Naturaleza provea, como siempre ha hecho. Espero que estos humanos aprendan pronto esta importante lección, antes de que sea demasiado tarde para nosotros y para ellos mismos. De hecho, para muchos ya lo ha sido, aunque supongo que eso forma parte del aprendizaje. Nuestra Madre es dura e implacable con todos aquellos que se le oponen e intentan conquistarla, pero también es justa y comprensiva, y algún día les enseñará quién manda aquí y los acogerá gustosamente con los brazos abiertos.
Lo que soy incapaz de entender es cómo es posible que se reproduzcan con tanta facilidad, teniendo en cuenta la forma tan brutal y desagradable con que han sido dotados para el apareamiento. Ayer tuve la oportunidad de observar de nuevo una de estas violentas uniones; ocurrió cuando una de sus hembras de piel oscura se acercaba a recoger agua como de costumbre y varios machos, cubiertos del color de la vegetación, le cortaron el paso y la montaron uno detrás del otro, mientras ella gritaba y lloraba desconsoladamente, al tiempo que se agitaba compulsivamente intentando librarse de ellos. No lo puedo entender; los machos no pierden el tiempo luchando entre ellos por ella para demostrar quién es el más fuerte, ni realizando un pequeño cortejo de acercamiento o algo parecido; simplemente la toman a la fuerza aprovechando su mayor número y luego la abandonan a su suerte, después de haber sido fertilizada por todos, de esa forma se aseguran la reproducción. Eso si la futura madre consigue sobrevivir, porque el estado en el que la dejan no parece muy saludable. Es la única especie que conozco en la que el macho no se preocupa de que sea su descendencia la que prevalezca sobre el resto. Es otra muestra más de lo que decía antes: para ellos es más importante la cantidad de individuos que la calidad de los mismos. Sin duda es una especie extraña y llena de contradicciones.También en el Norte parece que esto es diferente. Será porque allí no abundan tanto los machos cubiertos del color de la vegetación, al contrario de lo que ocurre por aquí. Éstos parece que son los dominantes dentro de la especie, no porque sean más fuertes, sino porque poseen esos artilugios atronadores que fabrican, y que les permite decidir quien vive y quien muere. O quizás sí que sea igual, sólo que al estar todos sus refugios cerrados no podamos verlo.


Continuará...


Sí, ya sé que prometí sólo dos partes, pero como sé que algunos tienen el tiempo muy justo y el texto es demasiado largo, he decidido dividirlo en una más. Rectificar es de sabios.

Y mañana... llegó

domingo, 7 de diciembre de 2008

Como recordarán, mi entrada anterior terminaba con un “mañana... ya veremos.”, pues bien, ese mañana ya ha llegado, y como no podía ser de otra manera ha llegado con una sorpresa muy agradable y totalmente inesperada. Algo que me ha quitado por completo el enfado y la impotencia y me ha vuelto a dar esperanzas en el ser humano, en nosotros. Alguien a quien no conozco en persona, y quien no me conoce a mí tampoco, me ha hecho un regalo que me ha llegado al alma, a lo más profundo, allá donde sólo llegan las cosas que se envían con el corazón y de forma totalmente sincera y desinteresada. Esta persona es nuestra amiga Paola Ippólito, que me ha ofrecido, con toda la generosidad que la caracteriza y pensando en mi futura paternidad, un poema que en su día le escribió a su hija y que ahora ha querido compartir conmigo, con todos nosotros. Lo podrán ver en el lateral derecho de su blog, aunque aquí lo reproduzco yo con su permiso.

MEMORIA ACUATICA

Te siento entre mis brazos y quiero cobijarte
eres así de frágil y de fuerte,
como la más azul de las contradicciones

Yo soy tuya, pequeña, cuando me necesites.
Venero cada instante que miras en mis ojos
y parece que hablaras.

Retengo en mi memoria el color de tu alma,
regreso a la acuática memoria de las profundidades.

Vibra el latido en mis refugios,
intento descubrir la esencia de mi karma
y estás ahí, presente, vulnerable,
esfumando los muros del silencio,
deshaciendo los límites de aquel mandala tibio
sumergido en las aguas cósmicas del tiempo,
explotado en colores y acuarelas,
bordado de plegarias y secretos.

PAOLA IPPOLITO

Como ya te he dicho, Paola, amiga, es imposible agradecértelo como mereces, sólo puedo ofrecerte mi amistad sincera, al igual que se la ofrezco a todas aquellas personas de buena voluntad y más grande corazón que pasan por aquí, por mi casa, dejando su imborrable huella en mi alma y demostrándome con toda la razón del mundo que no llevo razón cuando digo que todo es inútil, que no tenemos remedio, porque sí que lo tenemos y aquí está la prueba, en todos ustedes, en que jamás haya tenido que leer un comentario desafortunado o malintencionado, en que todos los días corra como un niño a abrir el correo para comunicarme con mis amigos, con mi gente querida.
Sé que no suelo prodigarme mucho en sentimientos hacia los demás, así que aprovecho ahora para que quede aquí constancia de mi más profunda admiración y respeto por todas aquellas personas que cada día se sientan delante de su PC para dejar un mensaje de paz, de amistad, de comprensión, de justicia, de fuerza, de valor,.... lanzándolo a todo el mundo con la mejor de las intenciones y sin esperar nada a cambio, a parte de un poco de satisfacción personal que a nadie hace daño. A todos ellos, conocidos y desconocidos, a todos ustedes, a los que me leéis esporádica o asiduamente, a los que os leo con mayor o menor frecuencia (ojalá tuviese más tiempo), a todos, muchísimas gracias.
Las cosas que me has hecho decir, Paola, amiga, no sé si podré perdonártelo... o si algún día podré agradecértelo de verdad.

Un fortísimo abrazo para todos acompañado de un sonoro beso para todas.

La cigüeña tendrá que esperar

viernes, 5 de diciembre de 2008


Pues sí, mi amiga la cigüeña tendrá que esperar un poco, sólo unos días, no será mucho, antes tendrá que dejarme a mí decir algo, porque hoy me he levantado enfadado, ¡muy enfadado! Enfadado con esta mierda de sociedad de consumo capitalista y corrupta hasta la médula en que nos ha tocado vivir, capaz de humillar y de pisotear incluso al más indefenso de todos los seres humanos, esta sociedad asquerosa que entre todos estamos creando, aunque algunos colaboran más que otros, esta sociedad que hace que me sienta impotente del todo ante tanta injusticia, ante tanta barbarie sin sentido, estoy muy cabreado porque sé que podemos hacerla temblar, pero temblar de verdad, desde los cimientos, y no desde arriba, como suele suceder normalmente, cayendo a plomo y aplastando a los de siempre, a los desamparados, a los indefensos, a los que la sustentan, y volviéndose a levantar de nuevo sobre los mismos cimientos que van quedando y sobre los escombros del anterior edificio, más sólido y consistente si cabe, no, no, esto no es lo que yo quiero, porque esto ya me lo conozco, ya sé donde acaba, de vuelta al principio, a donde mismo, yo quiero derribarlo desde abajo, para poder empezar de cero, porque es la única manera... la única, porque somos nosotros sus cimientos, nosotros, panaderos, albañiles, electricistas, empleados de comercios, funcionarios, fontaneros, jardineros, agricultores, ganaderos, jubilados, amas de casa,... nosotros, pobres trabajadores de a pie, los que cargamos sobre nuestras maltrechas espaldas todo el peso de este putrefacto edificio que se hace llamar sociedad, sólo necesitamos unir nuestras fuerzas, proponérnoslo seriamente, querer hacerlo, decir basta ya, trátenme con dignidad, soy un ser humano, como vosotros, tengo derechos, no soy un cobaya con el que experimentar, con el que jugar a ser dioses, no podemos seguir permitiendo que la sanidad pública y privada siga creando enfermos crónicos, dependientes de miles y miles de medicamentos de por vida, tan sólo para enriquecer a unos cuantos seres inhumanos y malnacidos, subvencionando a la industria tabacalera con la pobre excusa de los puestos de trabajo, ¡a la mierda los puestos de trabajo!, fabricando y vendiendo armas al mejor postor, o al peor impostor, no podemos continuar dejándonos seducir tontamente por ofertas absurdas de artefactos que sólo terminarán haciéndonos la vida más complicada y convirtiéndonos en más esclavos de lo que ya éramos, estoy harto de que me atosiguen a todas horas con llamadas telefónicas ofreciéndome cosas que no he pedido, que no necesito, abarrotando mi pequeño buzón de cadáveres de árboles donde me dicen lo que debo vestir, lo que debo comprar,... por favor, no lo consientan, despierten, abran los ojos, hay alternativas más baratas, más sanas y, sobretodo, más eficientes, aléjense de las multinacionales, de las televisiones, de los periódicos oficiales, u oficiosos, de los bancos, de las agencias de seguros, de los grandes centros comerciales,... ellos son el enemigo, ellos son el sistema, ellos no piensan en nadie, sólo en el vil capital... sólo en eso, y nada más, no se dejen engañar, ya hemos sufrido bastante, ya nos han manipulado lo suficiente, basta ya, basta de incidir con tanta saña en los cerebros de nuestros hijos, basta de hipotecarles la vida con un cuerpo débil y enfermizo y una mente trastornada y neurótica, que nos dejen decidir por nosotros mismos, es lo único que pido, lo único que deseo, pero no puedo solo... no puedo, ¿tanto es desear morir dignamente? ¿tanto es pedir gobernar en nuestro propio cuerpo y en nuestra propia mente? ¿tanto es querer ser libre sin dañar a nada ni a nadie? Ya no aguanto más, si callo reviento, sé que todo esto es inútil... todo inútil.
Ya no molesto más.

No se preocupen, nuestra querida cigüeña volverá en unos días con su monólogo pausado y reflexivo, ella es más inteligente, no nos conoce a fondo, sólo desde las alturas, mejor para ella.... morirá feliz.

Hoy más que nunca pienso que Existir es Resistir, mañana.... ya veremos.

Reflexiones de una cigüeña 1ª parte (de 2)

martes, 2 de diciembre de 2008

El calor empieza a ser asfixiante. Pronto tendremos que abandonar este apacible lugar e iniciar el viaje hacia el tumultuoso Norte, donde las temperaturas estarán comenzando a ser más agradables y el hielo nocturno habrá quedado atrás. Muchos de los nuestros han partido hace días; supongo que serán aquellos que vuelan hacia lugares más lejanos, en busca de un clima más suave donde poder anidar y criar a sus polluelos cómodamente y con tiempo suficiente para que éstos crezcan y se desarrollen antes de la llegada de la cruda estación invernal. Lo cierto es que cada temporada somos menos los que regresamos al Sur; muchos son los que se han establecido permanentemente en las tierras altas debido a que cada año parece que se alarga más el estío, y consideran que no merece la pena un viaje tan largo y peligroso tan sólo para unas pocas lunas. En verdad, mi pareja y yo nos lo hemos planteado en ocasiones, pero este sitio es tan hermoso y tranquilo que nos cuesta no volver durante las temporadas menos calurosas. Lamentablemente, cuando tengamos más edad, también nosotros tendremos que buscar un lugar cálido y confortable al Norte donde terminar nuestros días. O quizás antes, ya que por aquí las aguas son cada año más escasas; si continúa así llegará el día que no podamos volver, como ha ocurrido ya en otros lugares cercanos, donde en años anteriores nos reuníamos una cantidad considerable de congéneres y de otras especies y a ninguno nos faltaba el agua y el alimento.
Cuando pienso en el pasado siempre lo recuerdo con alegría y nostalgia. Al mirar atrás en el tiempo, me doy cuenta de todo lo que ha cambiado a nuestro alrededor en pocos años. Conforme pasa el tiempo, parece que la vida se vuelve más triste y gris. La supervivencia no es fácil. Me apena mucho el comprobar como la mayoría de los nuestros se han habituado a alimentarse en los sucios y pestilentes vertederos de los humanos, olvidando por completo el delicioso sabor de las tiernas culebras que reptan confiadamente por la espesa vegetación o de los pequeños e indefensos anfibios que abundaban antiguamente en las charcas, por no hablar de las escurridizas anguilas y pececillos casi imposibles de encontrar allá arriba. Me temo que pronto irremediablemente también nosotros tengamos que acudir a esos sucios lugares para poder comer algo.
Llegará el día en el que tengamos todos que habituarnos a ver nuestro brillante plumaje, negro y grasiento, impregnado de ese repugnante y nocivo humo que emerge sin cesar de las ruidosas máquinas que utilizan los humanos para desplazarse. Pobres criaturas. Es curioso, con ellos ocurre justamente lo contrario, los que habitan por estos parajes más limpios y puros tienen la piel oscura y polvorienta, mientras que, paradójicamente, los que viven bajo el cielo contaminado y sucio del Norte, la tienen clara y sin mancha; claro que suelen ir siempre bien cubiertos con vivos colores, quizás sea por eso.
Cuando pienso en la existencia que llevan estos seres tan complejos, siento mucha lástima por ellos. Se me ocurre que quizás, en algún remoto día, nosotros fuimos como ellos, antes de que la Naturaleza nos proporcionase estas poderosas alas con las que podemos desplazarnos allá donde queremos sin la necesidad de construir ruidosas máquinas que lo contaminan todo, además de la capacidad de poder alimentarnos de lo que la tierra nos ofrece, sin tener que destruir nada, ni despojar a otros seres de su sustento vital. Quizás algún lejano día evolucionen como hicimos el resto de especies y se conviertan en seres normales, capaces de relacionarse y convivir pacíficamente con los demás, respetando el espacio físico que la Naturaleza nos ha proporcionado a cada uno de nosotros, en vez de andar acaparando todos los recursos hasta terminar con ellos y desplazando al resto de las especies que habitan el planeta hasta exterminarlas u obligándolas a adaptarse a ellos y a los inmundos y agitados lugares en los que conviven, como hacen con nosotros.
Sin duda que ese día llegará; me cuesta creer que nuestra Madre Naturaleza haya podido crear una especie tan imperfecta, incapaz de volar por el ancho cielo, o de nadar por el profundo océano o de alimentarse de lo que la tierra provee, como todos hacemos. Es incomprensible que existan unos seres vivos que no puedan adaptarse al hábitat que les ha sido proporcionado sin tener que destruirlo o transformarlo, en perjuicio del resto, incluso de ellos mismos. Una especie así no puede habitar durante mucho tiempo entre nosotros, ya que terminaría devastando todo el planeta, por eso estoy convencido de que la Naturaleza, con su sabiduría, terminará transformándolos en algo mejor, porque nuestra Madre nunca se equivoca. No creo que hayan existido nunca bajo el Cielo unas criaturas tan frágiles e indefensas y a la vez tan violentas y destructivas con todo lo que les rodea. ¡Incluso tienen que fabricarse sus nidos cubiertos y bien cerrados para protegerse de ellos mismos! Es increíble, yo sería incapaz de vivir así, con tanto miedo y casi todo el día encerrado sin ver la luz del sol ni respirar el aire fresco de la mañana; ¡cuánto me alegro de haber nacido libre!
Allá arriba, en el Norte, es como si tratasen de ocultar o de matar a la Madre Tierra que les dio la vida, y sin la cual ninguna criatura podría existir. Como si eso fuese posible. Es como si intentasen sustituirla por construcciones artificiales, grises y muertas. Parece que les molesta todo aquello que es bueno e imprescindible para la vida, como la luz y el calor del sol, el aire puro que nos ofrecen nuestras amigas las plantas, la refrescante lluvia que cae del cielo o la fértil tierra que desde el principio de los tiempos nos ha acogido a todos sin excepción en su seno, proporcionándonos abundantes alimentos y una segura protección. Cuándo comprenderán que la vida sólo se abre camino entre la vida, nunca sobre la muerte.
No entiendo cómo han podido extenderse hasta ocupar todo el planeta, convirtiéndose en la mayor plaga que se ha conocido jamás sobre la Tierra. Afortunadamente, aquí en el Sur, los de piel oscura parece que muestran mayor respeto por la Madre Tierra, permitiendo que otras especies, como nosotros, podamos convivir en paz en los lugares donde siempre lo habían hecho nuestros antepasados, en lugar de ocuparlo todo con esos enormes y horrendos nidos que construyen en el Norte, donde viven todos agolpados y sin apenas libertad. No me extraña que tengan un carácter tan irascible y perturbado. Mi pareja opina que aquí no han llegado a esos extremos porque casi todos fallecen antes de poder hacerlo; según dice, ha observado que en estas tierras los humanos viven menos tiempo, y por eso no pueden perderlo en laboriosas construcciones que no van a poder disfrutar. No sé si será así, pero lo cierto es que cuando sobrevuelo sus nidos se puede oler el silencio que precede a la muerte y sentir la tristeza que impregna a los que pierden a los suyos de forma trágica y prematura. Esto no ocurre en el Norte; allí sólo huele a humo y a suciedad, y el constante murmullo que agita el aire, convirtiéndose a determinadas horas en una algarabía atronadora, es claro indicio de que la vida prevalece. Aunque quizás allí hayan encontrado la manera de ocultar de la vista a la inevitable muerte, restándole así la importancia que merece; de esta forma pueden vivir sin tenerla presente y sin temerla, de ahí que muestren constantemente esa falsa arrogancia que les hace creer que son superiores a los demás seres vivos, incluso a sus congéneres sureños.
Continuará...

La Sabiduría como clave para el éxito social

domingo, 30 de noviembre de 2008

Hemos hablado anteriormente de cómo la sabiduría puede ayudarnos a educar a nuestros hijos, pero, y qué hay de nuestra educación personal y de nuestro comportamiento ante los demás. Este punto es muy importante si queremos tener unas relaciones sociales satisfactorias, imprescindibles para lograr con éxito algunos de los aspectos tratados en otros capítulos, como por ejemplo, unas buenas amistades o para triunfar en la vida.
Actuar con sabiduría es el mejor comportamiento que se puede esperar de una persona. Una persona sabia nunca se encontrará sola, siempre y cuando ésta no quiera estarlo. Siempre tendrá gente a su alrededor que la admire y que busque sus buenos consejos, es decir, atraerá a los demás hacia su persona, y lo hará de forma humilde, desinteresada, con prudencia y, prácticamente, sin quererlo.
A una persona sabia se la reconoce enseguida por su carácter apacible, sosegado, sereno; inspira confianza en todo lo que dice y hace; nunca se la oirá criticar a nadie sin necesidad, sin que con ello se logre nada positivo; nunca la veremos excesivamente preocupada, ni irritada o molesta. Suele ser una persona que sabe cómo se debe actuar en cada momento y en cada situación. En definitiva, la persona sabia contempla en su vida las cuatro grandes virtudes de las que ya hablaba el rey Salomón en sus escritos: la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza.
Pero nadie nace siendo sabio, ¿cómo podemos obtener semejante comportamiento? Básicamente con la práctica y la experiencia. El aprendizaje a través del estudio también es algo que puede ayudarnos bastante y de ahí mi interés en proporcionarles materia suficiente para dicho estudio, obtenida de la recopilación de algunos escritos publicados a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Yo, personalmente, considero el conocimiento muy importante para la obtención de un comportamiento basado en la sabiduría. Recuerden cuando estudiábamos en el instituto y teníamos que hacer las prácticas de física o química. En primer lugar, el profesor nos explicaba la teoría a todos los alumnos por igual y, una vez aprendida ésta, pasábamos a realizar la práctica. A pesar de que la teoría había sido igual para todos, no a todos los alumnos nos salía la práctica igual; el resultado de ésta dependía de las habilidades de cada uno y de la atención prestada en la clase teórica. Pero sin la teoría, era prácticamente imposible realizar la práctica medianamente bien. Con la sabiduría puede ocurrir exactamente lo mismo. Estudiando previamente la teoría, nos resultará más sencillo llevar a la práctica los conocimientos adquiridos, ahorrándonos seguramente mucho tiempo que hubiéramos necesitado de tener que aprenderlo a base únicamente de la experiencia.
Otro aspecto fundamental a la hora de lograr un comportamiento sabio es la práctica. Tenemos que conseguir a través del hábito que todos nuestros actos estén basados en el saludable ejercicio de la sabiduría. Les pondré un ejemplo usando algo que me ocurrió hace muy poco tiempo y me sirvió para reflexionar sobre este tema.
Iba yo caminando por una calle céntrica de mi localidad; delante de mí, a unos diez o quince metros, caminaba una señora mayor con unas bolsas de plástico cargadas con algunas cosas que había comprado en el mercado. De repente una de las bolsas se le resbaló de la mano y cayó al suelo junto con todo su contenido: algunas naranjas, un bote de leche, latas de conserva, etc. Justo en ese momento, pasaban por su lado dos personas más, un hombre y una mujer de mediana edad; para mi asombro, los dos miraron lo que había ocurrido y siguieron caminando sin prestar mayor atención. Cuando yo llegué a la altura de la señora la ayudé a recoger su compra, cosa que ella me agradeció francamente diciéndome: “Que Dios se lo pague”. No es que yo crea mucho en Dios, pero tengo que reconocer que esas palabras me llenaron de satisfacción e incluso me emocionaron enormemente al ver el rostro sincero de la mujer.
En un principio me sentí muy bien porque sabía que había actuado correctamente y me indignaba el recordar a las otras dos personas que pasaron por su lado sin hacer nada. Pero reflexionando sobre lo que había ocurrido llegué a pensar que no tenía tanto mérito lo que había hecho, ya que, al encontrarme yo a unos metros de la señora, tuve tiempo suficiente de pensar en la situación y de decidir cual era la mejor forma de actuar, cosa que las otras dos personas no tuvieron. Es decir, que es más que probable que cualquiera de ellos hubiera actuado igual que yo de encontrarse en mí lugar, y viceversa. De hecho, estoy seguro, que ambos pensaron más adelante que tenían que haberse parado a ayudar a esa señora, pero claro, ya era tarde.
¿Por qué ocurre esto? Porque no tenemos el hábito de la solidaridad. Ante una situación así, no debería ser necesario pensar en qué debemos hacer, hay que actuar y punto. No hay que pararse a mirar quién está alrededor, de qué raza es esa señora, qué edad tiene, cuál es su aspecto, ni nada por el estilo; simplemente hay que hacer lo correcto y nada más. Pero para que nuestro cerebro actúe de esa manera, inconscientemente, hay que ejercitarlo previamente y, cuanto antes empecemos, antes adquiriremos el hábito. Es como cuando aprendemos a conducir; al principio tenemos que pensar donde está el acelerador, el embrague, qué hacer primero al cambiar de marcha, etc. Una vez que somos veteranos, se hace todo esto instintivamente, incluso al mismo tiempo que realizamos otras actividades como hablar por teléfono, poner la radio o conversar con nuestro acompañante.
El ejemplo descrito está referido a la virtud de la solidaridad, pero lo mismo puede ocurrir con el resto de virtudes. La persona que actúa correctamente de esta manera, sin pensarlo, de forma inconsciente, tiene un gran trecho ganado a la hora de lograr el aprecio de sus semejantes. Tal y como escribió en una ocasión el filósofo griego Aristóteles: “Las cualidades sólo provienen de la repetición frecuente de los mismos actos. No es, pues, de poca importancia contraer desde la infancia y lo más pronto posible tales o cuales hábitos; por lo contrario, es éste un punto de muchísimo interés o, por mejor decir, es el todo.”
O como también escribió el biógrafo y ensayista griego Plutarco: “Toda alma puede y debe hacer su propia educación, formar su virtud trabajando en ello de noche y de día. La pasión no es una enfermedad, sino una potencia del alma: a la voluntad, dirigida por la razón, incumbe gobernarla, ir convirtiéndola mediante una gradación de esfuerzos, en un resorte indispensable: crear, en suma, un hábito del bien.”
Dicho de otra forma, no hay que actuar sabiamente porque pensemos que es lo mejor, hay que hacerlo simplemente porque somos así. Yo sólo les puedo proporcionar la teoría, la práctica es cosa de cada uno.Para concluir este tema les dejaré con un pensamiento del filósofo alemán Immanuel Kant: “Los actos de cualquier clase han de ser emprendidos desde un sentido del deber que dicte la razón, y que ningún acto realizado por conveniencia o sólo por obediencia a la ley o costumbre puede considerarse como moral.

Respuesta a la carta anterior

viernes, 28 de noviembre de 2008


Queridos papi y mami, soy yo, vuestro hijo. Me alegró mucho vuestra carta, fue toda una sorpresa. Quería deciros que no tenéis por qué preocuparos por mí (mientras esté aquí, se entiende, después espero que sí). Estoy bien; es verdad que al principio, cuando llegué, no entendía nada, todo esto era nuevo para mí y nada era como yo esperaba. Lloré mucho, pero eso duró poco tiempo, pronto me di cuenta de que nadie hacía caso de mis llantos, estaban demasiado acostumbrados, y más bien lo que conseguía era ponerles de mal humor. También es cierto que me costó aprender la lección algún que otro cachete, pero no importa, todo eso pasó, ya no me acuerdo.
Ahora soy feliz. No me malinterpretéis, estoy deseando que vengáis a por mí, siento mucha curiosidad por saber cómo será la vida fuera de aquí; ¿de verdad se pueden comer otras cosas aparte de la papilla de arroz que nos dan aquí? ¡Increíble!, creo que me va a gustar vuestro mundo.
Como os decía, estoy bien, no me aburro, tengo muchos amigos, como las hadas y los duendes, gracias a ellos pude leer vuestra carta y escribir ésta otra. Me hacen mucha compañía, siempre están a mi lado, hablándome, jugando, protegiéndome de los lobos y monstruos que viven en la oscuridad.... Así que ya veis, podéis dejar de inquietaros por mí, ellos me cuidarán mientras vosotros no vengáis. Aunque creo que están un poco celosos; ellos piensan que vosotros venís a echarlos de mi vida, a arrebatarme de entre sus brazos, pero yo les tranquilizo y les digo que ustedes les permitirán también venir con nosotros, ¿verdad que lo haréis? Estoy seguro de que sí, porque son mis amigos. También los ángeles velan por mí, pero como ellos están en todas partes, no pasa nada, no tienen ningún temor.
Gracias a ellos me voy enterando de todo lo que pasa por aquí. Ellos me lo explican todo y poco a poco voy aprendiendo. Aquí habemos muchos como yo, unos entran, otros salen, unos van, otros vienen. Algunos salen durante un tiempo y después vuelven, otros ya no regresan más. Hay un tal Dios que debe de tener una casa enorme, porque se lleva a muchos niños, aunque no debe de ser muy buen padre, porque todos los adultos se ponen muy tristes cuando alguno de nosotros se va con Él. Me alegro de que vosotros vengáis a por mí antes que Él, algo me dice que no se debe de estar muy bien en su casa, aunque seamos tantos.
Los papás que pasan por aquí suelen venir cargados de cosas de colores para sus hijos que les enseñan con mucha alegría y entusiasmo, supongo que esos serán los placeres mundanos a los que hacías referencia. Pues qué bien... son bonitos... ya me enteraré para qué sirven. Yo... si no es mucho pedir... preferiría que me trajeseis algo de comida y ropita limpia... Bueno si os parece bien, claro, yo aceptaré de muy buen grado todo lo que vosotros queráis, ya lo sabéis.
Y por aquí no hay mucho más que contar, aparte de que hace un frío que hasta el pipí se me congela en los pañales. Si los cambiaran más a menudo sería mejor, pero no quiero parecer quejica ni exigente, supongo que vosotros, los mayores, sabéis lo que hacéis, con tantos años a vuestras espaldas debéis de ser auténticos pozos de sabiduría, ¡qué envidia!
Bueno, os espero ansioso. Me da pena porque vosotros me prometéis muchas cosas y yo resulta que no tengo nada que ofreceros, así que sólo me queda deciros que seré todo vuestro, en cuerpo y alma (esto del alma es cosa de mi ángel, porque yo todavía no sé lo que es, pero en cuanto me entere os la daré también, seguro). No sé si será suficiente, espero que sí, porque no tengo nada más.
Un beso para los dos y hasta pronto.

Posdata: ¿Qué es un abrazo?

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