Sabiduría para la Paz

jueves, 8 de enero de 2009


¡Casi nada, la paz mundial! Aquí me he colado, pensarán ustedes. Pero no me juzguen severamente antes de oír (o leer) lo que tengo que decir al respecto. ¿Por qué incluyo este capítulo arriesgándome a parecer presuntuoso y exagerado? Cuando se le pide un deseo a alguien de forma general, casi todo el mundo pensamos en lo mismo: la paz mundial. Por supuesto que todos creemos que esto es algo descabellado e imposible (yo incluido), pero sin embargo no nos impide que sigamos deseándolo fervientemente. Por eso precisamente me gustaría hablar sobre ello; ya que es algo que a todo el mundo nos interesa y porque la única forma de acercarnos a ese deseo es a través de la sabiduría.
¿Por qué solemos ver la paz mundial como algo lejano e imposible? Muy sencillo, porque casi todo el mundo cree que es algo que sólo compete a los gobiernos, organismos oficiales, ejércitos y demás organizaciones que trabajan exclusivamente para este fin. Ese es el error que todos cometemos y por el cual es tan difícil de lograr la tan ansiada paz.

Para que haya paz en el mundo,
es necesario que las naciones vivan en paz.
Para que haya paz entre las naciones,
las ciudades no deben levantarse una contra otra.
Para que haya paz en las ciudades,
los vecinos deben entenderse.
Para que haya paz entre los vecinos,
hace falta que reine la armonía en el hogar.
Para que haya paz en casa,
hay que encontrarla en el corazón de cada uno
.”

Esta es una de mis citas favoritas, pertenece al creador del taoísmo chino Lao Tse. Resume perfectamente la idea que trato de transmitir. Si realmente se desea la paz, primero hay que buscarla en nuestro interior y en nuestro entorno. Ustedes pensarán que muy poco pueden hacer para evitar que se peleen israelitas y palestinos, por ejemplo, y tienen razón, eso les pilla lejos. Pero piensen que lo que ahora está ocurriendo allí y en otros muchos países, cualquier día puede ocurrir aquí, en el nuestro, como de hecho ya ha pasado en otros tiempos, y la única forma de evitarlo está en cada uno de nosotros. Recuerden las palabras de John Lennon: “¿Qué ocurriría si estallase una guerra y nadie va?”, o algo parecido.
Además, una guerra no tiene porqué ser sólo a base de bombas, tanques, soldados y aviones; la proliferación de la violencia callejera, la falta de seguridad en las ciudades, el fanatismo religioso y político, el aumento de los accidentes de tráfico, el vandalismo en los acontecimientos deportivos, el racismo y la xenofobia, etcétera. En definitiva, cualquier acto que viole la armonía entre ciudadanos se podría considerar como un acto de guerra, ya que éstos provocan miles de muertes y daños, tanto físicos como materiales, todos los años en cualquier país, independientemente del grado de desarrollo de éste.
Y no me podrán decir que no está en sus manos el evitar muchas de estas acciones que acabo de mencionar. El pacifista indio Prem Rawat lo define de la siguiente forma:
No es el mundo lo que hay que arreglar, sino las personas. En el momento en que cada ser humano esté en paz interiormente, habrá paz en el mundo.
La paz, la alegría y la auténtica felicidad no existen para que pensemos sobre ellas, sino para que las sintamos. Creemos que necesitamos una explicación de lo que es la paz, pero la paz no se puede explicar; sólo se puede sentir.
Las sociedades no tienen paz. Las sociedades no existen, como tampoco existen los gobiernos; sólo existe la persona. La paz es algo sencillo, algo que debe sentir cada individuo. Cuando olvidamos el significado de estar en paz y nos limitamos a aferrarnos a las fórmulas para lograrla, surgen los problemas.
La paz y la felicidad son inherente a nosotros mismos y, cuanto más intentamos provocarlas, más nos alejamos de ellas
.”
Todo esto pueden parecer palabras muy bonitas pero a la hora de la verdad ustedes se preguntarán ¿y qué puedo hacer yo como individuo para que en el mundo se viva mejor? Es fácil, nadie les pide que hagan nada del otro mundo, simplemente que actúen de forma correcta en todo momento: ¿Han intentado hablar con el vecino cuando éste pone la radio muy fuerte en vez de contraatacar subiendo el volumen de la televisión?; puede que se lleven una sorpresa muy reconfortante. Les invito también a probar la sensación tan agradable que se experimenta cuando nos subimos en nuestro automóvil y nos proponemos respetar todas las señales de tráfico, sin importarnos lo que piensen los demás conductores, sin ponernos nerviosos cuando nos encontramos en medio de un atasco, el cual, seguramente, no habrá sido provocado por nadie en particular deliberadamente, y que tampoco podremos solucionar tocando el claxon o insultando a los conductores que nos preceden. Les animo a que se pongan en el lugar de la otra persona antes de criticarla, insultarla o hablar sobre ella sin que esté presente. Prueben también a pensar que su jefe sólo hace su trabajo cuando les llama la atención y que, si ustedes hicieran el suyo correctamente, seguramente no tendrían por qué enfrentarse. Conciénciense en que las palabras de por sí no tienen por qué hacer daño si uno no quiere. Intenten darle una limosna al anciano indigente que se encuentran todos los días cuando van al trabajo; a ustedes no les costará nada y verán lo contento que se pone él. Antes de decir una mentira, piensen en las consecuencias que podría acarrearles a ustedes o a otra persona.
Son sólo algunos ejemplos, seguro que a ustedes se les ocurrirán muchos más, de situaciones en las que nos vemos envueltos todos los días y que pueden romper la armonía y la paz en cualquier momento; tengan en cuenta también que dos no discuten si uno no quiere.
En la mayoría de las ocasiones, para que las cosas funcionen mejor, evitándose muchos problemas, no es necesario ser amables, ni educados, ni solidarios, ni siquiera «buena gente», sólo basta con algo muy sencillo: cumplir las leyes establecidas. Tan fácil y tan difícil al mismo tiempo. Evidentemente, con educación, solidaridad y empatía todo iría mucho mejor, es más, no serían necesarias ni las leyes, pero claro, esto si que es una utopía. Como decía Aristóteles: “Cuando los hombre se aman unos a otros, no es necesaria la justicia. No hay nada más justo en el mundo que la justicia que se inspira en la benevolencia y en la afección”.
Lo cierto es que en esta sociedad lo que prevalece es todo lo contrario: incumplir la mayoría de leyes posibles. Nadie va por ahí presumiendo de haber hecho un viaje en coche de mil kilómetros sin sobrepasar en ningún momento los límites de velocidad, sin embargo, de lo contrario estoy seguro de que todos conoceremos algún caso; y aunque nosotros no lo hagamos directamente, nos convertimos en cómplices cuando le reímos la gracia a quien sí lo hace en vez de reprenderle.
Si lo prefieren pueden pensar que el actuar correctamente es una acción puramente egoísta, ya que los primeros beneficiados vamos a ser nosotros mismos. No hay mayor felicidad que vivir entre gentes felices. Ya nos lo decía también Aristóteles:
Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la gloria y a la felicidad. Si los placeres del vulgo son tan diferentes y tan opuestos entre sí es porque no son, por su naturaleza, verdaderos placeres. Las almas cultas, que aman lo bello, sólo gustan de los placeres que por su naturaleza son placeres verdaderos, y lo son tales todas las acciones conformes a la virtud, que agradan a estos corazones bien nacidos, y les agradan únicamente por sí mismas. El que no encuentra placer en las acciones virtuosas no es verdaderamente virtuoso.”
O también:
Si todos los hombre luchasen únicamente por la virtud y dirigieran siempre sus esfuerzos a practicarla, la comunidad entera vería en conjunto todas sus necesidades satisfechas; y cada individuo en particular poseería el mayor de los bienes, puesto que la virtud es el más precioso de todos. Se llegaría a deducir esta doble consecuencia: de una parte, que el hombre de bien debe ser egoísta, porque haciendo el bien resultará a la vez un gran provecho personal y servirá al mismo tiempo a los demás; y de otra, que el hombre malo no es egoísta, porque sólo conseguirá perjudicarse a sí y dañar al prójimo, siguiendo sus malas pasiones. Toda inteligencia escoge siempre lo que es mejor para ella, y el hombre de bien sólo obedece a la inteligencia y a la razón.”
Después de esto podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que es de persona inteligente el actuar correctamente en todo momento, buscando, no sólo el bien de los demás, sino también, y sobretodo, el suyo propio. Piensen en esto a la hora de hacer la declaración de Hacienda, cuando conducen su vehículo, en el trabajo, cuando discuten con su pareja o amigos, a la hora de hablarles a sus hijos, cuando salen a la calle y se enfrentan con los desconocidos y, en general, en todos los momentos de sus vidas.
Otra cosa importante a tener en cuenta es que el Bien y el Mal se encuentran presentes en cada uno de nosotros en todo momento. Cualquiera de nosotros podría convertirse en determinadas circunstancias en el peor de los demonios, o bien, en todo lo contrario, sin que podamos hacer nada, o casi nada, por evitarlo. Esta idea la transmite muy bien el autor Paulo Coelho en su libro El demonio y la señorita Prym. En él, el santo le hace comprender al bandido que ambos son prácticamente iguales; los dos tienen los mismos deseos, sienten placer por las mismas cosas, también comparten sentimientos de odio y desprecio hacia lo mismo, disfrutan de igual manera, etc. Sólo les diferencia un detalle: el santo es capaz de controlar todos estos sentimientos. Precisamente, esa pequeña diferencia, es la que puede salvarnos en algún momento determinado de nuestras vidas de caer en las garras del demonio que todos llevamos dentro. También la sabiduría nos ayudará a reforzar este autocontrol que todos necesitamos para poder vivir en paz en todo momento, a pesar de las adversidades que, sin duda, surgirán cuando menos esperemos, haciendo peligrar esa tranquilidad y estabilidad a que estamos habituados.

No estoy muy seguro de haberles convencido pero les puedo asegurar que a mi no me cabe ninguna duda con respecto a que la sabiduría puede ayudarnos a conseguir la paz en el mundo.

El Renacer de la Humanidad

lunes, 5 de enero de 2009

"Año 2099; la población mundial alcanza ya los catorce mil millones de habitantes.
Debido al inminente agotamiento del petróleo y del gas natural sobre el año 2040, la Confederación Mundial de la Energía logró que se aprobara en ese mismo año la prospección, hasta entonces prohibida, de las regiones de Alaska y Siberia, consideradas hasta ese momento reservas naturales de la biosfera, las cuales había que proteger a toda costa, ya que, junto con lo poco que quedaba de la selva del Amazonas, constituían las únicas grandes zonas del planeta donde aún se podía ver fauna autóctona salvaje y libre del peligro que siempre supone la cercanía del ser humano. Los yacimientos fueron muy numerosos y cuantiosos asegurándose de nuevo el abastecimiento mundial durante al menos otros ciento cincuenta años.
Sólo se necesitaron veinte para acabar con el hábitat antes mencionado y, por tanto, con las especies que lo habitaban, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron por evitarlo. Como siempre, todo era cuestión de prioridades.
Al mismo tiempo, se había permitido que una sola empresa se encargase de la explotación de estos nuevos yacimientos, consiguiendo así el monopolio total sobre la energía mundial una vez que se agotaron el resto de yacimientos repartidos por el resto del mundo. Los enormes intereses económicos que suponían dicha explotación, en manos de las más poderosas naciones del mundo, provocaron la caída en el desarrollo de las energías limpias alternativas, como la solar, la eólica o la obtenida del hidrógeno, precipitando de esta forma la destrucción del, ya por sí, maltrecho medioambiente.
En el presente, el setenta por ciento de la población mundial se concentra en los países desarrollados de Norteamérica, norte de Europa y Asia, por dos razones fundamentales:
La primera, debido al abandono paulatino por parte de los países desarrollados al tercer mundo, que se ha traducido en la desaparición total de gran parte de la población de África, Sudamérica y parte de Asia, debido a las hambrunas, epidemias y a las guerras entre pueblos por conseguir los, cada vez más escasos, recursos, como son el agua y las tierras cultivables. Los más afortunados han conseguido emigrar al norte, y muchos de ellos aún se dejan la vida en el intento.
En segundo lugar, debido al incremento de la temperatura, producido sobre todo por el continuo aumento de los gases de efecto invernadero vertidos a la atmósfera, y que han provocado la desertización de gran parte del planeta; la mitad de África, el sur de Europa y Asia, casi toda Oceanía y parte de Sudamérica se han convertido en regiones inhóspitas y tórridas donde sólo unos pocos son capaces de sobrevivir durante parte del año.
Por otro lado, la deforestación paulatina del planeta a raíz de la constante búsqueda de tierras cultivables y de materia prima, también contribuyó a la precipitación del desastre climático; del bosque amazónico sólo queda un diez por ciento de lo que había hace cien años. Al igual que el aumento de la masa oceánica provocado por el masivo deshielo de los polos, invadiendo casi la totalidad de islas menores y penínsulas situadas en los límites de los bloques continentales con los océanos. Hasta hace sólo unos sesenta años, las zonas costeras eran las más pobladas del planeta; su rápida desaparición en apenas quince años, ocasionó una masiva migración hacia el centro, desarrollándose de esta forma las grandes metrópolis de la actualidad
."

Así comienza el prólogo del primer libro que escribí hace ya algunos años, cuando me dio por esto de las letras. Ahora me decido a publicarlo en un nuevo blog que enlazo en la columna derecha de éste, bajo el enlace de mi otro libro El Mesías, para todo aquel que quiera leerlo libremente.
En él se describe la caída de la raza humana tras un colapso energético, pero como no siempre está todo perdido.... un nuevo Renacer verá la luz.
Se agradecerán las críticas y comentarios, teniendo en cuenta que es lo primero en serio que escribí en mi vida.

Una historia de amistad

martes, 30 de diciembre de 2008

Esta es una historia de amistad y compañerismo. Es una historia de amor y fraternidad entre dos seres destinados a comprenderse y compenetrarse, aunque, como todo destino final que merezca la pena, también éste será alcanzado únicamente tras un largo camino repleto de amargos sinsabores, contradicciones incomprensibles y un sinfín de arduas pruebas a cada cual más dura y traumática.
La futura unión de nuestros protagonistas estuvo escrita desde que ambos vieron la luz, ya que, aunque parezca increíble, estos dos personajes comenzaron su existencia siendo un solo ser, una única entidad excepcional e irreemplazable. Y digo excepcional porque, a partir de ese irrepetible momento del alumbramiento, sus caminos comenzaron a distanciarse irremediablemente y ya nunca más volverían a conformar esa única forma sin forma y sin apariencia de la que surgieron en el instante primigenio.
Esta ruptura se produjo de forma paulatina, poco a poco, sin que apenas se percataran cada uno de ellos, los cuales emprendieron cada uno su camino por separado, llegando incluso a convertirse en determinados momentos en rivales irreconciliables, al menos en apariencia, porque esa raíz primitiva y común que los une también los condena de por vida a permanecer en absoluta comunión, a pesar de sus eternas divergencias.
Estos dos seres son el Consciente y el Inconsciente. El primero es extrovertido y dinámico, expuesto en todo momento a cambios provocados por su entorno exterior, del cual se alimenta a través de los sentidos, siempre ávidos y a la expectativa de nuevas sensaciones. Es un ser extremadamente curioso y voraz, y esto lo hace ser muy manipulable y estar en constante cambio, evolucionando con el medio ambiente que lo rodea, intoxicándose con las malas influencias, aprendiendo y desaprendiendo, creciendo y menguando todo ello al mismo tiempo.
En cuanto al Inconsciente, es más introvertido y bastante menos voluble. Su extrema prudencia y sensatez lo convierten a menudo en alguien aburrido, poco sociable. Se nutre de los mismos impulsos que su hermano el Consciente, y de millones de ellos más de los cuales el otro ni se entera, debido a su escasa paciencia. El Inconsciente es infinitamente más reflexivo y la gran cantidad de datos que maneja lo obligan a comportarse de forma más cauta y reservada. Con frecuencia trata de advertir a su compañero de posibles consecuencias a sus alocados actos, pero éste rara vez lo escucha, sobretodo en esas etapas de la vida donde las diferencias son tan exacerbadas que ni tan siquiera tienen conocimiento el uno sobre el otro.
Pero el Inconsciente es más inteligente, y en algunas ocasiones consigue sus propósitos por encima de la voluntad del Consciente, a lo callado, aunque, claro está, tampoco es perfecto y también se equivoca a veces. Pero su capacidad de aprendizaje es mayor y, con el tiempo y la experiencia, va consiguiendo poco a poco dominar la impetuosidad de su adversario y amigo, contagiándole en parte su calma y su espíritu reflexivo.
En aquellos momentos de sus vidas paralelas en los que las diferencias entre ambos se acentúan y se hacen más extremas, rara vez conocerán la paz y la quietud, y sólo cuando consigan unir sus esfuerzos para un mismo propósito, la armonía estará presente en ellos y vivirán sus mejores momentos. De ahí que, como dije en un principio, estén predestinados a entenderse, porque la evolución es constante y, al mismo tiempo que el Consciente irá conociendo la existencia y el valor del Inconsciente, éste irá alzando su voz haciéndose valer y resurgiendo de su silencio. Llegando así el día en el que los dos dejen de lado sus diferencias para convivir en completa conformidad, aunque respetando siempre la libertad de cada uno.
Pero esto no siempre sucede, o tarda demasiado en producirse, y es por ello que el mundo está en constante conflicto, es la causa de tanta sinrazón y de tanta violencia. Así que desde aquí conmino al Consciente a callar un poco, a prestar más atención a esa voz interior que le insinúa calma, y al Inconsciente le sugiero mayor arrojo y celeridad a la hora de prevenir y aconsejar a su hermano. A ambos les advierto de la necesidad de hacer un esfuerzo cuanto antes por comprenderse mutuamente. Es la supervivencia la que está en juego.

Jesús de Nazaret

lunes, 22 de diciembre de 2008


El día 25 se conmemora en gran parte del mundo el nacimiento de una persona. Una persona muy especial que nació, vivió y murió hace mucho, unos dos mil años aproximadamente. Nadie vivo conoce con exactitud la fecha exacta de su nacimiento, pero eso no importa, se ha elegido este día en concreto para recordarlo y bien está.
Desconozco si esta persona llamada Jesús fue hijo de algún dios, tampoco puedo asegurar que ascendiese a los cielos a los tres días después de morir, ni siquiera sé si fue un profeta o sólo un revolucionario, o quizás un santo, o sencillamente un hombre bueno. No lo sé. ¿Alguien lo sabe?
Lo que sí puedo asegurar es que nunca me cansaré de leer las palabras escritas en el Nuevo Testamento que se le atribuyen a él. Esas palabras y el mensaje que encierran son lo único que en verdad me importan de este personaje, los demás misterios sobre su vida y obra, ya sean divinos o humanos, apenas consiguen apartar mi mente ni un ápice de lo que pienso que debe ser lo esencial.
No pretendo llevar la razón, sólo intento transmitir mi opinión a día de hoy.
En estos días señalados se habla mucho de él, pero mi indomable mirada me dice que pocos son los que en verdad le conocen, a juzgar por lo que veo en la calle.
Y por ello, antes de retirarme a mi descanso bloguero obligado por las circunstancias festivas, quería dejar aquí constancia de mi homenaje a la Navidad: las palabras de Jesús de Nazaret.
Sé que resultará un poco pesado leer todo lo que he seleccionado, pero eso tiene fácil solución: no lo hagan si no quieren.
Por si no llegan al final, me despido aquí de todos por este año que acaba, deseándoles unas muy felices fiestas y una entrada de año como se merecen, y agradeciéndoles todo el bien que me han aportado en este año 2008 que se va.
Espero volver a contar con la amistad de todos en los próximos años. La mía la tienen asegurada. (Por cierto, dejo de escribir pero no de leer).

Dijo Jesús:

- Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos y humildes, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
- Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren y os persiguieren, y dijeren con mentiras toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos entonces y regocijaos porque es muy grande la recompensa que os aguarda en los cielos.
- Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja allí mismo tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después volverás a presentar tu ofrenda. Componte luego con tu contrario, mientras estás con él todavía en el camino, no sea que te ponga en manos del juez, y el juez te entregue en las del alguacil, y te metan en la cárcel. Asegúrate de cierto que de allí no saldrás hasta que pagues el último maravedí.
- Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Yo empero os digo, que no hagáis resistencia al agravio; antes si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quiere armarte pleito para quitarte la túnica, alárgale también la capa. Y a quien te forzare a ir cargando mil pasos, ve con él otros dos mil. Al que te pide, dale; y no tuerzas tu rostro al que pretende de ti algún préstamo.
- Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y (han añadido malamente) tendrás odio a tu enemigo. Yo os digo más: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os persiguen y calumnian. Para que seáis hijos imitadores de vuestro Padre celestial, el cual hace nacer su sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos y pecadores. Que si no amáis sino a los que os aman, ¿qué premio habéis de tener? ¿no lo hacen así aun los publicanos? Y si no saludáis a otros que a vuestros hermanos, ¿qué tiene eso de particular? ¿por ventura no hacen eso también los paganos? Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto, imitándole en cuanto podáis.
- Guardaos bien de hacer vuestras obras buenas en presencia de los hombres, con el fin de que os vean. De otra manera no recibiréis su galardón de vuestro Padre, que está en los cielos. Y así cuando das limosna, no quieras publicarla a son de trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles o plazas, a fin de ser honrados de los hombres. En verdad os digo, que ya recibieron su recompensa. Mas tú cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede oculta y tu Padre, que ve lo más oculto, te recompense en público.
- Cuando ayunéis no os pongáis cari tristes como los hipócritas, que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. En verdad os digo, que ya recibieron su galardón. Tú, al contrario, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava bien tu cara, para que no conozcan los hombres que ayunas, sino únicamente tu Padre, que está presente en todo, aún lo que hay más de secreto.
- No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, donde el orín y la polilla los consumen, y donde los ladrones lo desentierran y roban.
- Ninguno puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
- Mirad las aves del cielo, como no siembran, ni riegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas?
- Acerca del vestido, ¿a qué propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo como crecen y florecen; ellos no labran ni tampoco hilan. Sin embargo yo os digo, que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió con tanto primor como uno de estos lirios.
- Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura. No andéis pues acongojados por el día de mañana; que el día de mañana harto cuidado traerá por sí; bástale ya a cada día su propio afán o tarea.
- No juzguéis a los demás, si queréis no ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzguéis, habéis de ser juzgados; y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros. Mas tú, ¿con qué cara te pones a mirar la mota en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que está dentro del tuyo? O ¿cómo dices a tu hermano: deja que yo saque esa pajilla de tu ojo, mientras tu mismo tienes una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás como has de sacar la mota del ojo de tu hermano.
- Pedid, y se os dará. Buscad, y hallaréis. Llamad, y os abrirán. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá.
- Haced vosotros con los demás hombres todo lo que deseáis que hagan ellos con vosotros.
- Entrad por la puerta angosta, porque la puerta ancha y el camino espacioso son los que conducen a la perdición, y son muchos los que entran por él.
- Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, mas por dentro son lobos voraces; por sus frutos u obras los conoceréis. ¿Acaso se cogen uvas de los espinos, o higos de las zarzas? Así es que todo árbol bueno produce buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, será cortado y echado al fuego. Por sus frutos pues los podréis conocer.
- Al verlo, los fariseos, decían a sus discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Mas Jesús oyéndolo les dijo: No son los que están sanos, sino los enfermos los que necesitan de médico.
- El que trabaja, merece que le sustenten.
- Todo reino dividido en facciones contrarias, será desolado; y cualquier ciudad, o casa dividida en bandos, no subsistirá.
- No lo que entra por la boca es lo que mancha al hombre, sino lo que sale de la boca, eso es lo que le mancha.
- En verdad os digo, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños en la sencillez e inocencia, no entraréis en el reino de los Cielos. Cualquiera pues que se humillare como este niño, ese será el mayor en el reino de los Cielos.
- Si tu hermano pecare contra ti o cayere en alguna culpa corrígele estando a solas con él; si te escucha habrás ganado a tu hermano.
- Acercósele entonces un hombre joven que le dijo: Maestro bueno, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la vida eterna? El cual le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Dios sólo es bueno. Por lo demás, si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos. Díjole él: ¿Qué mandamientos? Respondió Jesús: No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No levantarás falsos testimonios. Honra a tu padre y a tu madre. Y ama a tu prójimo como a ti mismo. Dícele el joven: Todos esos los he guardado desde mi juventud, ¿qué más me falta? Respondiole Jesús: Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; ven después y sígueme. Habiendo oído el joven estas palabras se retiró entristecido, y era que tenía muchas posesiones. Jesús dijo entonces a sus discípulos: En verdad os digo que difícilmente un rico entrará en el reino de los Cielos. Y aún os digo más: Es más fácil el pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de los Cielos.
- No ignoráis que los príncipes de las naciones avasallan a sus pueblos, y que sus magnates los dominan con imperio. No ha de ser así entre vosotros, sino que quien aspirare a ser mayor entre vosotros, debe ser vuestro criado. Y el que quiera ser entre vosotros el primero, ha de ser vuestro siervo.
- El mayor entre vosotros ha de ser ministro o criado vuestro. Que quien se ensalzare, será humillado; y quien se humillare, será ensalzado.
- ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas! Que pagáis diezmo hasta de la yerba buena y del heneldo, y del comino, y habéis abandonado las cosas más esenciales de la Ley, la justicia, la misericordia y la buena fe. Estas debierais observar sin omitir aquellas.
- ¡Oh guías ciegos! Que coláis cuando bebéis por si hay un mosquito, y os tragáis un camello. ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas! Que limpiáis por fuera la copa y el plato, y por dentro en el corazón estáis llenos de capacidad e inmundicia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro la copa y el plato, si queréis que lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas! Porque sois semejantes a los sepulcros blanqueados, los cuales por fuera parecen hermosos a los hombres, mas por dentro están llenos de huesos de muertos, y de todo género de podredumbre. Así también vosotros en el exterior os mostráis justos a los hombres, mas en el interior estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
- Vuelve tu espada a la vaina; porque todos los que sirven de la espada por su propia autoridad, a espada morirá.
- Nada de afuera que entra en el hombre puede hacerle inmundo, mas las cosas que proceden o salen del hombre, esas son las que dejan mácula en el hombre. Si hay quien tenga oídos para oír esto, óigalo y entiéndalo.
- Estando una vez Jesús sentado frente al arca de las ofrendas, estaba mirando como la gente echaba dinero en ella, y muchos ricos echaban grandes cantidades. Vino también una viuda pobre, la cual metió dos blancas y pequeñas monedas, que hacen un maravedí. Y entonces, convocando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más en el arca que todos los otros. Por cuanto los demás han echado algo de lo que les sobraba, pero ésta ha dado de su misma pobreza todo lo que tenía, todo su sustento.
- Más ¡ay de vosotros los ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo en este mundo. ¡Ay de vosotros los que andáis hartos! Porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los que ahora reís! Porque día vendrá en que os lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros cuando los hombres mundanos os aplaudieren! Que así lo hacían sus padres con los falsos profetas.
- A todo el que te pida, dale. Y al que te roba tus cosas, no se las demandes. Tratad a los hombres de la misma manera que quisierais que ellos os tratasen a vosotros. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir recompensa, ¿qué mérito tenéis? Pues también los malos prestan a los malos, a trueque de recibir de ellos otro tanto. Empero vosotros, amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad, sin esperanza de recibir nada por ello, y será grande vuestra recompensa.
- No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados.
- ¿Por ventura puede un ciego guiar a otro ciego? ¿no caerán ambos en el precipicio? No es el discípulo superior al maestro, pero todo discípulo será perfecto, como sea semejante a su maestro.
- Quiero mostraros a quién es semejante cualquiera que viene a mí y escucha mis palabras y las practica: es semejante a un hombre que fabricando una casa, cavó muy hondo, y puso los cimientos sobre peña viva; venida después una inundación, el río descargó todo el golpe contra la casa, y no pudo derribarla porque estaba fundada sobre peña. Pero aquel que escucha mis palabras y no las practica, es semejante a un hombre que fabricó su casa sobre tierra fofa sin poner cimiento, contra la cual descargó su ímpetu el río, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.
- Nada hay oculto que no deba ser descubierto, ni escondido que no haya de ser conocido y publicado.
- Prosiguiendo Jesús su viaje a Jerusalem, entró en cierta aldea donde una mujer por nombre Martha le hospedó en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María, la cual sentada a los pies del Señor estaba escuchando su divina palabra. Mientras tanto, Martha andaba muy afanada en disponer todo lo que era menester, por lo cual se presentó a Jesús y le dijo: Señor, ¿no reparas que mi hermana me ha dejado sola en las faenas de la casa? Dile pues que me ayude. Pero el Señor le dio esta respuesta: Martha, Martha, tú te afanas y acongojas distraída en muchísimas cosas; y a la verdad que una sola cosa es necesaria, que es la salvación eterna. María ha escogido la mejor suerte, de que jamás será privada. (Martha, sirviendo al Señor entre muchas ocupaciones temporales, es imagen de la vida activa; y María lo es de la contemplativa).
- ¡Ay de vosotros, igualmente, doctores de la Ley! Porque echáis a los hombres cargas que no pueden soportar, y vosotros ni con la punta del dedo las tocáis. ¡Ay de vosotros que fabricáis mausoleos a los profetas, después que vuestros mismos padres los mataron! En verdad que dais a conocer que aprobáis los atentados de vuestros padres, porque si ellos los mataron, vosotros edificáis sus sepulcros.
- ¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, que os habéis reservado la llave de la ciencia de la salud! Vosotros mismos no habéis entrado, y aun a los que iban a entrar se lo habéis impedido.
- Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es la hipocresía. Mas nada es tan oculto que no se ha de manifestar, ni tan secreto que al fin no se sepa. Así es que lo que dijisteis a oscuras, se dirá en la luz del día, y lo que hablasteis al oído en las alcobas, se pregonará sobre los terrados.
- Estad alerta, y guardaos de toda avaricia; que no depende la vida del hombre de la abundancia de los bienes que él posee.
- Buscad primero el reino de Dios y su justicia; que todo lo demás se os dará por añadidura.
- Vended si es necesario lo que poseéis, y dad limosna. Haceos unas bolsas que no se echen a perder; un tesoro en el cielo que jamás se agota, a donde no llegan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
- Se pedirá cuenta de mucho a aquel a quien mucho se le entregó; y a quien se han confiado muchas cosas, más cuenta le pedirán.
- Cuando fueres convidado a bodas, no te pongas en el primer puesto, porque no haya quizá otro convidado de más distinción que tú; y sobreviniendo el que a ti y a él os convidó, te diga: Haz lugar a éste; y entonces, con sonrojo te veas precisado a ponerte el último. Antes bien, cuando fueres convidado, vete a poner en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Lo que te acarreará honor a vista de los demás convidados. Así es que cualquiera que se ensalza, será humillado; y quien humilla, será ensalzado.
- Quien es fiel en lo poco también lo es en lo mucho; y quien es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho. Si en las falsas riquezas no habéis sido fieles, ¿quién os fiará las verdaderas o las de gracia? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién pondrá en vuestras manos lo propio vuestro?
- El reino de Dios no ha de venir con muestras de aparato. Ni se dirá: Vele aquí o vele allí. Antes tened por cierto que ya el reino de Dios o el Mesías está en medio de vosotros.
- Dijo a sí mismo a ciertos hombres que presumían de ser justos y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; el uno era fariseo y el otro publicano o alcabalero. El fariseo, puesto en pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Oh Dios! Yo te doy gracias de que no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces a la semana; pago los diezmos de todo lo que poseo. El publicano, al contrario, puesto allá lejos, ni aun los ojos osaba levantar al cielo, sino que se daba golpes de pecho diciendo: Dios mío, ten misericordia de mí que soy un pecador. Os declaro, pues, que éste volvió a su casa justificado, mas no el otro; porque todo aquel que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
- Quien habla de su propio movimiento, busca su propia gloria; mas el que únicamente busca la gloria del que le envió, ese es veraz y no hay en él injusticia o fraude.
- El que de vosotros se halla sin pecado, tire contra ella el primero la piedra.
- Si perseveráis en mi doctrina, seréis verdaderamente discípulos míos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
- En verdad, en verdad os digo, que todo aquel que comete pecado, es esclavo del pecado.
- El precepto mío es que os améis unos a otros como yo os he amado a vosotros. Que nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos.


Amén.

Todos hablan...

viernes, 19 de diciembre de 2008


Todos nos hablan... sólo que nadie escucha.
Nos hablan los niños cuando lloran en la cama.
Nos habla el viejo cuando calla en su butaca.
Nos hablan los árboles cuando los azotan los vientos.
Y también lo hacen cuando se yerguen en la calma.
Nos hablan las olas, encrespadas y salvajes,
que nos traen historias de corsarios inmortales.
Nos hablan los ríos, aunque corran a raudales,
y nos dicen a gritos que detenerse es la muerte.
Nos habla la torre, desde su altura encumbrada,
sabedora de su presto final en ruinas inertes.
Nos hablan los presos, tras rejas oxidadas,
¡este mundo no funciona, a ver cuando te enteras!
Nos hablan ambas caras de un muro fronterizo,
que suspiran a gritos por conocerse.
Nos hablan los listos, los necios y los notables,
pero mejor que a esos, escucha a las rameras.
Nos habla la tierra, agraviada por nuestras manos,
¡no me olvides insensato, qué sólo eres un ser humano!
Nos hablan las madres, con sus tristes miradas,
el pasado ya no vuelve, ¡ay si yo pudiera!
Nos hablan los pájaros, mientras nos observan,
y piensan callados en lo poco que nos queda.
Nos habla la luna, desde la distancia,
casi no nos distingue, sabe que no somos nada.
Nos hablan las estrellas, aún más lejanas,
ojalá pudieran compartir su misterio.
Nos habla el sol, majestuoso y sincero,
no lo mires a la cara, sólo siente su aliento.
Nos habla el alma, desde su tumba silente,
sueña que no es tarde, y nos dice que aún se puede.
Te hablo yo, con mi amargo poema,
pero no me hagas caso que la locura se pega.
Te hablan los libros, con su silencio patente.
Todos te hablan... sólo que tú no te enteras.

Breve historia del escarabajo del estiércol

miércoles, 17 de diciembre de 2008


Nace.
Crece.
Se reproduce.
Muere.


El resto se excluye por carecer de importancia.

Tenemos mucho en común con ellos; también los seres humanos nos pasamos la vida fabricando enormes bolas de mierda cada vez más y más grandes.

Quien tenga oídos para oír, que oiga.


(Nota de última hora: mi amiga Alicia me manda esta foto para que vea que no todos los escarabajos somos iguales. ¡No es una preciosidad! Comparto su opinión).


La batalla decisiva

domingo, 14 de diciembre de 2008


Y llegó el caos, la desolación total, las puertas del abismo se abrieron y la caída fue imparable y estrepitosa. Mente andaba totalmente perdida, no distinguía sueño de realidad, la verdad terminó difuminándose entre ilusiones y fantasías, los recuerdos se tornaron inútiles, como vacíos de contenido. Mientras, Alma vagaba sin esperanzas en un espacio eterno e infinito, flotando en la desolación de saberse olvidada, o peor aún, creyéndose no deseada.
La batalla parecía haber concluido, y el enemigo victorioso, encumbrado en su poder, campaba a sus anchas por doquier; aquel enemigo invisible y omnipotente que poco a poco, lenta, pero inexorablemente, supo instalarse en las más altas estancias que gobernaban la totalidad del Reino, pensando que ya no habría quien lo derribase de allí, quien le arrebatase el mando absoluto de la nave.
Ya nada volvería a ser lo que fue... al menos eso es lo que todos pensaban.
Pero jamás se puede dar una batalla por concluida mientras el impávido tiempo continúe su caminar inalterable hacia delante, siempre hacia delante.
Y así fue como hizo acto de presencia alguien a quien nadie esperaba. Nadie contaba con él porque a todos les era desconocido, a pesar de haber estado siempre ahí, oculto en la sombra, creciendo, haciéndose fuerte, esperando el momento preciso para saltar al ruedo. La paciencia es la virtud por excelencia de nuestro héroe: Espíritu.
–¿Quién eres? –quiso saber Mente–. ¿Por qué vienes ahora a complicarlo todo? Acaso no ves que estamos bien, vete de aquí, no te necesitamos. Ahora todo está tranquilo.
–No me iré sin antes devolverte la luz –contestó Espíritu.
–¿Dónde estabas? Te eché de menos –dijo Alma, interrumpiendo así su letargo, al oír aquella voz que creyó reconocer de un pasado muy lejano y apenas perceptible.
–Nunca me fui, siempre he estado con vosotros, sólo que era débil, jamás sospeché que tendría que vérmelas con un enemigo tan fiero y voraz, y admito que me asustó, por eso me recluí lejos, muy dentro, donde no podría hacerme daño. Lo necesitaba, sólo así he podido fortalecerme, adiestrarme para la lucha, ya que ésta será dura, no habrá cuartel.
–Pero de qué lucha hablas, qué estáis confabulando –insistió Mente–. No permitiré que interfiráis en mi felicidad. Me ha costado mucho obtenerla. Largaos los dos, ya no os necesito.
–No le escuches, está poseído –advirtió Alma–. Pensé que incluso acabaría conmigo, tuve que desaparecer de su vista.
–Lo sé, no te preocupes, yo volveré a reconciliaros. Libraré a Mente de la oscuridad que la atenaza y tú, Alma, amiga, podrás volar libre de nuevo, como antaño, ¿recuerdas?
–Lo cierto es que ya casi no recuerdo nada del pasado, el enemigo es demasiado poderoso, más de lo que imaginas, a pesar de que he tratado de alejarme, de parecer indiferente, no lo he conseguido, y poco a poco ha ido apoderándose se mí, golpeándome sin compasión hasta conseguir dejarme sin sentido; creí morir, peor aún, desaparecer. No me pidas retroceder en el tiempo, ya no me quedan fuerzas.
–Llorica presuntuosa, ¿quién te has creído que eres? –volvió a protestar Mente–. Tú no eres nadie, no eres nada, debí acabar contigo hace mucho. Recuerda que aún puedo hacerte desaparecer cuando quiera.
–No le hagas caso –trató de tranquilizarla Espíritu–. No es ella la que habla, ni siquiera sabe lo que dice y mucho menos es capaz de hacer nada de lo que cree.
–Sí, ya estoy acostumbrada a su mala educación. Pero dime, cómo vas a vencer a un enemigo al que nadie conoce, que nadie sabe cómo actúa, ni dónde. Un enemigo con tantas máscaras, capaz de transformarse incluso en ti mismo, cómo se puede derrotar a alguien así.
–¿Qué crees que he estado haciendo mientras permanecía en las sombras? –respondió Espíritu–. Lo he buscado incansablemente, he estudiado sus movimientos, lo he seguido desde la distancia.... ahora sé quien es, lo he desenmascarado, conozco su identidad y ya no puede escapárseme.
–Pero cómo... ¿De quién se trata? –quiso conocer Alma.
–Su nombre es Ego –respondió Espíritu con solemnidad.
–¿Ego? De qué hablas, estás desvariando –increpó Mente–. No existe nadie llamado así, a mí no me engañas con tus patrañas.

Pero al tiempo que pronunciaba estas palabras, en el rostro de Mente apareció un atisbo de duda que no pudo disimular... de duda o quizás de miedo.
Espíritu no tardó en reanudar el combate, sabía que su adversario no se lo pondría fácil, tenía demasiadas armas con las que contraatacar. El valor era una y otra vez aniquilado por el incansable miedo; si empuñaba la esperanza, Ego se defendía con el pesimismo; cuando Espíritu blandía la fe, su enemigo lo atajaba con el escepticismo; ante la caridad, la ira se crecía; la justicia era golpeada constantemente por la sinrazón, la sabiduría poco o nada podía hacer contra la infinita ignorancia ni la apática indiferencia y el odio aparecía como un escudo de acero contra la bondad y la solidaridad. Pero Espíritu no se rendía, muy al contrario se hacía más fuerte conforme luchaba, porque esa era su condición. De esta manera, el tiempo estaba a su favor, conforme se sucedían los combates Ego iba perdiendo poder, agotando sus energías, sus ataques se hacían más débiles y esporádicos.
Por fin Alma fue recobrando su confianza perdida y Mente logró de nuevo atisbar algo de luz; al principio sólo por momentos puntuales, pero con el tiempo fue aumentando su libertad y lucidez hasta llegar a distinguir al enemigo que la atenazó durante tanto tiempo cuando éste se acercaba amenazando de nuevo su integridad, siendo capaz ahora de oponerle resistencia. La realidad fue abriéndose camino y la verdad resurgió de sus cenizas esparcidas al viento.
Espíritu nunca bajaría la guardia, porque si algo sabía de cierto de su enemigo es que éste era invencible, inmortal, de ahí que no pretendiese nunca su muerte y desaparición, sabía que debía conformarse con derribarlo una y otra vez cada vez que asomase la cabeza. Este conocimiento no le hacía palidecer, ni caer en la desesperanza, porque sabía que en la lucha residía su propia fuerza, su existencia, así que simplemente se limitaba a resistir.

–¿Qué ocurrirá si algún día Ego termina por destruirte? –preguntaron con preocupación Mente y Alma.
–Podéis relajaros –dijo Espíritu con tranquilidad–, cuento con una gran ventaja: mi fuerza puede mantenerse o aumentar, pero nunca disminuir. Y además, ahora que ya os he mostrado el rostro del enemigo, que ya lo conocéis, no estoy solo en la batalla.

Se acordaron de mí: