Capítulo Nueve

lunes, 18 de mayo de 2009


Desde entonces todo resultó mucho más sencillo. A partir de aquella pequeña aldea, se abrían caminos pedregosos y polvorientos, hechos por la mano del hombre, que comunicaban unos lugares con otros; sólo tenía que seguirlos. Ante mí se anunció todo un mundo diferente y maravilloso.

Decidí guiarme por el imprevisible instinto, como siempre había hecho, y dirigí mis pasos hacia el Este, siguiendo la ruta por donde llegaban y hacia donde se dirigían las pequeñas caravanas de mercaderes que frecuentaban aquellos parajes.

Precisamente a una de ellas me uní, ofreciendo mis anchas espaldas a un humilde comerciante que portaba más carga de la que sus vetustas mulas podían llevar. El camino era placentero y entretenido, al menos para mí, que todo lo contemplaba con ojos fascinados. Me parecía increíble; el que otrora fuera un poderoso guerrero temido y odiado por todos sus rivales, convertido en un insignificante muchacho ignorante y torpe en todas las cuestiones que realmente importaban en este otro mundo para sobrevivir.

Todo aquello me resultaba nuevo y desconocido, así que no dejaba de sorprenderme hasta de las más intrascendentes incidencias que se presentaban durante nuestra marcha. La novedad siempre coloca a nuestro espíritu en ese estado de zozobra y agitación más propio de un crío durante sus juegos. Y realmente así era, ya que advertí que al resto de mis acompañantes tan sólo les divertía mi infantil comportamiento ante las diversas circunstancias que para ellos sólo suponían mera rutina, como el hecho de que alguna de las bestias de carga se cansase de ejercer su penoso trabajo y decidiese tumbarse al sol, o las precauciones que algunos mercaderes tomaban para evitar el ataque de las fieras durante la oscuridad de la noche. Debo decir, sin temor a errar, que durante aquel tiempo de peregrinaje no dejé un solo día sin aprender infinidad de cosas desconocidas por mí hasta entonces, a cada cual más interesante y útil para esta nueva vida que me esperaba.

Para mí resultaba algo completamente novedoso el intercambio de enseres, bienes y alimentos entre personas con el sano objetivo de la satisfacción mutua. En mi extinta tierra, todo lo necesario nos era suministrado por nuestros mandatarios, y cuando alguien necesitaba o se le antojaba algo extraordinario, simplemente lo tomaba por la fuerza, siempre que el poseedor fuese más débil, claro está. O más sorprendente me pareció incluso cuando ese intercambio se producía por lo que llamaban dinero, algo de lo que yo nunca antes había oído hablar y que no era otra cosa más que pequeñas piezas cilíndricas de metales preciosos, como el oro o la plata, a las que llamaban monedas. El uso correcto del dinero ha sido de las cosas más complejas que jamás he tenido que aprender, debido a la gran diversidad de monedas diferentes que existían, cada una de ellas con su propio valor. Además, los buenos mercaderes debían conocer bien las monedas de todos los países y regiones cercanas, ya que cada uno de ellos tenía la costumbre de fabricar su propio dinero, dificultando aún más su aprendizaje y manejo. Pero debo reconocer que el dominio de este arte supuso para mí una gran ventaja en adelante, y que gracias a ello he podido desenvolverme con mayor facilidad por las innumerables tierras que mis pies han pisado hasta el día de hoy.

Shafar era el extraño nombre de aquel mercader humilde que tuvo a bien acogerme como aprendiz; por más lustros que enturbien mi avejentada memoria, nunca lo olvidaré. Él me enseñó todo lo que debía saberse sobre el intrincado oficio de las transacciones de mercancías con otros semejantes, algo que siempre le agradeceré. Yo a cambio, como ya he dicho, le ayudaba durante las largas travesías con el transporte de sus mercancías. Durante estas marchas por caminos polvorientos entre poblaciones, manteníamos entretenidas conversaciones, en las que siempre se mostraba divertido y se burlaba de mí cuando le contaba sucesos sobre mi antigua vida como soldado; algo me dice que no me creía del todo, de manera que yo tampoco solía extenderme mucho con mis relatos, optando mejor por escuchar con atención todo lo que salía por su boca.

Así fue como me enteré de los escasos conocimientos que yo poseía sobre las complejas relaciones con otros seres humanos y, al mismo tiempo, su incredulidad también me mostró la dificultad que tenemos los seres humanos para comprender otras realidades distintas a las vividas y experimentadas por uno mismo. Cada cual siempre tiende a pensar que su modo de vivir y de ver el mundo es el único que existe, e incluso, en algunos casos, la mejor forma por la que se puede pasar por esta oscura vida que todos atravesamos. Mi larga experiencia me ha enseñado que éste es un error habitual que se enquista en el entendimiento de todo aquel ser humano que lleva una existencia monótona , y que nada dista más de la realidad, ya que el mundo posee una complejidad enorme; tanto es así que ni en cien veces cien generaciones podrían llegar a conocerse todas y cada una de las diversas maneras que existen de traspasar el umbral de la muerte, que, a la postre, es el destino de toda vida.

Shafar, en cambio, nunca fue reticente a la hora de exponerme con claridad todos los entresijos que su mundo podía ocultar para un muchacho novato y recién llegado como yo, y deseoso por aprender todo lo necesario para sobrevivir sin ayuda. También fue él el artífice de mi primer acercamiento al prodigioso e inabarcable arte de los símbolos escritos, que, junto con el conocimiento de las monedas, fueron las habilidades que mayor rentabilidad me han aportado hasta el día de hoy. De hecho, gracias a ello, actualmente puedo permitirme el lujo de relatar mis penosas memorias a todo aquel al que pueda interesar y ayudar, aunque sin ánimo de crear doctrina. Si algo se deduce de todo lo escrito, es que el tiempo sólo me ha bendecido con el conocimiento de una sola de sus realidades, y es aquella que reafirma mi inseguridad ante todo lo visto, oído, leído, recordado y soñado. De ahí que, si en algún momento venidero estas letras son descifradas por alguna mente curiosa e inquieta por saber, debería antes convencerse de que para aprender no basta con conocer experiencias ajenas o distintas realidades de las vividas, ni siquiera basta con sufrir las consecuencias de los errores cometidos, como tantos otros nos tratan de hacer comprender. Sino que para aprender es además necesario dejar transcurrir el tiempo debido, y al no conocer nunca cual debe ser éste con exactitud, siempre tendremos la incertidumbre sobre la certeza o falsedad de lo aprendido.

Pero como digo, mi pobre patrón sólo pudo tener a bien acercarme débilmente a esta novedosa y sorprendente ciencia sobre los signos escritos, a pesar de que fueron ellos, los comerciantes de este mundo, los precursores de tan admirable técnica para la comunicación entre humanos. Tan grande y poderoso hacía su dominio, que pronto las clases soberanas de sacerdotes y reyes se hicieron con la exclusividad de su estudio y transmisión, dejando para el resto lo justo y necesario para el desempeño de sus funciones, como era el caso de los mercaderes, que utilizaban sólo algunos de estos símbolos para señalar el contenido de los recipientes donde guardaban sus productos, o para firmar las transacciones que hacían, a fin de poder reclamar lo que les pertenecía ante la autoridad.

Claro que esta exigua instrucción fue más que suficiente para despertar en mi espíritu una profunda curiosidad sobre lo que entonces yo creía que sería una de las herramientas más poderosas jamás usadas por la humanidad. De inmediato creí comprender el alcance que podría tener en generaciones venideras el poder disponer de todo el conocimiento y la información acumulados por generaciones y generaciones de antepasados; cuántos errores se podrían evitar... Pero como ya he dejado entrever anteriormente, estas pretensiones mías no fueron más que otra de mis ilusiones de juventud, ya que el temido tiempo me ha vuelto a demostrar lo engañoso que resulta enseñar nada de lo que no se está seguro, o lo difícil que viene a ser que nadie aprenda por experiencias pasadas y ajenas, aún creyendo en sus ventajas. Tanto es así, que a fecha de hoy, no estoy nada convencido de que nada de lo escrito hasta el momento, por mí o por otros más versados y eruditos que yo, pudiera resultar de ninguna utilidad en el devenir de acontecimientos por llegar, ya que nada hace suponer que el futuro diste en algo de lo ya pasado y acontecido.

E incluso yo iría aún más lejos y me atrevería a insinuar sobre la posibilidad de que esta ciencia inconmensurable sea capaz de hacer retroceder a la humanidad en su progreso y desarrollo, dado la facilidad con que el lenguaje es manipulado y tergiversado en beneficio de unos cuantos, como largamente se ha venido demostrando en el transcurrir de los años, algo que tampoco tiene apariencia de cambiar en tiempos venideros.

De nuevo vuelvo a divagar sobre cuestiones que bien poco importarán al resuelto o aburrido lector de estas mis memorias; otra prueba más de cuán absurdas y vacías pueden llegar a ser las palabras escritas. Casi tanto como las pronunciadas, pero con el peligro de que estas rúbricas no volarán al viento, sino que podrán perdurar en el tiempo escapando con sigilo de las redes del olvido. Aunque me parece que estoy siendo demasiado presuntuoso, conociendo como conozco la facilidad con que el imparable transcurrir entre la luz y la oscuridad puede dañar a la efímera obra del hombre, hasta convertirla en polvo y ceniza, con lo que a la postre, absolutamente todo terminará siendo arrastrado sin remedio por el viento insondable.

Así que continuemos antes de que esto ocurra.


24 Consejos, saludos, propuestas...:

genialsiempre dijo...

Ya hemos maleado al protagonista on el uso del dinero, menos mal que a cambio le inicias en la escritura, pero está bien, sus conocimientos se compensan con algo útil y algo perjudicial. Veremos que pasa en el futuro porque lo que nos está resultando es un filósofo de tomo y lomo.

José María

Noelplebeyo dijo...

Esta parte me resulta cervantina

Cecy dijo...

Hoy el Guerrero nos ha dejado una gran reflexion sobre la inmensidad del mundo y que poco uno puede llegar a conocer, que si las experiencias vividas podrian ser trasladadas a las generaciones venideras cuantos errores se evitarian.
Llevado a nuestra realidad creo que todos queremos lo mismo, pero tambien es cierto que eso se aprende andando por mas que nos cuenten, o busquemos en la historia, ese quizas sea el sufrimiento que se va pagando a traves de la vida.

Sospecho que es asi. Quizas me fui de tema.

Me encanta tu escrito Pedro.
Que tengas una linda semana.
Besos.

Cornelivs dijo...

Sabes que me tienes enganchado Pedro.

Maravilloso.

Un abrazo...!

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Pues yo creo que el uso del dinero viene a jugar un papel importantísimo en el desarrollo de la humanidad. Me gusto eso de tantas monedas de diferentes países, cuan difícil debió ser el uso de monedas y me trajo a mi memoria la globalización de las economías del mundo, con tanto flujo de mercaderías transportándose de un lado hacia otro.

Esas rutas fueron muy difíciles, transportando mercaderías sobre el lomo de los camellos, era jugarse la vida para comerciar, y con la aparición de la escritura fue toda una revolución que cambio el mundo antiguo.

Muy bello relato, lleno de aventuras y de momentos históricos para un joven que apenas empezaba a ver lo grandioso del mundo antiguo.
Saludos

Marinel dijo...

De lo que no cabe duda, es de que el ser soldado, no era sinónimo de cultura...
En realidad,cuán poco sabía fuera de lo estrictamente necesario para batallar.
De ahí la fascinación que siente con todo lo relacionado con aprender.
Este mercader le enseña grandes e importantes cosas, pero su mente es clara,limpia y asimila todo con ansia infntil y un discernimiento muy inteligente,que le hace comprender que no todo es lo que reluce y que al fin, todo puede ser nada...
Seguimos en la brecha...
Un beso grande.

Dani7 dijo...

Me parecen muy interesantes tus reflexiones. Me sigue gustando mucho tu relato.

tia elsa dijo...

Muy sabias las refleciones del guerrero, sin duda un hombre inteligente puesto que saca provecho de los conocimientos de otros hombres y de su propia experiencia, Besos tía Elsa.

Natacha dijo...

La verdad es que cuando uno se mueve en un entorno extremo, lo demás parece irreal o lejano.
Me gusta que este guerrero se humanice un poco, falta le hace...
Besos, corazón
Natacha.

Emma dijo...

Lo mejor que tiene tu guerrero es que está abierto a todo lo que se le presenta. Es como un niño absorbiendo y aprendiendo con todo aquello nuevo que descubre. Con este ánimo seguro que encuentra su sitio. Besos Pedro.

Gracias por estar conmigo siempre. Todo lo que recibo tuyo va acorde con lo que vivo en ese preciso momento, no sabes cuando me emocionas... :)

Silvia dijo...

qué tal?me atrapa tu historia...ese guerrero que no se entrega y sabe aprender de todo y de todos..yaún intenta seguir..sigue siendo muy valiente...y además sabe reconocer defectos de su vida anterior..es casi perfecto..
gracias Pedro por compartir!
abrazotes!!!
silvia cloud

Alejandro Kreiner dijo...

Antiguamente el valor lo tenían las monedas en si. Ahora el valor lo tienen unas cifras escritas en un papel... el dinero ha cambiado mucho.

Saludos.

Shingen dijo...

Ojalá cambie en tiempos venideros, aunque la esperanza es poca. El Valor ya no está ligado al Honor y la Lealtad es algo interior, que muere y desaparece en la propia evolución.

Interesantes reflexiones las que narras, te está quedando una obra magnífica y de mucho valor filosófico... Te sigo.

Un abrazo Pedro

Cecilia dijo...

Excelente relato, que va creciendo capítulo a capítulo en la intensidad de tus letras. Un placer leerte!

Runas dijo...

Noveno capitulo y sigo enganchada a las fabulosas memorias de nuestro guerrero. Como siempre me ha encantado esta nueva entrega. Un beso

Gizela dijo...

La historia sigue muy interesante, pero estas divagaciones, como las llamas tú, me gustan mucho.
Las experiencias sí sirven a otros, creo.Y vuelvo a llegar a tu conclusión jajaja.
Nunca estamos seguros de nada en la vida.Esa es la dosis de desasosiego que nos mantiene alertas
Claro a excepción de que algún día moriremos.
Un abrazote, hasta la próxima entrega
Gizz

Cemanaca dijo...

trozos de vida envueltos en grandes historias llenas de sencillez y con el plus de la moraleja.
Tu imaginación es un gran y maravilloso don!

Saludos conversos.

El que corre con lobos dijo...

El Maestro Swodulami nos había hecho preparar un alojamiento, en su pabellón personal. Nos dijo que deseaba tenernos a los dos cerca durante nuestra permanencia en la fortaleza, así tendríamos mas tiempo para charlar.
Aunque los Magos Din Aynn no solían vivir rodeados de grande lujos, tenían la capacidad de embellecer las cosas simples y basicas. Nuestro aposento se abría sobre una gran terraza cuyas columnas estaban forradas por hiedras tropicales. Sus flores desprendían un sutil aroma refrescante propicios al sosiego.
Ante de despedirse el Maestro nos indico donde encontrar todo y en no dudar en llamar a su ayudante de cámara, si necesitáramos cualquier cosa.
Tanto Iyankapi Sumani como yo estamos deseosos de quitarnos el polvo y el sudor acumulados durante el viaje.
Nos desnudamos y fuimos a asearnos bajo una pequeña cascada de agua tibia, que bajaba por un abertura en un techo de la terraza.
Al observar a Iyankapi Sumani, me fije que su musculatura se había desarrollado mas desde el día en que se enfrento a la Madre de todos los Dioses Obscuros para luego desvanecerse aprisionado entre los brazos de esta.
Aun no había tenido la ocasión de expresarle mi agradecimiento por haberme salvado la vida aquel día. Es un deber imprescindible, en el Código del Guerrero Mhoo, tratar todo lo posible para salvar la vida del compañero que lucha a tu lado y este acto no genera deuda alguna, ni siquiera el agradecerlo.
Sin embargo para mi, Iyankapi Sumani, era mucho mas que un compañero de batalla.
Mas abajo, en la zona ajardinada de la terraza, la corriente de agua se arremolinaba en una balsa, entre juncos y plantas de largas hojas. Nos dirigimos hacia allí, para sentarnos en la orilla y quedarnos a charlar.
Yo tenia una pregunta que no podía reprimir por mas tiempo:
"- ¿Donde estuviste Iyankapi, durante todo este tiempo?"
En seguida me di cuenta de lo absurdo de esa pregunta. Lo mas probable es que no lo recordara, ya que solamente los Magos de Shaiman tenia la facultad de volver de otros mundos con la plena consciencia de sus hazañas. Iyankapi Sumani, me miro a los ojos como si en ellos buscara la respuesta. Luego sonriente me confeso:
"- Ahora mismo no lo sé muy bien, lo que si tengo es la percepción de que allí donde permanecí, tuve unos extraños sueños donde tu Kaltar aparecías."
"- En estos últimos ciclos lunares, no ha pasado un día en que te echara de menos. Yo también soñaba contigo."
La mirada de Iyankapi Sumani se perdió en las ondulaciones del agua jugando con los reflejos del sol. Saco sus pies del embalse y se estiro sobre la hierba y concluyo:
"- Pienso que seria mas acertado que hablemos de esto cuando halla regresado el Maestro Swodulami."
Me tendí a su lado con la cabeza apoyada en el puño. Iyankapi tatareaba una vieja canción de cuna. Nos miramos y nos reímos, pues esa era la nana que me cantaba mi madre y que yo le enseñe en nuestra primera noche de campamento juntos.
-" Tienes razón esperemos al Maestro, como Mago de Shaiman, quizás pueda ayudarte en recordar. Ahorra durmamos un poco."
Antes de cerrar los ojos, le susure:
"- Gracias Iyankapi por salvarme la vida."
No contesto, el guerrero ya dormía con el rostro apacible de un niño.

El que corre con lobos dijo...

Perdón, se me olvidaba despedirme.
Un abrazo Pedro y un saludo a todos.

Graciela dijo...

Mi Pedro te estaba extrañando!!!, tu relato se produjo justo el mismo día que mi chica: la CPU se descompuso, por ahora, está gozando de una salud inquebrantable jajaja.

"Cada cual siempre tiende a pensar que su modo de vivir y de ver el mundo es el único que existe, e incluso, en algunos casos, la mejor forma por la que se puede pasar por esta oscura vida que todos atravesamos. Mi larga experiencia me ha enseñado que éste es un error habitual que se enquista en el entendimiento de todo aquel ser humano que lleva una existencia monótona , y que nada dista más de la realidad, ya que el mundo posee una complejidad enorme"
...indudablemente es un guerrero que está aprendiendo mucho...ese párrafo me ha encantado!!!
Sigo esperando una lucecita, algo que me indique que caerá rendido en los brazos de una mujer...besitos a los dos, un finde precioso!!!

salvadorpliego dijo...

Después de leer este capítulo sería interesante leer los secretos aprendidos… Un verdadero gusto leerte. Saludos.

Begoña dijo...

De guerrero a mercader, de mercader a lo erudito...Pues sí que va aprendiendo este joven, sí.
A ver dónde nos lleva...

Anónimo dijo...

camino, precariedad, descansar, guías espirituales y otros fetiches del alma... Pero lo único que me pone es la foto que me ha llevado a tu espacio buscando en gougle imágenes la palabra ceguera...placervsdolor@hotamil.com

Blogger dijo...

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Se acordaron de mí: