El pez que quiso volar

lunes, 19 de noviembre de 2007

Extracto de mi libro "El renacer de la humanidad"
– Bien, el cuento se llama “El pez que quiso volar” –empezó a relatar Elena–, y trata sobre un pececito que desde muy pequeño, veía a través del agua a los pájaros volar muy alto y perderse en la inmensidad del cielo. Él los envidiaba y se preguntaba por qué no podría él también volar en vez de verse obligado todo el día a nadar y nadar sin poder salir del agua, cosa que le aburría mucho.
» Así que un buen día decidió que aprendería a volar; si los pájaros lo hacían, por qué no iba a poder hacerlo él que era más pequeño y pesaba menos. Desde ese día su único empeño era volar; se pasaba todo el tiempo dando pequeños saltos fuera del agua al mismo tiempo que agitaba sus pequeñas aletas con todas sus fuerzas. Los demás peces se apartaban de él porque lo veían como a un bicho raro así que nuestro pequeño pez estaba siempre solo; pero eso no le importaba, estaba demasiado ocupado en aprender a volar y no tenía tiempo para jugar con sus compañeros.
» Pasaron muchos años y el pececito se convirtió en un pez adulto, y seguía en su empeño de aprender a volar. Cada vez conseguía dar saltos más grandes fuera del agua y eso le motivaba aún más.
» Hasta que un buen día se produjo el milagro; saltó fuera del agua agitando sus aletas y se elevó por el aire cada vez más y más alto. ¡Estaba volando! No lo podía creer. En ese momento era la criatura más feliz de todo el universo.
» Quiso que los demás peces lo viesen para que se alegrasen con él, pero lo único que consiguió es que volviesen a rechazarlo y se alejasen aún más diciendo “qué se habrá creído ése; pensará que es mejor que nosotros porque sabe volar. A dónde querrá ir”.
» Entonces vio un grupo de pájaros volando a lo lejos y pensó “ahora esos serán mis nuevos amigos; ellos me comprenderán”. Pero de nuevo se equivocó; cuando los pájaros le vieron venir, al no conocerlo, creyeron que podría ser una amenaza para ellos y huyeron a toda prisa. De nuevo se quedó solo.
» Al poco rato vio como se acercaba un gran pájaro y se alegró mucho de que alguien se le acercara por fin para ser su amigo. Como aquel medio era nuevo para él, no conocía los peligros que entrañaba ya que nadie se los había enseñado y no podía saber que aquel pájaro era en realidad un depredador, y cuando éste lo alcanzó, lo mató y se lo comió.
» El pececito se había pasado toda su vida solo, intentando hacer algo para lo que no había nacido. Al final lo logró, consiguió algo que nunca jamás nadie había conseguido antes, la gran proeza de que un pez volara. Pero en vez de alabanzas y reconocimiento, lo único que provocó su éxito fueron envidias, miedo, soledad y, por último, la muerte; todo por no conformarse con ser un pez como los demás.
» Si le mereció la pena o no todo ese sacrificio por conseguir su sueño, es algo que deberás de reflexionar tú solita. Hasta mañana cielo, que duermas bien.

11 Consejos, saludos, propuestas...:

Evan dijo...

Creo que vale la pena luchar por los sueños, pero no a costa de todo, la soledad en este caso...

En ese caso no sirvió, porque no tuvo con quien disfrutar su proeza...

Saludos Pedro, buenos días :)

Tosino de Sielo dijo...

Hola Perico, tu cuento es digno d elos de Alan Poe, mu fuehte, descorasonador. Lo sierto eh que ese pes ehtaba un poco tocao del "ala" pero loz sueños si no zon tan irreales ziempre merezen la pena amigo. No le cuenteh ezo a ningún niño anteh de dormí, por fa.
bezos pa tí.

mpiryko dijo...

Bueno, ese lo comió un albatros, pero si no hubiese salido del mar ningún pez, hoy, no existiría la humanidad.

Hay que luchar por los sueños, a costa de todo. Tu, tal vez, nunca llegues a saber porqué, pero los límites están para superarlos.

¡No hay cambio pequeño!Cualquier cambio llega después de muchos fracasos y sólo por eso estamos hoy y ahora aquí.

¡Salud!

Luis Miguel dijo...

Un saludo a todos de todo corazón. Gracias Pedro por este cuento tan revelador. Diría que ir en busca de los sueños compensa siempre más que pasar la vida disfrutando de una eterna y segura, pero aburrida, "tarde de domingo". Quizá el pececito voló sólo unos minutos, pero compensaron, sin duda, al resto de su vida.
Tenemos cierta tendencia al "borregismo" y a pensar: "era mejor haberse quedado en el agua con los demás, ¿ves? Salió y se lo comieron".
Pero mismo así, desde este momento, empezaré a practicar y a batir mis aletas con fuerza. Eso sí, después de echar un buen vistazo al cielo por si las moscas. Soñador sí, pero no tonto.
Gracias a todos, soñadores y domingueros, por estar ahí fuera.

Morgana dijo...

No sé si le mereció la pena o no. Desde luego, yo creo que vale la pena luchar por los propios sueños; no hacerlo equivale una muerte para el espíritu. Así que yo sería como ese pececito. Si volar no era lo que lo tenía predestinado según su genética, al menos fue feliz por intentarlo.
Un abrazo

TyR dijo...

No es tan importante el llegar como el caminar, igual que no nacemos para morir, sino para vivir. Cada uno es libre de decidir allá donde quiere llegar, y a lo largo de la vida me parece que lo que más puede llegar a lamentar uno, no es de aquello que hizo, sino de lo que pudo hacer y no hizo.

Yo, quizás también sería como ese pececito, ya que al menos durante el camino de su vida disfrutó con aquello que él sentía que era correcto, con aquello que le aportaba. Aunque las consecuencias, como bien muestras en el cuento, siempre están ahí, no debemos olvidarlas.

Un abrazo.

Palomas dijo...

Hola amigo, estoy pensando...hummm, hummm...yo me quedo como pez. Pero en la vida he saltado sin red en varias oportunidades...hummm, hummm, Pedro!!!, hago lo del pez. Abrazos y hasta cada momento.

Navi dijo...

Por supuesto que valio la pena, defender y perseguir los sueños, es a ultima estancia la mas grande realizacion de cualquiera, a pesar de haber quedado es el precio que tienen que pagar todos los grandes, ademas basta con que uno ponga el ejemplo, para que los demas lo sigan, un saludo.

** MARÍA ** dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
** MARÍA ** dijo...

Estoy segura que le valió la pena. Él apostó por un precioso y bello sueño, mientras duró la apuesta vivió intensamente y hacieno lo que realmente le gustaba, y llamaba la atención, superándose día a día para llegar a conseguirlo, Fue felíz mientras duró y fue feliz cuando lo consiguió. Qué más podía pedir?

Me gustó mucho tu historia, amigo.

Besos tiernos y serenos,


** MARÍA **

Adriana Lima dijo...

El pez se enamoró del viento, moría por probar aquello que le dijeron no podía alcanzar, en el camino aprendió a comprender el confort de una vida resignada a aceptar las limitaciones y por lo tanto a llevar con humildad la etiqueta de “soberbio” que le habían impuesto, pero él no sabía lo que significaba conformarse, la vida es solo una y el mundo tan pequeño, quería recorrer caminos desconocidos y el rato en el que fue la criatura más feliz del universo no pudo ser mejor recompensa. La envidia de los demás era problema solo de ellos y aunque no nació para volar dejo una huella tan profunda que hasta en un libro está contada su historia...

Se acordaron de mí: